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La crónica de la carrera deportiva de Carlos Monzón, en la semana que habría cumplido 77 años

Es considerado uno de los mejores medianos de la historia, junto a leyendas como Ray Sugar Robinson y Marvin Hagler. La historia del boxeador que nació en San Javier el 7 de agosto de 1942, creció en el barrio Barranquitas y se consagró en la histórica pelea contra Nino Benvenuti en Roma.

Por Julio M. Cantero

Al igual que sus abuelos paternos y maternos, sus padres y diez de sus 12 hermanos, Carlos Monzón vino al mundo en una región históricamente postergada, conformada actualmente por los departamentos San Javier y Garay, que integran un espacio de la provincia de Santa Fe conocido como la región de la Costa, donde predominan los ríos. Todas las familias de esa zona tenían un denominador común: eran muy pobres, con sus múltiples carencias potenciadas por la falta de trabajos fijos y, además, numerosas, donde para varios de sus miembros era un auténtico lujo comer todos los días.

Escopeta nació en la fría y lluviosa noche del viernes 7 de agosto de 1942 en San Javier, departamento homónimo. Fue el octavo hijo –el sexto varón– del matrimonio de Roque Monzón y Amalia Ledesma. Sus hermanos fueron Zacarías, Nicéforo y Rosa (nacidos en Saladero Cabal); Rosendo Albino (en Colonia Macías); Inocencio, Marta Elsa, Alcides René, Elva Yolanda, Delia Beatriz y Edgardo Reyes (en San Javier), y Reynaldo Oscar y Víctor Hugo (en Santa Fe).

Luis Ángel Firpo dijo una vez: “Yo estoy seguro de que algún día aparecerá un muchacho de tez cetrina, cabello negro, con carácter hosco, rudo y seco. Pero sé que será famoso y le dará un enorme prestigio a nuestro boxeo”. El aserto del Toro Salvaje de las Pampas, el primer argentino en disputar un título mundial y licencia profesional Nº 1, fue inequívocamente profético. Es que exactamente 28 años y tres meses después, el sábado 7 de noviembre de 1970, el que midió 51 centímetros al nacer comenzaría un reinado inolvidable entre los medianos; a partir de allí, el mundo conocería para siempre el apellido Monzón y, tras 52 años, cinco meses y dos días, casi 60.000 dolidos fanáticos, sin distinguir clases sociales, lo despedirían el lunes 9 de enero de 1995 en el cementerio Municipal de la ciudad de Santa Fe.

Estas fueron las auténticas raíces de Carlos y, por eso, jamás aprendió a vivir: solo supo pelearla para sobrevivir. En 1951, cuando tenía 9 años y, buscando el trabajo que en San Javier escaseaba, su familia se mudó a Santa Fe y se asentó en el barrio Barranquitas. Mientras don Roque trataba de llenar la olla por medio de changas y trabajos de albañilería, Carlos y sus hermanos daban una mano con la economía familiar, y fue canillita, repartidor de verduras, lechero y sodero.

¿Y la escuela? Ni siquiera pudo completar el 3º grado en la República Oriental del Uruguay, la que años después, con billetes de todos los colores, refaccionó a cero, porque trabajar para poder comer era más importante –y urgente– que aprender a leer y escribir. Por todo esto, Monzón nunca tuvo una infancia, adolescencia y, ni siquiera, una juventud. Cuando algunos niños de su edad dormían confortablemente abrigados, alimentados y vacunados, él estaba trabajando para que, si la fortuna lo acompañaba, esa noche pudiera irse a la cama con algo en su estómago, y no vacío, como varias veces le pasó.

Como a miles de púgiles a lo largo de la historia en todo el mundo, el boxeo fue el único medio para escapar de la pobreza. Por ello, Carlos ingresó un día al ya desaparecido Club Cochabamba, en Cochabamba 45, en el barrio Barranquitas, a cargo de Roberto Tito Agrafogo, quien era secundado por Rafael Araujo y, luego, se sumaría Marcelino Mono Martínez.

A los pocos meses se fue y recaló en el Minella Boxing Club, cuyo titular era Ricardo Ceferino Minella, sito en Paraguay 3082 donde, los principiantes, eran atendidos por Lito Zanutig y Sixto Gómez. Su debut amateur se produjo el viernes 2 de octubre de 1959, a los 17 años, un mes y 25 días. El primer rival fue Raúl Cardozo, con quien empató en 3 asaltos en el Pabellón de Industrias de la Sociedad Rural, frente al Club Atlético Unión, en la misma esquina donde Monzón también vendía diarios y lustraba zapatos. ¡Ah! Su primer viático fue de 50 pesos.

