menu
search
Policiales Rosario | Extorsión |

Cuando la violencia empuja a los rosarinos a irse de la ciudad ante el temor al mensaje "plata o plomo"

El clima de violencia permanente y el crecimiento de las extorsiones no sólo provoca que mucha gente tenga que pagar a los narcos para poder mantener su empresa o negocio sino que muchos deciden abandonar la ciudad hartos de la mafia.

“Escuchame una cosa. Te la hago corta porque estoy llamando desde Piñero (la cárcel). Primero tendría que cagarte a tiros tu casa. Pero antes prefiero hablarte. Me tenés que pagar 250.000 pesos por semana. Te doy dos días. Si no pagás disparo primero contra tu casa y después mato a tu familia. Sé que tu suegra lleva los chicos a la escuela…”

La víctima es un empresario del rubro de la construcción. Vende materiales en el macrocentro de Rosario. Pagó la extorsión durante tres semanas a un chico de unos 13 o 14 años que pasaba en una moto a buscar la bolsa con la plata en efectivo. Después no aguantó más y decidió vender de urgencia el negocio a un precio casi regalado a un amigo del rubro y desapareció. Se fue con toda su familia a la provincia de Córdoba.

Este caso se repite todo el tiempo en Rosario. El fenómeno del terror que generan los narcos desde las cárceles, embarcados en un negocio criminal que es más rentable que el narcomenudeo se alimenta con balas. Si no hay miedo permanente no hay negocio. El terror debe ser creíble y palpable. Nada de metáforas. De cinco extorsiones en tres se paga, dimensiona la fiscal Valeria Haurigot. ¿Quién puede aguantar que a la par de los martirios económicos de la Argentina haya que solventar una especie de impuesto narco?

Por eso, pocos resisten y deciden irse. Aquella frase antológica de Roberto Fontanarrosa de que Rosario era una ciudad cómoda para vivir, por sus dimensiones amoldadas una escala humana –en contraposición con Buenos Aires- se resquebrajó.

ataque a concesionaria rosario video.mp4

En 2018, cuando arrancó de forma aislada el problema de las extorsiones, las víctimas de este estilo violento de chantaje eran personajes ligados de alguna manera al mundo criminal. Con el correr del tiempo, y al descubrir que el negocio era sencillo y rentable avanzó y se transformó en un virus, que hoy irradia por fuera del cerco de la geografía criminal.

Rosario se convirtió en una ciudad áspera, donde el término porvenir aparece perforado por la crisis que excede los problemas de la Argentina, que ya son muchos y permanentes. Como señaló el filósofo alemán Peter Sloterdijk aparece un peligro sin dimensiones claras, cuando las nuevas generaciones perciben que van a vivir mucho peor que sus padres. No está claro ese malestar hacia dónde disparará, pero está enfrente.

En esta ciudad a esa parva de inseguridades económicas y políticas se suma el miedo que empezó a moldear el futuro: irse. Nadie se hubiera imaginado hace 10 años atrás que alguien pensara abandonar la ciudad por el terror que supura de la violencia narco y frente a un Estado que parece inerte, vencido y hasta indiferente. Hace una década cuando comenzó esta cruda historia ligada a la violencia desde el gobierno se argumentaba que Rosario estaba estigmatizada. Lo decía un gobernador como Antonio Bonfatti que sufrió en carne propia las consecuencias de la mafia.

Después de que balearan a fines de julio la empresa La Virginia, miembros de la familia fundadora de la fábrica decidieron salir del país. La compañía, marcada históricamente por el bajo perfil de sus propietarios, fue blanco de aprietas de un sector del gremio de Camioneros y luego la planta fue baleada. La fiscalía de Rosario detuvo a 19 personas ligadas al sindicato. Pero el balazo que rompió una abertura de la fábrica sembró el pánico. Podía ser el principio de algo más pesado. La causa de la balacera está como comenzó, sin ningún acusado pero ni siquiera sin una pista firme.

balacera en la virginia 1.jpg
Por la balacera, policías custodiaron la empresa por unas horas.

Por la balacera, policías custodiaron la empresa por unas horas.

“Escucho a colegas y amigos todos los días tomar la decisión de, por ejemplo, irse de la ciudad”, dijo Jorge Bitar, director del Hospital de Emergencias Clemente Álvarez. El médico está en el frente de una batalla cotidiana, muchas veces poco visible, que es dirigir un hospital que recibe heridos y muertos por las balas todo el tiempo.

