Con 14 títulos (’21, ’25, ’27, ’29, ’37, ’41, ’45, ’46, ’47, ’55, ’57, ’59, ’91 y ’93), la selección nacional se ubica segunda en la tabla de los más ganadores, solo por detrás de Uruguay, con quince títulos. Además, se ubica primero en la tabla histórica de la competición, con 119 partidos ganados, 39 empates y 31 derrotas, aproximadamente el 70% de los puntos, una barbaridad en cuanto se refiere a una competencia que lleva más de un centenario disputándose.
Los números disfrazan un presente “engañoso” en cuanto a títulos: la Selección Argentina no obtiene un título en mayores desde hace 26 años, y perdió las últimas siete finales que disputó en torneos oficiales: la Copa América de 2004, 2007, 2015 Y 2016, junto a la Copa Confederaciones 1995 (Rey Fahd) y 2005, y la Copa Mundial 2014. Desde sus comienzos como seleccionado, es la peor racha de su historia.
Desde ya, la meta es más que clara, aunque desde las entrañas del equipo argentino, no se tomen como candidatos: la necesidad imperiosa de un título es inminente, ya que los tiempos corren, las generaciones pasan, y las vitrinas modernas comienzan a agrietarse. Todo un país espera la consagración definitiva de la celeste y blanca, y de su máximo exponente: Lionel Messi.



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