Cielos blancos: en ocho días las fuerzas federales secuestraron más de 800 kilos de cocaína que provenía de Bolivia
El martes se incautaron más de 300 kilos de droga en una avioneta que aterrizó cerca de Villa Eloísa. Un gendarme resultó herido al ser atropellado por los narcos, mientras huían.
En ocho días las fuerzas federales secuestraron en Santa Fe más de 800 kilos de cocaína que provenían de Bolivia. El último capítulo se produjo este martes en Villa Eloísa, en el sur de la provincia, donde Gendarmería secuestró un cargamento de más de 300 kilos en un avioneta que provenía de Santa Cruz de la Sierra y después se produjo una persecución que terminó con un gendarme herido, que fue atropellado por los narcos, y dos detenidos, el piloto y su acompañante, ambos de origen boliviano.
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Una situación parecida ocurrió el lunes de la semana pasada en Vera, en el norte de Santa Fe, donde la Policía Federal incautó un cargamento de 422 kilos de cocaína y detuvo a ocho personas, entre ellos, dos ciudadanos bolivianos. Este martes, fueron detenidas dos mujeres oriundas de ese país en un ómnibus, donde trasladaban 20 kilos de pasta base y 67 kilos de cocaína.
Desde hacía varios días un grupo de gendarmes esperaba el aterrizaje de una avioneta cargada de cocaína. Los agentes estaban desperdigados por una zona rural cercana a Villa Eloísa, un pequeño pueblo rural de 3.000 habitantes, enclavado de una zona agropecuaria de altos rindes. La vigilancia de los efectivos federales tenía que ver con una causa que los fiscales de PROCUNAR seguían desde hacía más de seis meses, y tenía que ver con un desprendimiento del clan de Brian Bilbao, un narco rosarino que fue detenido en noviembre pasado en un campo en Pergamino con un cargamento de unos 900 kilos de cocaína.
Este hombre encarna un nuevo esquema o reconversión de los narcos rosarinos, que se encargan de la logística narco con contactos internacionales –la droga proviene de Bolivia y Paraguay-, que otras organizaciones del extranjero sacan por los puertos de Zárate y del Gran Rosario. Hace una semana fue interceptada otra avioneta en Vera, en el norte de Santa Fe, con 422 kilos de cocaína, y aunque la pista provenía de Bolivia, con vinculaciones con el magnate narco Sebastián Marset, también tenía vinculación con Bilbao. Según fuentes oficiales, en lo que va del año se detectaron 179 vuelos irregulares (denominados Tránsito Aéreo Irregular), que no están registrados y no todos son narcos, pero exhibe un espacio aéreo donde es complejo discernir quién lleva una carga de droga o es un fumigador ilegal.
Los gendarmes que estaban apostados en las inmediaciones de Villa Eloísa sabían que estaban detrás de un pez gordo. Suponían que a quienes esperaban no eran improvisados ni tampoco estaban desprovistos de recursos, sino todo lo contrario, incluso, mucho más de los que cuenta esa fuerza.
Durante este martes, los agentes federales detectaron el aterrizaje de una avioneta en un camino rural. Según fuentes de esa fuerza, un grupo se dirigió hacia la zona del descenso de la aeronave, y cuando llegaron se toparon que tres camionetas estaban junto a la avioneta. En uno de los vehículos se subieron el piloto y un acompañante, de origen boliviano ambos, pero dejaron los bultos con cocaína y bidones de combustible en la aeronave. Al ver a los gendarmes prefirieron huir y abandonar la cocaína.
Cuando los narcos se dieron a la fuga en los tres vehículos los gendarmes comenzaron a seguirlos. Se comunicaron con otros efectivos que estaban apostados en la zona para lograr alcanzar a los prófugos. La persecución se dio en los caminos rurales de Villa Eloísa y Bustinza, en el sur de Santa Fe. La persecución fue compleja en medio de rutas vecinales destruidas después de las intensas lluvias de hace un par de semanas y la salida de la cosecha.
En un momento, los narcos dejaron al piloto y su acompañante boliviano, que fueron detenidos por los efectivos. Y también descartaron dos vehículos, uno de los cuales lo prendieron fuego. El momento más crítico de la persecución se dio cuando los criminales embistieron a uno de los gendarmes que trató de detener a los prófugos. Este martes aún no estaba claro cómo se produjo este episodio. Cómo apareció el agente en el medio del camino y cómo fue arrollado por los prófugos. El gendarme quedó herido y estuvo unos minutos inconsciente, según las fuentes de esa fuerza, pero después de ser trasladado a un hospital de Cañada de Gómez su salud mejoró. Le realizaron estudios para evaluar el impacto del golpe, pero su vida no estaba en riesgo.
