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Tomá el control de tu vida: 8 pasos para cambiar de actitud

No hay una receta mágica, pero sí una serie de ideas que transformarán tu actitud frente a los problemas que nos plantea el día a día. Cómo lograrlo.

Las circunstancias que debemos afrontar cotidianamente son en sí mismas una suma de acontecimientos encadenados. Ningún ser humano, sea cual fuera su posición social o cultural, tiene la posibilidad de tomar las riendas de todo lo que pasa a su alrededor. Por eso, a la hora de encarar ya sea una situación trascendental o un pequeño problema cotidiano, es primordial preguntarte de qué manera te plantás frente a ellos. Esto es, qué y quién sos vos y cuáles son las cuestiones de tu entorno que imposibilitan tu capacidad de disfrute –o no– cotidiano.

Suena complicado, pero es más sencillo de lo que parece. Basta por comenzar a plantearnos cómo es nuestra actitud frente al entorno y cómo solemos responder frente a las circunstancias que nos tocan vivir. La clave para aumentar o reducir el nivel de estrés está en la actitud con la que reaccionemos a los estímulos del exterior. La capacidad o incapacidad de encontrar nuevos resultados a viejos problemas está en la manera de pararnos frente a ellos y la creatividad con la que los resolvamos. ¡Vos podés!

No hay antídotos contra la ansiedad, la esencia de lo que somos y de lo que construimos a nuestro alrededor tiene que ver con una característica actitudinal. Más de una vez habremos escuchado la famosa frase de Einstein que dice: “locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”. Por eso, si de generar un cambio se trata, debemos comenzar por implementar pequeñas, pero constantes modificaciones en nuestra modalidad de pensamiento y de acción. Es solo una cuestión de actitud. Leo Alcalá, coach de “El poder de ser”, nos invita a pensar en 8 simples, pero poderosas decisiones para tomar el control sobre tu vida y adquirir hábitos que te permitan crear el cambio que estás necesitando.

1 En lugar de resistir, aceptá: no podés cambiar todo rápidamente; si tu actitud frente a lo que sucede es de resistencia, el estrés va en aumento. Al aceptarlo, en cambio, aumenta tu poder de acción. No es resignación, sino aceptación.

2 En lugar de resignarte, aprovechá: aceptá tus posibilidades de acción e identificá las oportunidades que tenés para poder aprovecharlas. Siempre hay algo que está en tus manos para mejorar las cosas, se trata de ver el vaso medio lleno…

3 En lugar de evadir, asumí: ¿qué de todo lo que te afecta tiene que ver realmente con vos? Para alcanzar la madurez y cortar con los círculos negativos que te impiden crecer debés asumir lo que es tuyo. Solo así vas a poder liberarte de la queja y la frustración constante y podrás dedicarte a accionar para cambiar las cosas.

4 En lugar de desear, comprometete: la única forma de conseguir algo diferente es hacer algo distinto. Acompañá el deseo con el compromiso y actuá en consecuencia. Los hábitos cotidianos refuerzan tu energía para alcanzar tus objetivos.

5 En lugar de preocuparte, ocupate: entrá en acción, movete hacia lo que querés. Si no podés cambiar tus circunstancias, simplemente modificá tu actitud y “soltá” esa preocupación, no hay nada que puedas hacer al respecto…

6 En lugar de ver lo que falta, agradecé lo que tenés: desarrollá la gratitud y así tus miedos se van a ir desvaneciendo. Date cuenta de todo lo que recibiste en la vida y de todo lo que aprendiste gracias a la experiencia.

7 En lugar de desconfiar, confiá: si creés que tus problemas son más grandes que vos y que no tienen solución, ¡vas a convencerte! Para lograr lo contrario, desarrollá tu capacidad de salir adelante y aceptá también en las capacidades de los otros, aquellos que están cerca tuyo.

8 En lugar de visualizar en negativo, apostá a ganar. El miedo y la negatividad van de la mano. Enfocá tu energía en lo que realmente deseás y renová tus pensamientos para poder generar un nuevo espacio de proyección.

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