domingo 8 de diciembre de 2019

Policiales | Narcotráfico |

Fútbol, un club fantasma cerca de Rosario, narcos y en el medio Don Julio

La historia de Patricio Gorosito, ex representante de jugadores y ex presidente del Real Arroyo Seco, que fue condenado por narco. Antes de morir dijo que era testaferro de Grondona.

“Cumplí mi parte, Gordo”, dijo Julio Grondona. Patricio Gorosito respondió con un sonido raro, una especie de graznido, que era una risa de aprobación. Y lo miró de reojo. Estaba algo nervioso y agitado. Iba a jugar por primera vez en las grandes ligas. El viento sur molestaba. Levantaba tierra y pasto, pero colaboraba a empujar las nubes negras que amenazaban mojar los costillares de ternera que asaban al costado de la cancha cuatro hombres disfrazados de gaucho desde las 9 de la mañana.

Gorosito esperó a que el presidente de la AFA se adelantara y le diera la bienvenida formal a Joan Laporta, entonces presidente del Barcelona FC. No estaba cómodo con ese saco cruzado que había comprado hacía dos años en Vincenzo, en la peatonal de Rosario. Pesaba 140 kilos y no conseguía abrocharlo.

Ese hombre desalineado, buscavidas, que hasta hace unos años vendía vinos en damajuana en una camioneta en Arroyo Seco era la contracara de ese catalán que vestía un traje Armani y había llegado al pueblo de 2 mil habitantes a 20 kilómetros al sur de Rosario, con un Audi negro blindado. El dinero y los negocios disimulaban las diferencias.

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Gorosito le mostró el club que había construido la empresa Emprendimientos Deportivos, de Mariano Ayerza, yerno de Don Julio. Pasearon por el hotel cuatro estrellas, que hasta ahora sólo había usado con su amigo y mano derecha Héctor Roberto. Le indicó a Laporta que el predio tenía siete canchas de fútbol de entrenamiento, todas iluminadas y un estadio con capacidad para 12 mil espectadores que podían disfrutar de los partidos sentados en butacas que había comprado en Madrid.

Ahora comenzaba otra etapa. Hacer circular del dinero del verdadero negocio que había tejido con el abogado Carlos Salvatore que era el contrabando de cocaína a Europa. Habían comenzado en 2005, y todo iba de sobre rieles.

“¿Tienen muchos hinchas?”, preguntó el catalán. Grondona y Gorosito esquivaron el tema. De ciertas cosas no era necesario hablar, aunque tampoco esconderlo, sino hacerse el distraído. Real Arroyo Seco no tenía un solo hincha; los socios que figuraban en el padrón eran todos truchos. Grondona necesitaba un nuevo Arsenal para canalizar negocios y el Gordo, su socio, debía limpiar mucho dinero.

El plan original era quedarse con el Atletic de Arroyo Seco, el club histórico de la zona, donde habían jugado al fútbol los hijos de Gorosito. El Gordo se presentó como candidato en 2002. Prometió que iba a construir un estadio y que el club iba a llegar al Argentino A, gracias a la mano que le iba a dar su amigo Don Julio, pero perdió por seis votos.

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El plan B era comprar un predio cerca del templo de los Testigos de Jehová, a unas cuadras de la autopista Rosario-Buenos Aires para construir su propio club. Y así lo hizo. Ahora comenzaba otra etapa. Hacer circular del dinero del verdadero negocio que había tejido con el abogado Carlos Salvatore que era el contrabando de cocaína a Europa. Habían comenzado en 2005, y todo iba de sobre rieles.

Y también estaba Lionel Messi, disfrazado con la camiseta del Real Arroyo Seco, que en la parte de adelante tenia la publicidad de Katrina, el restaurante que Salvatore, el jefe de la banda narco, había comprado en Miami.

Con la chapa del Barcelona y de Laporta, y la infraestructura del Real Arroyo Seco, comenzaría la fábrica de jugadores para ubicar en Europa. Ya tenía 180, que eran –según Roberto- “diamantes en bruto”. En la inauguración del club, junto a Laporta estaban otros pesos pesados, como Txiki Beguiristan, director deportivo del Barza que después recaló en el Manchester City y Albert Perrín, quien vinculó a Laporta con los clubes del este europeo. Y también estaba Lionel Messi, disfrazado con la camiseta del Real Arroyo Seco, que en la parte de adelante tenia la publicidad de Katrina, el restaurante que Salvatore, el jefe de la banda narco, había comprado en Miami.

Gorosito el día que inauguró el club Real Arroyo Seco, junto a directivos del Barsa y en una jornada de la que participó Lionel Messi.

En sólo cuatro años, Gorosito vendió el club que había construido. En junio de 2008 traspasó el predio de 21 hectáreas a Rosario Central por 16.100.000 de pesos. El diario La Capital publicó por aquellos días que el acercamiento entre Gorosito y el entonces presidente "canalla" Horacio Usandizaga lo había tejido el ex jefe de la policía de Santa Fe Ricardo Milicic.

Los tres protagonistas de esta trama están muertos. Julio Grondona falleció el 30 de julio de 2014. Gorosito partió cuatro años después. Y Salvatore murió en la cárcel de Ezeiza de un problema en el corazón.

A mediados de setiembre de 2015 el tribunal oral federal de Resistencia condenó a 19 años de prisión a Gorosito y a 21 a Salvatore. En uno de recesos , antes de escuchar la sentencia, Gorosito tiró la bomba, con la certeza de que Don Julio no podría tener ninguna represalia contra él: “Siempre fui testaferro de Grondona”.

Nunca se entendió a qué apuntó la confesión periodística de Gorosito. Si escondía una estrategia porque lo investigarían por lavado de dinero, como ocurrió con Salvatore.

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Con lo que se llamó Carbón Blanco, Gorosito y Salvatore fueron durante 10 años los principales traficantes de droga de la Argentina. Los cargamentos de una tonelada de cocaína salían de los puertos de Rosario, Buenos Aires y Campana. La justicia argentina logró detenerlos, luego de que España y Portugal descubrieran que Gorosito y Salvatore enviaban cocaína en cargamentos de carbón vegetal que salían desde una planta en Quitilipi, Chaco. Desde allí la droga venía a Rosario y luego salía por barco.

Por eso se sospecha que el estupefaciente que movía este hombre obeso de Arroyo Seco sirvió para proveer durante una década a todos los grupos de Rosario y la zona.

Uno de los arrepentidos de esta banda en Portugal declaró que a la banda le pagaban con el 10 por ciento de la cocaína “exportada”. Es decir, si salían 1.000 kilos quedaban 100 en Santa Fe. Por eso se sospecha que el estupefaciente que movía este hombre obeso de Arroyo Seco sirvió para proveer durante una década a todos los grupos de Rosario y la zona, y a otros grupos pesados del país, como Deflín Castedo.

Tras desprenderse de su “sueño”, el Real Arroyo Seco, los negocios de Gorosito tomaron otro rumbo, apuntaron hacia el norte. Compró un campo de 3.800 hectáreas en Suncho Corral, Santiago del Estero, para producir carbón vegetal.

Pero en Santiago del Estero, Gorosito no abandonó su pasión por el fútbol, algo que le servía supuestamente (como se investiga ahora) para lavar dinero. En 2011 desembarcó en el club Atlético Mitre, donde era una especie de “manager” en las sombras. Vendía sus contactos con Grondona y ofrecía jugadores importantes para la categoría zonal.

El fútbol lo hacía visible, importante, en ese pueblo pobre de 13 mil habitantes. Lo “invisible” iba dentro de los cargamentos de carbón que exportaba a través de la empresa Agroforestal.

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