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Masacres escolares dispuestas por la "niñera digital": el pantano narcisista que transforma a los villanos en héroes

EXCLUSIVO DE AIRE | Ante al recrudecimiento de ataques armados en escuelas, un fenómeno global del que no escapa nuestro país, el juez Aldo Alurralde conecta al Homo Videns con las redes sociales y las comunidades de True Crime.

Cuando el politólogo italiano Giovanni Sartori (1924–2017) introdujo el concepto central de su obra homónima, el “Homo Videns”, seguramente no imaginó la masacre de la escuela secundaria de Columbine –Colorado, Estados Unidos [1]– y otras que le sucedieron, desde la ciudad de San Cristóbal, provincia de Santa Fe, hasta la ocurrida días atrás en Turquía [2], pero sí pudo vaticinar lo problemática actual con la que nos enfrentaríamos en este siglo.

Sartori, en su obra principal, sostenía que la televisión [3] y el predominio de la imagen estaban transformando al Homo Sapiens (el hombre que piensa y entiende conceptos abstractos) en un Homo Videns (el hombre que solo mira).

En lo que entiende como una “sociedad teledirigida” advierte la pérdida de la capacidad de abstracción ya que, al privilegiarse la imagen sobre la palabra escrita, el ser humano pierde la habilidad de manejar conceptos abstractos que no pueden ser visualizados, como “libertad”, “justicia” o “derechos”. Para Sartori, el acto de “ver sin entender” reemplaza al pensamiento crítico y la sociedad se vuelve más fácil de manipular al depender de imágenes emocionales en lugar de debates racionales.

En dicho contexto sostiene que los niños que crecen expuestos principalmente a la televisión (video-niño) desarrollan una mente que responde a estímulos visuales, pero que tiene dificultades para el aprendizaje reflexivo y la lectura y ello se debe a que hay un empobrecimiento del entendimiento.

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Aldo Alurralde es abogado, docente y actualmente se desempeña como juez federal en Reconquista.

Aldo Alurralde es abogado, docente y actualmente se desempeña como juez federal en Reconquista.

En la actualidad creemos que el uso abusivo de la televisión es el menor de los peligros para los niños y adolescentes, ya que el acceso irrestricto a las redes sociales permite que se viva la vida para mostrarla ante los demás, no para disfrutarla, ingresando en un pantano narcisista en el cual los villanos se transforman en héroes, y los haters [4] y trolls [5] encuentran en estas redes una herramienta ideal para generar contenidos en masa con el objetivo de desacreditar, injuriar y calumniar a personas e instituciones.

Lo expuesto se agrava debido a que quienes ejercen la responsabilidad parental han incorporado la “niñera digital” en sus vidas diarias. Así, si el niño/a molesta y/o se aburre, un celular, una tablet o permitir que se encierre largas horas en su pieza con la computadora, nos resuelven inmediatamente “el problema”.

Le otorgamos a nuestros hijos una “niñera digital” con amplias facultades de adoctrinamiento, ya no controlamos su uso y mucho menos su contenido, sin pensar que dicha niñera le enseñará violencia, drogas, sexo y todo cuanto quiera consultar su menudo usuario respecto del mundo de los adultos a través de servidores ubicados en países extranjeros y comunidades cerradas y constantemente mutantes para no ser detectadas.

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El tiroteo en la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, donde fue asesinado Ian Cabrera, causó conmoción en la provincia de Santa Fe y en todo el país.

El tiroteo en la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, donde fue asesinado Ian Cabrera, causó conmoción en la provincia de Santa Fe y en todo el país.

Debemos tener en cuenta que las plataformas de uso masivo constituyen el primer y principal espacio de difusión de ese material que referenciamos, asociado a la subcultura. Así, por ejemplo, cuando un menor busca contenido de “crímenes reales” o “porno” (videos, documentales o podcasts legítimos), los algoritmos de recomendación suelen derivar al usuario hacia contenido más extremo, facilitando el paso del Nivel 1 (consumidor pasivo) al Nivel 2 (radicalización) sin que el joven lo note conscientemente. Lo importante es “mantener la atención y por ende conexión” del usuario en las redes.

La situación antedicha constituye la matriz inicial del fenómeno criminal actual advertido por la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) de la Procuración General de la Nación en un informe fechado en abril de 2026 y que lleva por título “Análisis sobre la ideología True Crime Community (TCC)”.