A principios de 1960, el destino lo pondría en manos de quien sería su hacedor y con el que alcanzaría la gloria y el unánime reconocimiento mundial: Amílcar Oreste Brusa. El primer contacto fue en Sunchales, en un festival amateur del que Carlos participó. “Brusa, yo quiero venir con usted. A mí me robaron y sé perfectamente que usted no me va a robar”, le tiró su futuro pupilo, al referirse a un viático donde le pagaron mucho menos de lo pactado.

Días después y, tras chequear exhaustivamente los dichos de Monzón, el Maestro corroboró la veracidad de los mismos. La siguiente oportunidad en que se reunieron, fue en el gimnasio de Unión, del que Brusa estaba a cargo y, a partir de ese segundo y decisivo encuentro, no se separaron jamás. Fueron casi 17 años –hasta que Carlos anunció su retiro el lunes 29 de agosto de 1977 como campeón unificado AMB-CMB reinante– en los que transitaron todos los rings de la ciudad, la región, la provincia, el país y el mundo.

Carlos fue padre por primera vez a los 18 años, siete meses y 17 días. Fue el fruto de su relación con Zulema Encarnación Torres –un año menor que él– y, su primogénito, Carlos Alberto, al que reconocería públicamente años después, nació el 24 de marzo de 1961. El viernes 11 de mayo de 1962, cuando tenía 19 años, nueve meses y cuatro días, Carlos se casó con Mercedes Beatriz García (Pelusa), con quien tendría tres hijos: Silvia Beatriz (quien nació el 20 de febrero de 1963), Abel Ricardo (el 19 de octubre de 1966), y Raúl Carlos (el 18 de septiembre de 1972).

El miércoles 12 de diciembre de 1962, cuando tenía 20 años, cuatro meses y cinco días, Monzón disputó su último combate amateur: fue en el Pabellón de Industrias –donde había debutado como tal poco más de tres años antes– y le ganó por knock out en el segundo round al rosarino Benito Cejas. Los números de su récord como aficionado hablan de la muy rica experiencia que adquirió: realizó 87 combates, de los que ganó 73, empató seis y perdió ocho.

Se había cerrado una etapa y, la próxima, sería su ingreso al profesionalismo, lo que se produjo al año siguiente, donde Carlos brillaría –y como nadie– en la historia del boxeo argentino.

Con la licencia Nº 2.302, extendida por la Federación Argentina de Box, a la primera de las exactamente 100 peleas que Monzón realizaría en el terreno de la paga la protagonizó en la calurosa noche del miércoles 6 de febrero de 1963. El combate, pactado a cuatro rounds, se disputó en el Club Ben Hur de Rafaela y, el árbitro, fue un oriundo de esa ciudad: don Ernesto Giovannini, padre de Néstor Hipólito, quien se coronaría campeón mundial crucero OMB el 26 de junio de 1993. Carlos –quien tenía 20 años, cinco meses y 30 días– noqueó en el 2º asalto al entrerriano Ramón Montenegro, su histórico primer rival. De ahí en más y, con la imperiosa necesidad de mantener su hogar, entre 1963 y 1964 realizó 22 peleas (11 en cada año), muchas por bolsas no tan atractivas y viajando a donde sea.

En este lapso fue donde sufrió las únicas tres derrotas en su campaña profesional. La primera –donde resignó su invicto– fue el miércoles 28 de agosto de 1963, en el Luna Park, ante el platense Antonio Aguilar (quien le GPP 10) y, para colmo, Brusa no estuvo en el rincón, ya que Monzón fue atendido por Genaro Ramusio, Alfredo Luna y Manuel Hermida. La segunda ocurrió el domingo 28 de junio de 1964, en Río de Janeiro, ante el español (naturalizado brasileño) Felipe Cambeiro. Con su derecha inutilizada desde el 2º asalto, Carlos sufrió tres caídas y, así, el nacido en La Coruña y radicado en San Pablo le GPP 8 (unánime). La última fue el viernes 9 de octubre de 1964 ante el puntano Alberto del Carmen Massi, en el ya desaparecido Córdoba Sport Club de esa ciudad, que le GPP 10 (unánime). A partir de allí, Monzón nunca más volvió a perder, hilvanó un invicto de 80 peleas y, más adelante, se desquitaría de sus tres vencedores.

