Por Andrea Romanos
Ni una reforma estructural del equipo de gobierno fue suficiente para encauzar las movilizaciones en Chile. El presidente, Sebastián Piñera, arrancó la semana con una tarea complicada. Relevó de su cargo a 8 de sus ministros y trató de hacer frente a un índice de aprobación que no sube de un histórico 14%, pero las últimas medidas no lograron contener la furia popular, que volvió a tomar las calles lunes y martes.
Chile vive la crisis política y social más importante desde que se recuperó la democracia en 1990, y por ahora Piñera no parece tener la receta para canalizarla. Entre los cambios en su gabinete se encuentran dos carteras sensibles, como Trabajo, Economía e Interior, muy ligadas a las protestas. Pero los chilenos piden modificaciones también en ámbitos como Salud, Transporte y Educación, que no se tocaron.
El recambio en la cúpula gubernamental tiene también un tinte generacional, y es que todos los nuevos ministros tienen menos de 50 años. En Interior, Piñera no tuvo otro remedio que destituir a su primo y hombre de confianza, Andrés Chadwick Piñera, para poner en su lugar al anterior secretario general de presidencia, Gonzalo Blumel, de 41 años.
El anterior ministro de Economía, Felipe Larraín, también fue blanco de muchas críticas: los ciudadanos tomaron como una provocación que éste hubiera llamado a comprar flores a los “románticos manifestantes” tras comprobar, al anunciar los datos del índice de consumo de septiembre, que su venta había disminuido.
En @min_interior asume como Ministro @gblumel #CambioDeGabinete pic.twitter.com/yJpugpqPxr
— Sebastian Piñera (@sebastianpinera) October 28, 2019
Los cambios son leídos por algunos sectores como una medida a la desesperada de Piñera, que como presidente vive su momento más complicado. El fin de semana se difundió la encuesta Cadem, que apuntó que el presidente chileno tiene un respaldo de un 14%, la cifra más baja que haya registrado un jefe de Estado desde 1990.
El 78% de la población lo rechaza, superando el récord que hasta ahora registraba Michelle Bachelet, que obtuvo un 18% de apoyo y un 68% de desaprobación en marzo de 2016, durante su segundo mandato. El bajísimo respaldo de Piñera muestra que tanto el presidente como su Gobierno se hallan en el centro del malestar ciudadano.

Este lunes, con los anuncios ya consolidados, se vivió en Chile una nueva jornada de protestas y también fuertes disturbios, enfrentamientos entre ciudadanos y autoridades y un gran incendio en un centro comercial de la Alameda.
La marcha se inició con una trayectoria hacia el Palacio de la Moneda (sede del ejecutivo) y trascurrió de manera pacífica en la mayor parte de su trayecto por la Alameda Bernardo O’Higgins, la principal arteria de Santiago, si bien acabó siendo reprimida por los carabineros –la policía militarizada– a unos 200 metros del palacio presidencial.

Ardieron también un hotel cercano y la estación de metro de Plaza Italia, entre otros focos, según informó la agencia EFE. También se saqueó una instalación de la Secretaría Regional de Salud, que atiende a unas 700 personas a diario.
Los hechos se dieron en el primer día sin estado de emergencia en el país, medida que rigió durante toda la semana pasada para que el Ejército se encargase de la seguridad ante los desmanes con que se inició este estallido social.
Con EFE y medios locales
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