El documento define a la True Crime Community –Comunidad de Crímenes Reales, en castellano– como una subcultura digital descentralizada y trasnacional que opera en las sombras de las plataformas más populares (Facebook, Instagram, etc.) facilitando la circulación de simbología, narrativas y referencias compartidas, todas ellas vinculadas a ataques de violencia extrema, en especial aquellos con autores de tiroteos masivos por parte de niños y adolescentes en establecimientos escolares.

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Dicha comunidad de usuarios no se aglutina en base a una ideología política ni un programa doctrinario sino en una serie de prácticas que ensalzan la violencia como un fin en sí mismo e incluyen la glorificación de los agresores, la estetización de la violencia y la construcción de comunidades digitales orientadas a la discusión y reinterpretación de crímenes famosos.

Cada comunidad no posee una sede ni una dirección postal o página web en particular, ya que funciona en capas, migrando de plataformas masivas (WhatsApp, Facebook, Instagram, X, Tik Tok) en donde se captan a los simpatizantes y se los deriva hacia entornos o plataformas cada vez más cerradas y exclusivas (por ejemplo, Discord [6] o Telegram) que dificulten todo control estatal respecto de su contenido. No obstante, debemos aclarar que el problema no lo constituyen las plataformas en sí sino el acceso irrestricto a las mismas que permiten los padres y el Estado a los menores de edad y por ende su uso indiscriminado.

Volviendo al documento de la Procuración General de la Nación encontramos que distingue cuatro niveles de participación dentro de la TCC (Comunidades de Crímenes Reales) que previamente graficamos:

Nota Alurralde graf 1
  • El primero, el más inocuo y por ende que no generaría mayores inconvenientes, es el del consumidor pasivo: quien ve documentales en Youtube, escucha podcasts de crímenes reales o masacres y analiza casos por curiosidad o interés criminológico o histórico.
  • En el segundo nivel ya se genera un riesgo y se advierte cierto grado de radicalización ya que sus integrantes evidencian una admiración hacia los perpetradores de los crímenes, compartiendo sus manifiestos, imitando su estética e incluso intentando contactarlos. Al mismo tiempo, difunden los videos de los ataques usualmente adicionándoles música y una estética atractiva con la intención de que se viralicen.
  • El tercer nivel que menciona el informe corresponde a las subcomunidades radicalizadas: espacios en plataformas como Discord o Telegram u otras donde el material que se intercambia es extremadamente violento, donde los ataques o atentados son abiertamente celebrados e incluso donde se incentiva a cometer otros y se ‘presiona’ a usuarios para que pasen a la acción.
  • El cuarto nivel, el más peligroso y el que integra “una pequeña minoría”, es aquel donde se planifican los ataques, se publican manifiestos explicando los “motivos” del atentado y se pretende “dejar una huella en la comunidad” [7].

Perfil criminal de los integrantes de las True Crime Community

En cuanto al perfil criminal de los integrantes de estas Comunidades la Procuración General de la Nación analizo ciertas características comunes (patrones) respecto de quienes participan o integran la comunidad estudiada indicando en primer lugar que una proporción significativa corresponde a adolescentes o adultos muy jóvenes siendo el rango etario de 13 a 19/20 años.

Según el informe, en muchos casos se han observado antecedentes de aislamiento social, experiencias de victimización o dificultades notorias para integrarse en su medio y es frecuente ver patrones de consumo cada vez más intensivo de contenido digital.

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Momentos de profunda tristeza se vivieron durante el velorio de Ian Cabrera en San Cristóbal.

Momentos de profunda tristeza se vivieron durante el velorio de Ian Cabrera en San Cristóbal.

Estudios estadísticos realizados arrojan como principales características de los integrantes de la comunidad:

  • a) Misantropía, reflejada comúnmente en un odio profundo hacia la humanidad y la sociedad;
  • b) problemas de salud mental, frecuentemente evidenciados en depresión, baja autoestima e ideación suicida;
  • c) Agravios personales. Muchos mencionan haber sufrido agravios personales como bullying (acoso escolar) y conflictos familiares;
  • d) Consumo de gore. Gran exposición a videos violentos y material gráfico extremo y
  • e) Conexión con otras comunidades extremistas como el neonazismo, aceleracionismo y/o comunidades de memes violentos.

Graficando:

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El consumo “gore” en el contexto de las True Crime Community

Según el diccionario de la lengua española el llamado “consumo de gore” refiere a la exposición deliberada y frecuente a material visual que muestra violencia gráfica extrema, sangre, mutilaciones o muerte de forma cruda y detallada.

En los años 60 y 70, se empezó a llamar “cine gore” a las películas que se centraban obsesivamente en mostrar heridas, mutilaciones y mucha sangre de forma explícita (como las de Herschell Gordon Lewis).