“Nos pasa lo mismo que a todos, y capaz que más porque no es que uno puede apagar el noticiero, si es que toma la decisión de no ver eso. En nuestras casas se habla todo el tiempo de si llegó o no el helicóptero o con cuántos orificios de entrada ingresó un paciente. Es algo todos los días hablar de esto”, advirtió el médico.

La decisión extrema de irse de la ciudad empieza a cuadrar como una salida, ante la sensación no de inseguridad, como se hablaba hace una década atrás, sino de impotencia y de resignación. Falta de porvenir. María, de 22 años, regresó de Barcelona hace dos meses con su pareja y su beba de menos de un año. Su plan era volver a vivir en la ciudad para que su hija pueda crecer en el lugar donde nacieron sus padres y están sus abuelos. Decidió volver a España. “La asustó el nivel de violencia y de inseguridad”, contó su padre. En su barrio balearon la casa de un vecino y le dejaron la nota ya convertida en un clásico de la extorsión: “plata o plomo”.

El origen de esta modalidad nació a partir de fines de mayo de 2018 cuando la banda de Los Monos comenzó a disparar contra los domicilios de jueces y edificios judiciales, en venganza porque al líder de la banda lo habían trasladado de la cárcel de Piñero a la Unidad Penal Federal Nº7 de Resistencia, Chaco. En esa prisión perdía por un tiempo los contactos con los miembros de su banda y por lo tanto mucho dinero. Ahora está alojado en el penal de Marcos Paz, donde por lo que se detectó en una causa de sicariato sigue dando órdenes.

Guille Cantero Juicio.jpg
Guille Cantero, actualmente purga una condena por 62 años de prisión.

Guille Cantero, actualmente purga una condena por 62 años de prisión.

En el lapso de un año y medio se repitieron unos 20 ataques, que tuvieron como blanco también edificios estatales, como el Centro de Justicia Penal, la sede de la Fiscalía de Rosario y el Concejo Municipal. En cada episodio aparecía un cartel que decía: “Con la mafia no se jode”.

Ese sello lo empezaron a usar otros grupos criminales, que pretendían mostrar con los escritos que eran tan poderosos como Los Monos, que lograron construir en base a sangre y muerte un sello de la mafia narco.

El 22 de mayo del año pasado, un gendarme que presta servicios en Rosario fue blanco de este tipo de extorsiones. Buscaban que este efectivo dejara su casa a los narcos. Ese día el pasillo de su casa en Garay al 1200 fue atacado a balazos. Al día siguiente una vecina le entregó una nota que habían dejado los atacantes. “Dejen la casa en 24 horas o si no mucho plomo. Atte la mafia”, decía el mensaje que dejaron en la puerta junto a una bala calibre 45, en el que figuraba un número de teléfono al que el gendarme se debía comunicar para negociar la entrega del dinero al narco.

Ese número pertenece a un celular que se activaba en la cárcel de Piñero -de forma irregular- Luciano Bogado, un hombre que está condenado a 18 años de prisión por un homicidio. Según la investigación judicial, Bogado se dedica a coordinar desde el interior de la cárcel de Piñero balaceras, usurpaciones de casas y hasta homicidios con la ayuda externa de otros cómplices. Bogado sería uno de los extorsionadores que deja los carteles amenazantes. En las escuchas de la causa el propio preso señala: “Plata o plomo, soy yo boludo”.

Tras un allanamiento en la cárcel detectaron que Bogado tenía un plan para fugarse durante su casamiento que se iba a concretar el miércoles pasado. Este hombre había pedido permiso a la justicia y en la cárcel para contraer matrimonio con María del Rosario Castello.

El plan era escapar tras la boda. Eso le trajo problemas con su futura esposa, que se negaba a esa maniobra, que finalmente no se concretó porque se aceleraron los allanamientos en el pabellón Nº6 de la cárcel de Piñero.

Este nuevo escenario criminal, con las extorsiones y balaceras como salida económica de los narcos provocó un incremento de los heridos de bala. Porque los disparos que se hacen casi siempre desde una moto provocan, muchas veces, heridas en personas ajenas a estas intimidaciones.

Esta mecánica mafiosa en expansión, que parece no tener freno por el crecimiento de los casos, derivó en que no sólo se creara una unidad especializada en la Fiscalía de Rosario sino también en la Policía. En mayo pasado comenzó a funcionar la Unidad Especial de Extorsiones, Amenazas y Balaceras, compuesta por 25 efectivos de la Agencia de Investigación Criminal.