sábado 22 de febrero de 2020
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¿El mal humor o la tristeza nos hacen más inteligentes?

Así lo determinó un estudio de una universidad australiana.

Un psicólogo australiano confirmó hace días que las personas con mayor carácter también son las más inteligentes. Una serie de estudios revelaron que existe una conexión entre el mal humor y la inteligencia.

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Esta investigación la realizó la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, en la cual determinaron que las personas más reactivas son las que toman mejores decisiones.

"Los episodios temporales de mal humor pueden responder a un propósito de adaptación útil e importante, ayudándonos a lidiar con los desafíos del día a día y las situaciones difíciles" escribió Joseph Paul Forgas, uno de los investigadores.

Atribuyen que el estar enojado puede provocar que una persona esté más alerta y que piense con mayor atención, esto porque el cerebro en esos momentos de tensión "promueve estrategias de procesamiento de información".

"El mal humor nos ayuda a estar más atentos y centrados en situaciones difíciles. Por el contrario, el buen humor es indicativo de que estamos viviendo situaciones en las que nos sentimos seguros y nuestra atención al detalle suele disminuir", aseguró el profesor.

Para demostrar estas afirmaciones durante las investigaciones se realizaron experimentos en los que manipularon el estado de ánimo de los voluntarios (poniendo películas tristes o de risa, por ejemplo) y analizaron los cambios en su rendimiento a la hora de realizar una serie de tareas cognitivas y conductuales.

Algunos de los resultados de este trabajo arrojaron que estar triste o enojado puede ser beneficioso en algún aspecto.

Mejora la memoria:

El mal humor aumenta la capacidad de las personas para recordar los detalles de algún lugar en el que habían estado. También mejoró los recuerdos de cosas vistas al mitigar los efectos de posibles distracciones, como la información irrelevante, falsa o engañosa.

Permite hacer juicios de valor más precisos:

Un poco de mal humor ayuda a reducir los sesgos y la distorsión a la hora de formar nuestras opiniones. Por ejemplo, se ha probado que los jueces que están tristes se forman una impresión más fiable y precisa de los demás porque procesan los detalles de forma más efectiva.

También se descubrió que el mal humor nos hace menos ingenuos y más escépticos a la hora de valorar leyendas urbanas y rumores, e incluso aumenta nuestra capacidad de detectar los engaños y nos hace menos susceptibles de confiar en estereotipos simplistas.

Es motivador:

Otros experimentos revelaron que, cuando se pidió a los participantes que realizaran una tarea mental compleja, los que estaban de mal humor se esforzaron y perseveraron más, dedicando más tiempo a la tarea, intentando responder más preguntas y acertando más respuestas.