Por la crisis, la demanda de asistencia alimentaria aumenta en comedores y organizaciones sociales de Santa Fe

Desde el Ministerio de Desarrollo Social aportan 98 millones de pesos mensuales para asistir a comedores e instituciones. Por el aumento de la demanda, en mayo las partidas alimentarias se incrementaron en un 32%. Las tres heladeras sociales que persisten en la ciudad alimentan semanalmente a 1150 personas en situación de calle.


 

Por Romina Elizalde

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación define la seguridad alimentaria como el acceso físico y económico a suficiente alimento para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana.

En medio de la crisis económica y social que atraviesa el país, la seguridad alimentaria de buena parte de la población está en jaque. En la ciudad de Santa Fe en particular, la demanda de alimentos es cada vez más evidente en los organismos estatales que brindan asistencia, así como en organizaciones no gubernamentales o voluntariados que trabajan para paliar un mal tan viejo como el mundo: el hambre.

El ministro de Desarrollo Social de la provincia confirmó que la demanda alimentaria registró un aumento significativo en la primer mitad del año.

La cartera provincial transfiere mensualmente más de 98 millones de pesos a seguridad alimentaria a través de municipios,comunas e instituciones.

A nivel provincial, el aporte se destina a 744 instituciones, de las cuales 230 están ubicadas y trabajan en la capital santafesina.

“Desde diciembre de 2015 a la actualidad, la transferencia a comedores y copas de leche aumentó un 300%”, confirmó el ministro de Desarrollo Social, Jorge Álvarez.

En mayo las partidas alimentarias aumentaron un 32%, como consecuencia de los incrementos que sufrieron los alimentos y la mayor demanda de parte de la población.

muerte de Nicolás Santa Fe

Jorge Álvarez, ministro de Desarrollo Social de la provincia

La consecuencia de las políticas macroeconómicas

El Ministerio de Desarrollo Social brinda asistencia a comedores y copas de leche, es en ese trabajo en el que el aumento de la demanda se evidencia. “Indudablemente, hubo una mayor demanda en los sectores más vulnerables que venimos acompañando”, recalcó Álvarez.

Los trabajadores informales que perdieron la posibilidad de contar con un ingreso por un lado, y aquellos que a pesar de contar con un oficio formal ven disminuidos sus ingresos por otro, en la actualidad demandan asistencia del Estado.

Álvarez atribuyó el incremento al contexto macroeconómico que atraviesa el país. “Esto es consecuencia del impacto que las políticas económicas están teniendo en lo social”, afirmó.

El ministro no descartó la posibilidad de un nuevo incremento a futuro en las partidas que brinda la cartera que encabeza.

“Uno aspiraría a no tener que dar mayor aporte en seguridad alimentaria y que todos puedan tener trabajo. Lamentablemente, no es la realidad hoy”, aclaró el funcionario y destacó el impacto que causan las medidas económicas en las problemáticas sociales. “Esto requiere un mayor acompañamiento y se planteó a nivel federal la necesidad de un mayor aporte del Gobierno Nacional”, finalizó.

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Voluntariado

La iniciativa de heladera social nació en Tucumán en el 2016 como una herramienta para colaborar con los más necesitados. La idea no tardó en contagiarse y contó con un importante número de réplicas en distintos puntos del país.

Santa Fe no fue la excepción y un importante número de iglesias y parroquias no dudaron en adherirse.

Sin embargo la falta de donaciones y de voluntarios que se sumen a colaborar generó que muchas cerraran o modificarán la metodología de trabajo.

En la actualidad persisten tres heladeras sociales en el ámbito de la capital provincial que cubren la necesidad de 1150 personas en situación de calle por semana.

Entre estas se cuentan la heladera de la Iglesia Luján, en Aristóbulo del Valle 6090, la Catedral Metropolitana, Avenida General López 2672, y la Parroquia de San Antonio de Padua, en J.J. Paso 3349.

Cada una de ellas funciona de diferente manera, la metodología depende en gran medida de las donaciones que reciben para satisfacer la demanda y en parte por la cantidad de voluntarios que cada entidad posee.

En el norte de la ciudad, la Iglesia Luján entrega un total de 1050 viandas semanales, 150 por día de lunes a lunes.