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No obstante, debemos señalar que el gore en el cine no es el mismo que en las Comunidades de Crímenes Verdaderos (TCC) debido a que en primero encontramos efectos especiales, maquillaje, la sangre es falsa y el villano un personaje de ficción creado por el autor (Freddy Krueger, Chucky, Jason, IT el Payaso). En las segundas en cambio el gore es real ya que se glorifica el sufrimiento auténtico de una persona, la muerte es real, no hay efectos especiales y el villano es un perpetrador real (por ejemplo, un tirador escolar).

El consumo excesivo del gore real constituye la puerta de ingreso de los menores a las Comunidades de Crímenes Verdaderos (TCC) ya que se producen efectos de desensibilización reduciendo o eliminando toda respuesta emocional ante el sufrimiento ajeno, normalizando la violencia y bajando las barreras morales hacia la comisión de actos agresivos lo cual muchas veces se asocia el impacto psicológico que produce con el agravamiento de patologías preexistentes de salud mental, como la depresión, la baja autoestima y la ideación suicida.

Como detectar y prevenir el ingreso de los menores a las Comunidades de Crímenes Verdaderos

En el informe de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) de la Procuración General de la Nación que referenciamos con anterioridad se establecen indicadores tempranos de conducta que coinciden con lo que desarrolláramos como pirámide de la radicalización on line o niveles de participación que nos indican que el menor se encuentra dentro de las TCC.

A tal efecto proporciono el siguiente gráfico:

Nota Alurralde graf 3

Siempre siguiendo el informe. el primer indicador temprano no implica riesgo inmediato, pero puede ser una etapa previa o inicial de inmersión para las siguientes.

Así se señalan:

  • a) Consumo intensivo de contenido “True Crime” centrado en perpetradores.
  • b) Seguimiento obsesivo de tiroteos escolares o asesinos seriales.
  • c) Recopilación de material sobre ataques (documentales, archivos, foros).
  • d) Participación en hashtags o etiquetas vinculadas a tiradores.
  • e) Interés en reconstrucciones cronológicas detalladas de ataques.

El segundo nivel de identificación simbólica denota una mayor identificación y vinculo psicológico entre las narrativas violentas y los agresores.

Estas son:

  • a) Referencias positivas a autores de homicidios o ataques masivos.
  • b) Uso de lenguaje de admiración cuando se refiere a los autores (“leyenda, “ícono”, “héroe”).
  • c) Reinterpretación narrativa de los atacantes presentándolos como víctimas o mártires.
  • d) Tributos o compilaciones que estetizan los ataques. El delito comienza a ser objeto de culto.
  • e) Perfiles o avatares inspirados en perpetradores.
  • f) Reproducción de frases o citas atribuidas a los atacantes.

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En el tercer nivel encontramos Indicadores de pertenencia comunitaria o incorporación activa a espacios de interacción en subculturas violentas a través de participación en foros o canales de Comunidades de Crímenes Reales (TCC).

Estos son:

  • a) Uso de lenguaje interno o memes propios.
  • b) Circulación de imágenes icónicas de ataques.
  • c) Intercambio de material gore o archivos de ataques.
  • d) Interacción con otros usuarios que glorifican violencia.

Por último, en el cuarto nivel, se encuentran indicadores de escalada hacia violencia que son señales particularmente relevantes desde la perspectiva de la prevención e intervención de la Justicia penal.

  • a) Fantasías explícitas de perpetrar un ataque.
  • b) Comentarios sobre la notoriedad adquirida por una persona post-ataque.
  • c) Referencias a “superar” lo hecho por perpetradores previos.
  • d) Interés en armas o tácticas.
  • e) Elaboración de listas de objetivos.
  • f) Escritura de manifiestos.
  • g) Mensajes de despedida o testamento digital.

¿Qué debemos hacer los adultos en los casos de tercer y cuarto nivel?

En las tareas de prevención debemos tener en cuenta que no estamos frente a casos (con investigación del autor, medios comisivos y víctima, entre otros) sino de patrones que nos permiten identificar las comunidades de crímenes reales y abordarlas tempranamente a través de la investigación y la prevención.

Para ello encontramos diversos canales de denuncias locales on line, telefónicas o en el Centro Territoriales de Denuncias y/o Ministerio Publico de la Acusación o Ministerio de Seguridad de Santa Fe o de la Nación, entre otros, siendo fundamental una rápida actuación y preservación de pruebas a través por ejemplo de capturas de pantallas debido a que estas plataformas mutan constantemente.