Durante la tarde Gendarmería montó una serie de operativos en la zona para tratar de atrapar a los prófugos, y al cierre de esta edición estaba previsto que se realizaran una serie de allanamientos en la zona de Roldán, a unos 15 kilómetros de Rosario. Según las fuentes judiciales, los prófugos están identificados.
Este nuevo cargamento interceptado deja al descubierto el crecimiento del volumen de droga que llega al centro del país desde Paraguay y Bolivia. La sospecha de los investigadores judiciales es que estos cargamentos no tienen como destino el consumo doméstico en las principales ciudades del país, sino el contrabando internacional. El destino final de estos volúmenes de droga es Europa, Asia y Oceanía, donde el valor del estupefaciente tiene un valor mucho más elevado. En Australia se llega a pagar un kilo de cocaína 160.000 dólares, cuando se adquiere en Bolivia a 2.000.
El lunes de la semana pasada, la Policía Federal Argentina interceptó una avioneta en un campo en Vera, en el norte de Santa Fe, donde se secuestraron 422 kilos de cocaína. La droga, como en este caso, provenía de Bolivia –uno de los tres países de productores de cocaína junto con Perú y Colombia-, donde la captura del uruguayo Sebastián Marset dejó un vacío de poder que al menos cinco organizaciones criminales internacionales se disputan a balazos, en medio de un clima político de extrema tensión, tras la llegada al poder en noviembre del año pasado de Rodrigo Paz Pereira, que reestableció las relaciones con la DEA en ese país.
El lunes 5 de mayo, a las 9.33, la frase de uno de los operadores interceptados por la PFA —“Ya están, ya vinieron”— activó el final de una investigación que había comenzado varias semanas antes con un dato de la DEA: un número de teléfono argentino, con característica de Videla, en el centro de Santa Fe, al que llamaba desde Bolivia José Pedro Rojas Velasco, alias Pepa. El piloto de rally y de avionetas era, según las fuentes judiciales, “el N°1” de la distribución aérea de cocaína de la organización de Marset. Se presume que había hecho personalmente entre siete y diez viajes a nuestro país.
Pero a Pepa no van a poder preguntarle nada. El 26 de abril, diez días antes de que el Cessna tocara tierra en el establecimiento Don Julio, en el norte de Santa Fe, un sicario colombiano bajó de una camioneta en el parque de asistencia del Rally Sprint Nueva Santa Cruz, en el municipio de Warnes, y le descargó seis balazos mientras esperaba la largada. Pepa tenía 29 años.
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Los fiscales de la Procunar ya tenían a Pepa en el radar. Sospechaban que era el enlace entre el circuito narco boliviano y la banda rosarina de Brian Bilbao, cuya organización reapareció esté martes en este nuevo operativo. Bilbao había construido un aeródromo narco en un lujoso country en Oliveros, a menos de cinco kilómetros de la Termoeléctrica General San Martín, estratégicamente cerca del río Paraná. Los investigadores creen que los cargamentos que traían las avionetas eran “bombardeados” en la zona de las islas, y que la droga estaba destinada al contrabando internacional a través de buques de carga. La caída de Bilbao no desarticuló nada. La red continuó operando bajo la coordinación de Rojas Velasco, quien respondía directamente a Marset.
A la par de estas investigaciones, este martes en un control de Gendarmería en Ceres, en el norte de Santa Fe, se secuestró un cargamento de cocaína y pasta base que llevaban dos mujeres. Al inspeccionar la bodega, los uniformados detectaron que tres cajas de cartón desprendían un fuerte olor a pintura. Al revisarla notaron que no poseían remitente ni destinatario.
Los gendarmes abrieron las cajas, y constataron que en su interior había 20 asaderas negras de chapa enlozada. Sin embargo, debajo del papel de embalaje, los agentes detectaron placas envueltas en papel aluminio (aplastada y escondida) que contenían una sustancia amarilla. Se trataba de 20 kilos de pasta base. Los efectivos decidieron requisar todo el colectivo y detectaron un notorio estado de nerviosismo en una pasajera de nacionalidad boliviana. Luego, los efectivos hallaron 44 paquetes rectangulares envueltos en cinta verde, con 67 kilos de cocaína.







