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Ocio Malvinas | Ariel Martinelli |

Tortas Fritas de Polenta: una historia sobre Malvinas

Desde su primera edición en el número 78 de la Revista Fierro, Ariel Martinelli ex combatiente de Malvinas nos relata a través de la pluma y la ilustración de Adolfo "Fuchi" Bayúgar su experiencia como estudiante, soldado conscripto y durante la guerra de Malvinas. Una historia cruda pero con toques de humor, donde el testimonio se mezcla con la ficción.

Escrita por Adolfo “Fuchi” Bayúgar y editada luego de su estreno en la revista Fierro por Hotel de las Ideas, Tortas Fritas de Polenta es una historia sobre Malvinas contada desde las vivencias y en colaboración con el excombatiente Ariel Martinelli. En ella nos relata sus vivencias en la Escuela técnica de Mar del Plata, pasando por su ingreso a la colimba y su posterior reclutamiento para la guerra y el conflicto armado.

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Una historieta de contenido humano la cual nos narra los horrores de la guerra, la espera en los primeros días de bombardeos, el miedo, la incertidumbre, sobre el sueño que no fue y el contraste de las noticias que se contaban y lo que sucedía realmente. Nos narra el hambre, el dolor físico y el frío como un enemigo más a enfrentar. Y también nos ilustra momentos de alegría y amistad, recuerdos cálidos compartidos con sus compañeros.

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De las vivencias más impactantes que relata Martinelli hay una referida a las sensaciones vividas en la guerra contrastadas con lo que se acontecía en la realidad. Una de ellas trata respecto a las noches que estuvo Martinelli en batalla con sus compañeros y su superior el capitán Soloaga. Durante sus recorridos en el campo de batalla, cuenta cómo buscaban y llevaban a sus compañeros muertos para sacarlos en helicópteros y los posteriores veinte días de combate. Volviendo al presente, durante una llamada telefónica Bayúgar lo interroga a Martinelli sobre esos días, contrastándolo con un relato del capitán Soloaga, el cual indica que fueron tres días (y noches) de batalla y no veinte. A la pregunta de Adolfo Bayúgar de cómo se puede haber confundido tanto, Ariel Martinelli responde: “y, si... Seguramente sicológicamente fue tan duro eso, que se me hicieron veinte noches... Juraría que fueron veinte noches...”.

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Los toques de humor que dan tregua a la tensión que genera al lector estos relatos de guerra se generan en contraposición a los momentos más difíciles de los soldados: del hambre surgen distintos relatos, entre ellos el de la caza clandestina de ovejas y la figura del “Chaqueño”, un soldado que como buen hombre de campo era el encargado de carnear para poder comer, todo ello a espaldas de los oficiales que prohibían la caza.

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Los pequeños momentos de logro y satisfacción en las trincheras eran pocos pero conservados en la memoria de los soldados que se esforzaban por mantener la cordura en un joven cuerpo cansado, con hambre, frío y sucio, de un muchacho de 19 años. Algunos de ellos eran separar la grasa de la carne de la oveja y fabricar velas, otras cocinar tortas fritas de polenta dentro del casco.

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