Por Sebastián Castillo
Es el partido del hincha. Donde se pone en juego el honor futbolero y donde comienza el ciclo floklórico que durará hasta el próximo encuentro. Nunca es un partido más… siempre quedan secuelas, consecuencias, porque perder un clásico jamás es gratis aunque sólo valga 3 puntos como los demás cotejos.
Unión y Colón representan el amor y la pasión. A pesar del antagonismo los une lo mismo que los enfrenta: el fútbol. Son células incompatibles que conviven dentro de la misma ciudad pero clasificadas por colores diferentes. Representan un paisaje pintoresco que enamora a los amantes de este deporte pero llevado al límite entre racionalidad e irracionalidad provoca mucho daño convirtiendo la rivalidad en odio, construyendo un Lado B que todos combatimos. Es un partido de fútbol y aunque parezca trillado, no nos va la vida con él.
Los dos llegan tras ganar el partido anterior pero con matices diferentes. Mientras Unión busca aún su formación estable, Colón encontró la base de nombres que conforman su 11 titular.
Unión en recuperación y con más presión
Madelón debió convencerse que este “nuevo” Unión ya no es “aquel” aunque pretenda serlo. Sin hacer comparaciones se fueron muchos jugadores que fueron indispensables y llegaron varios que aún deben acreditar sus aportes al equipo. Un arranque alentador con empate ante el campeón en su casa y victoria ante el subcampeón, produjo una seductora idea de que a pesar de los cambios nada había cambiado.
La verdad del fútbol son los jugadores. Los primeros en afirmar este axioma son los entrenadores. Cuando los técnicos adquieren más importancia de la debida se corre el riesgo de perder el rumbo, vale decir, ningún equipo va a ganar un partido por el solo hecho de que el DT lo anuncie previamente. Tampoco va a recuperar lesionados si los tiempos médicos indican otra cosa. Quizás, en su afán de atraer las críticas hacia su persona para ponerse como escudo de un equipo que está en formación, Madelón salió con discursos poco recomendables en el mundo del fútbol, convirtiéndose más en un pronosticador que en un conductor dispuesto a superar los obstáculos. El mal momento futbolístico, los malos resultados, lo pusieron tan incómodo que se vio obligado a bajar un mensaje tranquilizador aún cuando no tenía todas las respuestas. Lo desbordó la ansiedad y quiso “salir del pozo de un solo salto”.
Unión deberá asumir su mayor grado de responsabilidad y de presión no sólo porque es local sino porque el partido representa lo más importante que tendrá de aquí hasta fin de año. Y porque en el competitivo juego de las comparaciones, su eterno rival “minimiza” las presiones del clásico por su condición inédita de finalista de la Copa Sudamericana.
Colón es todo confianza
De menor a mayor, sin llegar a brillar pero forjando su destino. Los resultados positivos en el plano internacional y la Copa Argentina provocaron un efecto derrame en el torneo doméstico. Con un técnico que cambió silbidos por elogios producto de un trabajo silencioso en medio del descontento y la reprobación, clasificó la información de su propio plantel para tomar decisiones riesgosas en pos de preservar energías dada la cantidad de compromisos a afrontar en las diferentes competencias.
Pablo Lavallén también estuvo dispuesto a escuchar y cambiar. Estiró el plantel empleando dos equipos capaces de competir, lo que revitalizó el ánimo de jugadores que se ven muy recuperados. Colón encontró el camino de lo que pretende como equipo: solidez defensiva con una zaga central fuerte, un mediocampo ordenado, combativo y más dinámico con una delantera que conjuga talento y definición. Nada del otro mundo pero mucho de lo que un equipo necesita para revertir una imagen que hasta hace poco tiempo lucía muy desalentadora.
El carácter y la personalidad individual produjo el click para la mejoría colectiva. Se percibe claramente que el mismísimo “Mundo Colón” le saca presión al equipo de cara al derby por la histórica final que aguarda en Asunción pero pensar que un clásico da lo mismo o es un partido más, es un grave error. No hay ningún lugar para subestimar el compromiso del domingo en el 15 de Abril sin obviar que el Sabalero no gana de visitante desde el 14 de Mayo de 2018.
Por el fútbol, por Santa Fe
Cuidemos el clásico. Cada uno desde su lugar. Con el respeto a pesar de la rivalidad para que el amor siempre venza al odio. No hay enemigos, sólo adversarios. Y más allá de los temores futboleros, de ese ejército de hormigas que recorre los cuerpos de unos y otros, tener en claro que “si la pesadumbre de la derrota manda, fugaz como una nube se irá, porque el mismísimo lunes sabremos que hay domingo siguiente y hay revancha”.


Dejá tu comentario