lunes 22 de noviembre de 2021
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El papa Juan Pablo I será beatificado: le reconocen un milagro a una niña argentina

El papa Francisco autorizó el decreto que reconoce la curación por intercesión de ese pontífice, que ocurrió en julio del 2011. La fecha de beatificación aún no está definida.

El papa Francisco abrió hoy el camino para la beatificación de Juan Pablo I al autorizar el dictado de un decreto que reconoce un milagro atribuido a la intercesión de ese Pontífice, informó oficialmente el Vaticano. Acaba de reconocer como un milagro la curación inexplicable de una niña argentina que en 2011 se encontraba en estado vegetativo en la Fundación Favaloro. Tras ser desahuciada por los médicos, su madre empezó a rezar a Juan Pablo I y, de la noche a la mañana, la situación de Candela Giarda se revirtió totalmente.

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El papa Juan Pablo I será beatificado

El papa Juan Pablo I será beatificado

Se trata de la curación de una niña de 11 años en Buenos Aires el 23 de julio de 2011, que padecía "encefalopatía inflamatoria aguda severa, enfermedad epiléptica refractaria maligna, shock séptico" y que para entonces estaba al final de su vida, precisó Vatican News. Este paso, que allana el camino a la beatificación, fue dado esta mañana, en el marco de una audiencia de Francisco concedió al cardenal Marcello Semeraro, en la que autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos a promulgar un decreto que reconozca ese milagro.

Según se informó, la fecha de la beatificación, una vez cumplidos estos pasos, será fijada por el Papa. El cuadro clínico de la niña era muy grave, caracterizado por numerosas crisis epilépticas diarias y un estado séptico causado por una bronconeumonía. La iniciativa de invocar al Papa Luciani la había tomado el párroco de la parroquia a la que pertenecía el hospital, del que era muy devoto, se detalló en la información oficial del Vaticano.

El milagro que aprobó el Vaticano

En 2011, Candela Giarda viajó casi 500 km en ambulancia, desde su Paraná natal hasta la Fundación Favaloro. Tras padecer una encefalopatía grave, iba intubada. En este desdichado viaje, la acompañaban su mamá, un médico y una enfermera.

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"No tenía expectativas de vida. Hasta me llegaron a decir que volviera a Paraná para que muriera en mi casa", recuerda Roxana, la madre

“Candela hizo una vida normal hasta los 10 años, que fue cuando se enfermó. Empezó con dolor de cabeza. Yo pensaba que era porque necesitaba anteojos. La llevé al consultorio del pediatra y del oftalmólogo, pero nadie sabía decir qué tenía, porque el único síntoma era el dolor de cabeza. A la semana, Cande comenzó a desmejorar, hasta tener vómitos y fiebre. Cuando la llevé a la guardia, me dijeron que estaba incubando un virus. Cada vez iba empeorando más, hasta que en la madrugada del 27 de marzo de 2011 la llevé al hospital pediátrico de Paraná y quedó internada en terapia. En pocas horas pasó a estar en coma, con respirador. Tenía convulsiones y probaban con distintos anticonvulsivos, pero nada funcionaba”, testimonia la mamá de Candela, que no se separó ni un minuto de su hija. Hace más de 20 años que Roxana Sosa trabaja como empleada en un casino de Paraná. Siempre vivió en Bajada Grande, un barrio obrero. Tras la sorpresiva enfermedad de su hija, la vida de esta jefa de familia de repente dio un drástico vuelco.

Roxana cuenta que peregrinó por sanatorios, hospitales y distintos centros de salud de Entre Ríos, pero nadie sabía explicarle qué tenía su hija. La monitoreaban permanentemente, le hacían electroencefalogramas las 24 horas, placas todos los días, resonancias, tomografías. Nada alcanzaba para detectar en qué consistía su rara enfermedad. Incluso, cuando ingresaron a la Fundación Favaloro, no había un diagnóstico preciso. Años después, los especialistas concluyeron que la patología era FIRES (síndrome epiléptico por infección febril), una enfermedad de las consideradas raras, que afecta a una persona en un millón, casi siempre sin posibilidad de sobrevida.

“Desde que llegamos a Favaloro, Cande empeoró en vez de mejorar. No tenía expectativas de vida. Hasta me llegaron a decir que volviera a Paraná para que muriera en mi casa”, recuerda Roxana, conmocionada y con lágrimas, en la cocina de su casa. Los especialistas le decían que, si acaso sobrevivía, la niña iba a quedar en estado vegetativo, ciega.

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