Tras el verano toca volver al trabajo o a los estudios y necesitaremos que nuestro cerebro funcione al 100%. A la vez que somos bastante conscientes del efecto de una hidratación adecuada para gestionar nuestra temperatura corporal, aún tendemos a subestimar la importancia del agua para nuestras funciones cognitivas.
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Lo cierto es que unos buenos hábitos de hidratación permiten mantener la concentración y facilitan la recuperación de la información almacenada en nuestro cerebro (es decir, el acceso a la memoria). También reducen la probabilidad de sufrir desagradables dolores de cabeza. Suena bien, ¿verdad? La clave está en beber agua de forma preventiva.
El agua y la concentración
Más de la mitad de nuestro cuerpo es agua, aunque la proporción exacta varía según la edad y el sexo. Al mismo tiempo, la distribución del agua en el cuerpo dista mucho de ser homogénea: menos presente en el tejido graso o en los huesos (entre 10-22%), sí es el componente principal en muchos órganos vitales, como por ejemplo el cerebro o los pulmones (70-85% y más del 80%, respectivamente).
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Aunque el cerebro de un adulto pesa unos 1300-1400g de media y, por lo tanto, sólo representa en torno al 2% de la masa corporal, es un gran consumidor de energía: según el Manual de hidratación desde la Farmacia Comunitaria 2021, cerca del 20% de toda la sangre que circula por nuestro cuerpo está destinada a irrigar nuestro cerebro.
En condiciones normales, nuestras células grises reciben entre 500 y 700 mililitros de sangre cada minuto. En este contexto cabe recordar que el principal componente de la sangre -el líquido que transporta el oxígeno desde los pulmones a todos los órganos- también es el agua (>85%). Por lo tanto, el papel del agua en nuestro organismo es crucial y, simplificando mucho, se podría decir que posibles insuficiencias podrían provocar una circulación sanguínea más lenta y perjudicar el suministro de oxígeno al cerebro. Sería un escenario poco favorable para mantener la agudeza mental y la concentración.
Pequeñas señales de advertencia
En circunstancias "normales", nuestro cuerpo pierde entre 2 y 3 litros de agua al día a través de la evaporación de la superficie de la piel (incluso sin sudoración manifiesta), mediante el aire expulsado de los pulmones o a través de la orina. Para evitar un balance negativo de líquidos, tenemos que hidratarnos, aunque desafortunadamente, muchas veces tendemos a ignorar los primeros síntomas de una deshidratación: dolores de cabeza, sequedad en la boca, una sensación de cansancio y dificultades para concentrarnos.
Una deshidratación de tan sólo un 1-2% dificulta la concentración y perjudica nuestra memoria a corto plazo. Una hipo hidratación (un nivel de deshidratación del 2% o más) tiende a deteriorar las funciones cognitivas y a dificultar el acceso a la información almacenada (es decir, a la memoria). Cuando los fuertes dolores de cabeza y una fatiga física/mental se combinan con una disminución significativa de la atención, el grado de deshidratación puede haber alcanzado el 3% o más[3]. La buena noticia es que son trampas fáciles de evitar.
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Hidratación preventiva
Beber agua antes de que suenen las alarmas es clave: cuando tenemos sed, la deshidratación ya es un hecho. Una hidratación regular a lo largo del día ayuda a evitar los dolores de cabeza y a mantener la concentración. En circunstancias normales y de acuerdo con las recomendaciones de la OMS, para un adulto esto significa beber aproximadamente entre 1,5 y 2,5 litros de agua al día. Aquí te proponemos algunos consejos sobre cómo gestionar nuestra ingesta diaria de agua:
-Empieza tu día con un vaso de agua para reponer el 1-2% que has perdido durante la noche.
-La pérdida de agua de tu cuerpo es más o menos continua. La ingesta óptima de agua debería de seguir el mismo patrón: bebe agua a pequeños sorbos regulares (aproximadamente 350 ml cada dos horas).
-Asegúrate de establecer tu propia rutina de hidratación: ten cerca una botella de agua sostenible de vidrio o acero. Beber agua del grifo ayuda a reducir los residuos de plástico.
-Complementa tu ingesta de agua con una dieta equilibrada: incluir verduras, frutas, etc. te ayudará a mantener el nivel óptimo de agua en tu cuerpo a lo largo del día.
-Bebe un vaso de agua antes de acostarte, tienes 8 horas de sueño por delante.
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