A fines de 1965, la TV capitalina trasmitía los miércoles por la noche, desde el Luna Park, las peleas que presentaban Ulises Barrera y Ricardo Arias, donde se podían ver a las jóvenes promesas. Entre los medianos, quienes asomaban con mayor futuro eran Celedonio Lima, Antonio Aguilar y Carlos Alberto Salinas. Pero, entre el 17 de noviembre y el 29 de diciembre del mismo año, el ilustre desconocido que era Carlos Monzón despachó a los tres y logró el Cinturón Eduardo Lausse, un certamen –no oficial– organizado por el promotor Juan Carlos Lectoure, titular del Luna Park.

Con estos triunfos, más la firme insistencia de Brusa, tuvo la chance de enfrentar al porteño Jorge José Fernández, titular del cetro nacional de las 160 libras. El sábado 3 de septiembre de 1966 y, en su 40ª pelea, Carlos le GPP 12 (unánime) al Torito de Pompeya –quien disputaba la 113ª y cayó en el 4º round– y obtuvo el título argentino mediano.

El sábado 10 de junio de 1967, Monzón le volvió a GPP 12 a Fernández y, ahí, le arrebató la faja sudamericana de los 72,574 kilos. Entonces, Lectoure comenzó a realizar distintas gestiones para poder obtener una chance mundialista, mientras lo programaba con distintos rivales extranjeros para ir fogueándolo. Hasta que, la tan ansiada posibilidad titular, por fin llegó…

En la lluviosa noche del sábado 7 de noviembre de 1970, Monzón se consagró campeón mundial mediano unificado AMB-CMB tras noquear en el Palazzo dello Sport de Roma al italiano Giovanni Nino Benvenuti en el 12º round con un derechazo que, aún hoy, nos sigue haciendo erizar la piel. Escopeta –bautizado así por su biógrafo personal, el periodista santafesino Julio Juan Cantero– alcanzó la gloria y se convirtió en el cuarto monarca argentino –tras Pascual Pérez, Horacio Accavallo y Nicolino Locche– y el primero en coronarse en Europa.

Retendría 14 veces sus cetros –11 en el exterior y solo tres en el país– y, su brillante serie de 14 defensas exitosas, fue igualada 24 años y un mes después de su retiro, el 29 de septiembre de 2001, por el estadounidense Bernard Hopkins; asimismo, recién fue batida luego de 24 años, cinco meses y cuatro días de su adiós a los rings, el 2 de febrero de 2002, también por el moreno oriundo de Filadelfia.

Monzón fue el primer argentino en ingresar al International Boxing Hall of Fame –Salón de la Fama del Boxeo– situado en Canastota, Nueva York. También integra el Salón de la Fama del Consejo Mundial de Boxeo, en México, DF. En 1972 se alzó con el Olimpia de Oro, otorgado por el Círculo de Periodistas Deportivos de la Capital Federal, y fue el primer deportista santafesino en lograrlo.

En 1973, la Asociación de Cronistas de Boxeo de Estados Unidos lo distinguió como Boxeador del Año, y recibió este premio en Nueva York. Es considerado uno de los más grandes medianos de la historia, junto a Ray Sugar Robinson, Harry Greb, Stanley Ketchel y Marvin Hagler y, también, uno de los más grandes latinos de todos los tiempos, junto con Julio César Chávez y Roberto Durán.

Entre el 6 de febrero de 1963 –cuando debutó– y el 30 de julio de 1977 –cuando realizó su último combate– su récord profesional fue de 87–3–9–1 SD (59 ko), con un 87 % de victorias. Si a las mismas les sumamos los nueve empates y el combate sin decisión, de las 100 veces que Escopeta subió a un ring para disputar una pelea, ¡en 97 bajó del mismo sin perder!

