Labubu se convirtió en un fenómeno viral global. Este pequeño monstruo peludo, de sonrisa traviesa y dientes serrados, se ganó el corazón de fanáticos en todo el mundo y su imagen aparece en figuras, peluches y hasta publicaciones de celebridades. Pero detrás de su diseño y universo encantador, hay una historia poco conocida: la del artista Kasing Lung.
Kasing Lung: del folclore al arte pop
Kasing Lung nació en Hong Kong en 1972, pero su infancia transcurrió en los Países Bajos, donde desarrolló su amor por el folclore nórdico. Sin consolas ni computadoras, pasaba horas dibujando y creando personajes fantásticos. Esa imaginación dio forma, años más tarde, al universo de Labubu y sus compañeros, conocidos como Los Monstruos.
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Durante su vida en Europa, Lung se dedicó a la ilustración infantil y se convirtió en el primer artista chino en ganar el Premio de Ilustración. En 2013 publicó My Little Planet y luego Lizzy Wil Dansen, en colaboración con la escritora Brigitte Minne.
Fue en 2015 cuando nació oficialmente The Monsters, una serie de criaturas inspiradas en mitos, cuentos y experiencias personales. Entre ellos destacan Zimomo, Tycoco, Spooky y, por supuesto, Labubu, que logró posicionarse como el favorito.
Más de 300 versiones de Labubu
Desde su creación, Labubu no deja de multiplicarse: existen más de 300 ediciones distintas del personaje. Algunas figuras raras se venden por sumas altísimas, mientras que otras más accesibles pueden conseguirse en tiendas como Pop Mart, la marca que lo distribuye oficialmente.
La popularidad de Labubu creció aún más cuando Lisa, integrante del grupo BLACKPINK, compartió en Instagram una foto abrazando al personaje. El gesto emocionó a Lung, que le envió una edición gigante como agradecimiento.
Un artista entre Bélgica y Hong Kong
Aunque Labubu es su creación más reconocida, Kasing Lung no se detuvo ahí. En 2020 celebró su primera exposición en Tokio y actualmente vive entre Hong Kong y Bélgica, donde sigue pintando y diseñando nuevos proyectos.
En una entrevista con Hypebeast, contó que su rutina consiste en dibujar hasta entrada la tarde y que, si tiene una entrega pendiente, trabaja aún más. Muchos de sus cuadros siguen teniendo a Labubu como protagonista, con su expresión pícara e inconfundible.
Con una estética que mezcla ternura, oscuridad y fantasía, Labubu no es solo un juguete: es una pieza de arte contemporáneo que sigue conquistando al público, figura tras figura.





