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Libros usados: cuando la magia se cruza sin que la esperes

Los precios en la librería pueden ser poco accesibles, pero existen otra opción para poder leer variado y económico: el mercado de libros usados.

Hace algún tiempo escribí una entrada similar a esta nota en mi blog, donde hablaba de los libros usados, principalmente porque muchas veces me preguntaron como conseguí que mi biblioteca ronde tantos ejemplares (no quiero mentir, pero debe estar pasando los 2000 libros). Y si bien soy de comprar muchos libros nuevos, los mayores aportes a mi biblioteca fueron realizados por incursiones a librerías de usados. Iba con poco dinero, lo suficiente quizás para un libro nuevo, pero en el canje de libros… era como un millón de dólares. Así, volvía con siete libros en vez de uno, lo que pronto en términos de espacio se volvió algo complicado de mantener.

Hay otros beneficios además de poder engrosar la biblioteca con los libros usados: pone disponible la lectura a gente con menos recursos, permitiendo el acceso al conocimiento; disminuye el impacto medioambiental, por medio de la disminución de impresión de ejemplares y la reutilización de material disponible y en desuso; y, lo más importante a mi parecer, nos permite acceder a libros que quizás ya no están presentes en el mercado, aumentando nuestro horizonte cultural, permitiéndonos conocer historias que fueron importantes en su momento, pero como dejaron de ser populares, fueron descatalogadas.

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Sin embargo, comprar libros usados no es lo mismo que ir y comprar libros nuevos, y no precisamente por el hecho del precio o si tuvo o no un dueño anterior. En las librerías convencionales, dispones de un catálogo según lo publicado por cada editorial, lleno de novedades recién salidas de imprenta, con el celofán aún colocado; mínimo podes encontrar 10 ejemplares de cada libro nuevo. Comprar libros usados, en cambio, es incurrir en la búsqueda de un tesoro misterioso, que no sabemos que estamos buscando porque muchas veces no creíamos posible encontrar.

Por si nunca tuvieron el gusto de entrar en una librería de usados, los invito a que imaginen conmigo: una habitación, llena de estanterías y anaqueles. Probablemente miles de libros, revistas; colecciones enteras de diversos temas. No están más que agrupados por género, quizás, dividiendo las revistas, por un lado, la no ficción por otro, y más allá los de ficción, a veces entremezclados sin división de edades. Es un caos, no hay orden por ningún lado, pero es el caos más bello que soy capaz de imaginar. Soy alérgica, pero ese picor en la nariz que me dan los infinitos millones de ácaros presente tiene un efecto especial, mágico, sumamente tranquilizador. Es como una nana, como volver a un hogar que no es exactamente mío pero tiene la misma calidez.

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Una vez que llene mis pulmones de uno de los olores más maravillosos del planeta, aún congelada en la puerta, doy el primer paso a la que va a ser una de las aventuras más maravillosas. Cada vez es diferente, busco un tesoro diferente, aunque es muy probable que no salga por la puerta llevándolo: ir a una librería de usados es una lotería, y el premio solo lo decide el destino. Comprar libros usados depende única y exclusivamente de la oportunidad, y no hay una forma de prever que es lo que se va a encontrar, por lo que hay que ir con la mente abierta, dispuesto a encontrarse con algo especial.

Ataco la primera estantería, paseando por entre los libros buscando, ansiando encontrar ese ejemplar que tanto quiero… En el camino, encuentro cosas que no buscaba, ya sea porque no las conocía o porque simplemente no esperaba tener tanta suerte de encontrarlas así, azarosamente, como si me hubieran estado esperando aún cuando ni yo sabía que ese día iba a atravesar la puerta. Y es que adquirir y leer libros usados es un poco eso: encontrarte con aquello que te buscaba, que te esperaba, que quizás intentaste conseguir en una librería convencional, pero que el destino termino poniendo en tu camino cuando no lo viste venir. Cuando pasa eso, cuando encontrás uno de estos tesoros, libros que no podías conseguir por otra ruta, te sentís tremendamente especial, como elegido. No pasa siempre, y tampoco pasa seguido, pero son momentos mágicos.

Puede que solo sea un libro de entre 500 que mirás, puede que lo encuentres en la primera mirada o en la segunda, la que haces para repasar y ver que no te salteaste nada importante. Capaz sucedió mientras mirabas la vidriera, y fue lo que te invito a entrar. Lo único importante es que se encontraron, y el mundo parece un lugar un poco más justo.

¿Cuáles son mis trucos para conseguir los mejores usados?

No son muchos, y a decir verdad son bastante básicos, pero si recién empiezan en este mundo, les paso mi sistema:

  • Libros en buen estado: Esto es a gusto personal, pero me siento mucho más confiada con libros que parecen casi nuevos. Estoy más tranquila de que tengo menos chances de encontrarme con sorpresas como manchas raras o páginas faltantes. Aparte, siento dolor al ver libros maltratados, y salvo que sea un libro muy muy raro y difícil de conseguir, suelo pasar de aquellos que están muy marcados o ajados.
  • Libros que realmente me interesen: Al principio, me dejaba llevar por algunos libros que muchas veces me habían dicho que tenía que leer, o autores que capaz no me convencían pero alguien me había dicho que era buenísimo. Así, me hice de muchos libros que terminaron juntando kilos de tierra y nunca leí. Me costó un tiempo asumir que realmente no me interesaban y dejarlos ir. No hay que leer con la lista de nadie, sino con la propia.
  • Precio lógico: Muchas veces pasa que en algunos vendedores de usados se abusan con el precio que dan. El valor de mercado depende de la cantidad de manos que pasaron por el libro, el costo del libro nuevo, y el estado actual del ejemplar. Si sale más de un 50% del libro nuevo, aún con el mejor estado de conservación posible, lo ideal es dar un paso al costado, o por lo menos es lo que yo suelo decidir.
  • No comprar libros de distribución gratuita: Primero, es algo ilegal, y segundo es algo que no beneficia a nadie más que a alguien que se está aprovechando del comprador. Con esa “venta” no gana dinero ni el autor, ni la editorial, ni nadie en la cadena literaria de la industria del libro. Eso, en definitiva, implica que se disminuye la oferta del mercado editorial, lo que disminuye las voces disponibles para leer.
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Siempre aprovechar la oportunidad: Como dije antes, comprar libros usados es algo que depende de la oportunidad. Si se presenta, como en la vida, no hay que desaprovecharla. Si te encontrás con un libro que querías, pero que estaba descatalogado, o que era difícil de conseguir… Aún si no está en las mejores condiciones, tenés que llevártelo. Es una oportunidad, y siempre podés restaurar el ejemplar para que quede en mejores condiciones. Las oportunidades no siempre son perfectas, pero no por eso hay que desperdiciarlas.

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