También será necesario acudir a protocolos de prevención existentes (Ley 26.892) y los que podrán elaborarse a través de los Ministerios de Educación de cada provincia y Nacional acerca de cómo identificar estos patrones y cómo actuar en consecuencia.

Graficando:

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Por último, adquiere especial relevancia la actitud de quienes ejercen la responsabilidad parental de los menores, no facilitando indiscriminadamente el acceso a las redes y plataformas, interactuando y manteniendo canales de diálogos con nuestros jóvenes y comprendiendo que la niñera digital nos puede otorgar un rato de “tranquilidad” distrayendo a nuestros hijos, pero pagando el alto precio de generar adolescentes con dificultades en la toma de decisiones y el control de impulsos, alterando su sueño y alimentación, es decir, en cambios negativos en su conducta y desarrollo cognitivo, que pueden llevarlos algún día a ser protagonistas o víctimas de una masacre escolar.

Hoy estamos a tiempo de actuar y prevenir, mañana ya será tarde.

Notas al pie

[1] Se conoce como la masacre de Columbine a aquella ocurrida EE. UU., el 20 de abril de 1999 y protagonizada por dos adolescentes: Eric Harris y Dylan Klebold en una escuela secundaria de Colorado, en donde, tiroteo mediante, asesinaron a 12 estudiantes y un profesor antes de suicidarse.

[2] En fecha 14/04/2026 cuatro personas murieron (un profesor y tres alumnos de entre 10 y 11 años) y 20 resultaron heridas (cuatro en estado grave) en un tiroteo en un colegio en la provincia de Kahramanmaras, en el interior de Anatolia, al sur de Turquía. El ataque ocurrió a unos 200 kilómetros al este de Sanliurfa, donde el día anterior un exalumno de 19 años de otro centro escolar hirió a 16 personas antes de suicidarse. En el primer caso un joven de 14 años llegó al colegio con armas, presumiblemente las de su padre, en la mochila, entró en dos aulas y abrió fuego al azar y luego se suicidó. El agresor llevaba consigo siete cargadores, por lo que la tragedia podría haber sido aún mayor.

[3] Nota del autor: en 1997, año de su publicación, internet recién estaba surgiendo y las llamadas redes sociales no existían.

[4] También llamados “odiadores” refieren a los usuarios de la red que difaman, desprecian o critican destructivamente a una persona, grupo o entidad, con base en causas poco racionales o tan solo por el simple acto de difamar.

[5] Un trol, en plural “troles” (del noruego troll), es una persona con identidad desconocida que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, como pueden ser un foro de discusión, sala de chat, comentarios de blog, o similar, con la principal intención de molestar o provocar una respuesta emocional negativa en los usuarios y lectores, con fines diversos o, de otra manera, alterar la conversación normal en un tema de discusión, logrando muchas veces que los mismos usuarios se enojen o indignen y se enfrenten entre sí.

[6] Discord es una plataforma gratuita de comunicación de intercambio por video, voz y texto que permite generar comunidades privadas para que los usuarios interactúen en tiempo real, compartan material sobre temas de interés de esta. Una persona puede crear su propio servidor o unirse a otros mediante un enlace de invitación, existen también espacios para chat escrito, intercambio de imágenes, archivos y uso de emojis, que se organizan por temas.

[7] A modo ejemplificativo el informe de la Procuración cita un caso emblemático ocurrido en 2023 en la ciudad de Busan, Corea del Sur cuando Jung Yoo Jung de 23 años asesinó de más de 100 puñaladas a una profesora de inglés que no conocía previamente. Durante el juicio la acusada se declaró seguidora de “True Crime” y dijo haber entrevistado a más de 50 personas antes de elegir a su víctima perfecta. Al investigarse su teléfono móvil pudo observarse que había consumido gran cantidad de material de crímenes verdaderos y tenía búsquedas específicas tales “cómo cometer un asesinato perfecto” o “Cómo deshacerse de un cuerpo”. En el atentado de Turquía que referenciamos al principio de nuestra nota el agresor ya había publicado en las redes sociales mensajes amenazantes. La semana anterior al atentado, posteó una foto suya con la leyenda “¿Creés que la sonrisa bajo la máscara es real? Fin”. Además, el tirador había enviado una advertencia a la propia escuela, en la que decía: “Prepárense, habrá un ataque en unos días”.

*El autor es abogado, docente y actualmente se desempeña como juez federal en Reconquista. En febrero de 2026 fue elegido como ministro de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe.

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