Lo que hace posible este ritmo de trabajo son las donaciones constantes de alimentos y un grupo de voluntarios que dedica gran parte de su tiempo para colaborar.

La heladera solidaria de la Parroquia de San Antonio de Padua funciona desde mediados de 2016. (Foto: Archivo Aire Digital)

La heladera que funciona en la Catedral Metropolitana, por su parte, brinda asistencia una vez a la semana y el máximo de porciones que llegaron a entregar rondan las 60.

Si recibiéramos alimentos tendríamos la posibilidad de hacerla más seguido. Acá lo que hacemos es cocinar. Antes traían comida preparada, pero decidimos empezar a cocinar para dar alimentos calientes”, relató Marianela Ghiretti que desde hace años trabaja como voluntaria.

Los sábados a la mañana la fila de personas se arma desde temprano en el patio de la iglesia. Hombres solos y familias enteras esperan su plato de comida que es elaborado por los jóvenes colaboradores de la comunidad.

Muchos de ellos no poseen los insumos para poder elaborar alimentos en sus viviendas, es por esto que el día acordado forman fila en el patio de la Catedral para recibir su vianda.

En el caso de la parroquia de Padua, unos 20 personas trabajan los fines de semana para asistir a más de 20 personas en situación de calle. “Hicimos un relevamiento, tenemos a todos identificados con nombres y lugares”, relató María Teresa, voluntaria.

Los sábados y domingos por la noche recorren en automóvil las calles del centro sur de la ciudad para entregar un plato de comida elaborado a los que más lo necesitan.

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La importancia de los primeros 1000 días de alimentación en la vida de un niño

Desde la perspectiva médica los primeros 1000 días de vida en un niño determinarán parte de su crecimiento, esta etapa es llamada por muchos “ventana crítica”.

Todas las intervenciones que se hagan en esa instancia repercutirán en el niño a nivel cognitivo y persistirán en su adultez.

La alimentación es sólo un factor determinante, este debe ir acompañado por una estimulación adecuada, de otra forma su desarrollo cerebral será menor.

Desde la Fundación Hoy x Mañana, Conin Santa Fe, se dedican a trabajar con niños de 0 a 5 años que evidencien un cuadro de desnutrición infantil a fin de revertir las consecuencias que esta pueda acarrear en el crecimiento del sujeto.

En la actualidad la Fundación trabaja con 150 niños que fueron derivados de distintos efectores de salud a los cuatro centros de desarrollo infantil con los que cuenta la entidad en la ciudad: uno en Santa Rosa de Lima, otro en Varadero Sarsoti, en el CIC de Facundo Zuviría barrio Pompeya y el cuarto en barrio San Agustín.

“Lo que hacemos es recepciones a familias con niños menores de cinco años que tengan alguna condición de desnutrición y hacemos un trabajo de asesoramiento, acompañamiento y atención a esos niños para recuperarlos”, explica Florencia Danucio, presidenta de la Fundación Hoy x Mañana, Conin Santa Fe.

La malnutrición es multifactorial no depende solo de la alimentación por esto se trabaja a nivel familiar diferentes aspectos vinculados con la nutrición y la estimulación temprana para sacar al paciente de la situación crítica en la primera infancia.

La recuperación del paciente dependerá del cuadro que presente, la desnutrición puede ser leve, moderada, grave o crónica. “En muchos casos no se trata de casos de recuperación, pueden ser un niño que no es desnutrido pero tiene riesgo de serlo por diversas situaciones”, explica Danucio.

Tendencia

Tras el relevamiento que realizó la Fundación y que abarca a los 2000 niños del cordón oeste de la ciudad, se observó que hay una tendencia a la desnutrición crónica, que se da cuando el niño tiene el peso adecuado a su edad pero está cortado en crecimiento.

“Esto es porque en sus primeros dos años de vida han tenido alguna carencia nutricional. No siempre un desnutrido se tiene que pensar como una persona flaca”, explica Danucio.

La segunda incidencia es el sobrepeso o la obesidad.

“Lo que se puede visualizar a nivel global es que hay un aumento de malnutrición por exceso y un retardo de crecimiento, que se cuando se da una desnutrición crónica, lo que no quiere decir que el niño esté perdido”, aclara la especialista.

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