Asimismo, de ese centenar de combates, en 21 de ellas (el 21 %, poco más de la quinta parte de su campaña), disputó un título de las 160 libras. El detalle es el siguiente:
–Mediano de la provincia de Santa Fe: solo realizó un combate por esta faja. Fue el viernes 4 de febrero de 1966, en el Club Atlético Unión de nuestra ciudad, y le GPP 10 (unánime) al rosarino Ramón Dionisio Rocha. Nunca expuso dicha corona.
–Argentino mediano: Monzón peleó dos veces por el cetro nacional de los 72,574 kilos. El sábado 3 de septiembre de 1966 le GPP 12 al porteño Jorge José Fernández en el Luna Park y se alzó con el mismo, que expuso una vez, el miércoles 11 de febrero de 1970, cuando le GKO 6 al platense Antonio Oscar Aguilar en Mar del Plata.
–Sudamericano mediano: Por el mismo realizó tres peleas. El sábado 10 de junio de 1967, en el Luna Park, le GPP 12 a Jorge José Fernández y le arrebató dicho cetro, que retuvo dos veces: el viernes 10 de enero de 1969, en el Club Unión de Santa Fe, le GKO 9 al uruguayo Ramón Orrico y, el sábado 27 de septiembre siguiente, le GKO 6 al brasileño Manoel Severino en el Luna Park.
–Mundial mediano: es el cetro por el que más peleó. Fueron 15 choques por el mismo, y los ganó a todos. El sábado 7 de noviembre de 1970 le GKO 12 a Nino Benvenuti en Roma, se coronó campeón unificado AMB-CMB, y realizó 14 defensas exitosas, hasta que anunció su retiro el lunes 29 de agosto de 1977 en el Sheraton Hotel de Buenos Aires. El sanjavierino fue monarca indiscutido mediano durante seis años, nueve meses y 22 días.

“¡Qué bueno es tu negrito, Brusa! Ninguno le puede pegar, y, encima, los rompe de a poco y los martiriza. Tu pupilo es lo más práctico que vi”, señaló Angelo Dundee –entrenador, entre otros, de dos fenómenos como Muhammad Ali y Ray Sugar Leonard– tras el combate del 9 de febrero de 1974, en París, donde Escopeta le GKOT 7 a su pupilo, el cubano-mexicano José Ángel Nápoles.

Años después, el legendario técnico estadounidense ratificó sus elogios al santafesino: “Boxeadores perfectos hay muchos y cada uno tiene su gusto pero, si me preguntan y cuenta mi opinión, para mí ese boxeador se llama Carlos Monzón”.

Su presencia era sinónimo de caos vehicular en Roma o París, cuyos tráficos paralizaba. Disfrutó de las fastuosas recepciones que le brindaron príncipes, magnates y presidentes, de interminables noches en el Lido o el Moulin Rouge de la Ciudad Luz, de las fiestas organizadas por su amigo Alain Delon y, también, fue modelo, actor de cine, entrenador, vivió una mediática relación con Susana Giménez, le adjudicaron mil romances más, viajó por el mundo y se bebió todos los vientos, rodeado de infinitos lujos que borraron las necesidades con las que había venido al mundo.

Se casó con la modelo uruguaya Alicia Muñiz y tuvieron a Maximiliano Roque, quien nació el 28 de diciembre de 1981. La desgracia dijo presente en la madrugada del domingo 14 de febrero de 1988, en Mar del Plata, cuando su última esposa murió y, el 3 de julio de 1989, cuando tenía 46 años, diez meses y 26 días, Monzón fue condenado a 11 años de prisión por homicidio simple.

Pero, sin ánimo de polemizar con la discriminación sobre cuestiones de género o de la violencia contra la mujer –execrables por donde se las miren–, a más de 31 años de la muerte de la última esposa de Carlos, solo Dios sabe qué fue lo que realmente pasó en el balcón del chalet de Pedro Zanni 1567 de la ciudad atlántica. Como magistralmente lo definió el reconocido colega y escritor Enrique Martín en su obra En este rincón – Historias seleccionadas (Ediciones Cinco, Buenos Aires, 2000, página 63), “el sueño de una sociedad que olvida todo menos su ombligo, terminó en otra pesadilla con una esposa sin vida, una jueza sin testigos, un fallo de argentinos”.

El domingo 8 de enero de 1995, cuando estaba muy cerca de saldar su deuda con la sociedad y gozaba de libertad condicional que le permitía salir del penal de Las Flores, murió en un accidente automovilístico a la altura del Paraje Los Cerrillos, en el kilómetro 51 de la ruta provincial Nº 1, la misma por donde había llegado a Santa Fe más de 40 años atrás. Había muerto el hombre, pero nacía su leyenda la cual, a medida que transcurre el tiempo, se agiganta cada día más.

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