No tenía un SOS; ni el mapa de un tesoro. Quien arrojó al agua el mensaje en una botella no lo hizo desde una isla perdida; fue desde una playa de la Patagonia. No fue un escritor, aunque su apellido y la inicial de su segundo nombre remitan a uno de los más célebres de la literatura argentina. Tampoco era un náufrago. Aunque al final, terminaría muriendo bastante solo.


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