Este domingo se cumplen dos semanas del tétrico hallazgo en Plaza Escalante del cuerpo desmembrado de Omar Pogliani, el vecino de barrio Fomento 9 de Julio, que fue asesinado en el interior de su casa de 1° de Mayo y cuyo caso tiene como principal sospechosa a quien fue su pareja: Jésica Sosa, una trabajadora sexual de 38 años y la cual permanece detenida con prisión preventiva.
Si bien Sosa se encuentra en el centro de la investigación, hay cierta suspicacia sobre si la mujer actuó sola o contó con la colaboración de otra persona tras el asesinato del hombre de 70 años.
De hecho, durante la audiencia en donde la jueza Celeste Minniti resolvió dejar en prisión preventiva a Sosa, la fiscal del caso, Ana Laura Gioria, admitió que un hombre o dos pudieron haber ayudado a la mujer actualmente detenida.
Tal sospecha surgió a partir de la declaración de algunos testigos que comentaron haber visto el domingo 3 de marzo a Sosa, en horas del mediodía, salir del domicilio junto a un hombre y que ambos subieron muebles y pertenencias a una camioneta.
El dato hizo que la investigación, además de centrarse en la pareja de Pogliani también apunte a quien la ayudó a extraer muebles del interior de la vivienda en donde la víctima fue asesinado.
Si bien hasta el momento la autopsia no logró determinar cuál fue la causa de muerte, se cree que el crimen fue cometido durante la madrugada del jueves 29 de febrero en el interior de la vivienda que alquilaba Pogliani y en la cual también habría vivido Sosa.
Se estima que el homicidio fue tal día a partir de un llamado a la central del 911 por parte de una vecina que escuchó fuertes gritos provenientes de la casa de Pogliani. Sin embargo, cuando agentes de la policía fueron hasta el domicilio y tocaron la puerta, pero como nadie los recibió, se marcharon.
Mediante peritajes, la causa comprobó que el cuerpo de la víctima fue arrastrado desde una habitación hasta el patio y luego colocado sobre unas chapas en donde fue desmembrado y luego calcinado.
Tal incineración, creen los investigadores, se habría dado el viernes por la madrugada (alrededor de las 4), ya que vecinos declararon haber sentido olor a quemado en ese momento del día. “Era como un olor a carne quemada”, supo decir al día siguiente del hecho uno de los vecinos que consultados por el estremecedor caso.
Dos días después, se dio el hallazgo de los restos de Pogliani que fueron descubiertos al lado de un cruce peatonal de la Plaza Escalante por dos vecinas que caminaban por el paseo y al notar el olor putrefacto que emanaba una bolsa llamaron a la policía.
Los caminos de la investigación condujeron a Sosa y un día después, cuando la policía ya la había identificado, fue detenida en la casa de un cliente sobre 1° de Mayo al 3100, en pleno centro de la ciudad de Santa Fe.
A partir de ahí, fue llevada a tribunales, imputada y luego quedó en prisión preventiva. Sin embargo, la sospecha, a dos semanas del crimen, gira en torno a si actuó sola o alguien la ayudó a retirar los muebles de la casa de Pogliani, tal como lo indicaron testigos en la causa.
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