Un paneo “del pasado al presente” que recordara a los pueblos originarios, a los colonizadores y al trabajo de los hombres en la región fue el dibujo escultórico elegido para dotar de simbolismo cultural a la majestuosa obra de ingeniería del Túnel Subfluvial. Pero ese mural en relieve que creó y soñó Miroslav Bardonek nunca fue.
Iba a ocupar 10 metros de largo y 2,30 de alto de la pared de ingreso al túnel del lado de Santa Fe. Así lo aprobaron los integrantes del excelentísimo jurado de la época que lo eligieron en un concurso que realizó la Comisión Semana del Túnel Subfluvial en diciembre de 1969 con motivo de su inauguración el día 13, 50 años atrás.
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El reconocido crítico de arte de Buenos Aires Cayetano Córdova Iturburu, el artista local Luis Sebille y el arquitecto Pedro Sinópoli –quien era director del museo municipal "Juan B. Castagnino" de Rosario- votaron por unanimidad el proyecto de mural que el checoslovaco radicado en Santa Fe había presentado. Bardonek era discípulo del decorador francés Pablo Rouquié y Juan Cingolani y para ese entonces ya tenía una importante trayectoria dentro de la escultura y su obra era reconocida por su estilo abstracto, geométrico y figurativo.
“Por indicación del jurado consideraron que tenía que ser un premio para el artista ejecutor de la obra y luego un subsidio –para llevarlo a cabo-; pero la plata nunca llegó”, comenta Graciela Bardonek al recibir a Aire Digital en el taller de su padre en calle Grand Bourg. Allí se encuentra expuesta la réplica del mural que el artista deseaba esculpir en el ingreso del Túnel.
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“Iba a ser un aporte simbólico de lo que significa el progreso desde la fundación, con el trabajo del hombre en las distintas etapas de la historia y justamente en la entrada al túnel”, destaca la mujer de la obra que tiene en el centro al conquistador Juan de Garay.
Los cambios de gobiernos posteriores diluyeron el proyecto que en un principio algunos plantearon hacer en bronce, pero que por el costo Bardonek pensaba hacer en cemento patinado. Así y todo nunca se incluyó en el presupuesto.
“Si habrá subido y bajado los escalones de Casa de Gobierno para poder concretar el mural…”, recuerda con melancolía la hija de Bardonek, quien incluso luego de un accidente donde perdió una pierna insistió en esculpirlo.
“Él tenía mucha fe de que se haga”, afirma Graciela. Pero la vida de Bardonek llegó hasta 1983, y después de su partida ya nadie volvió a reclamar por ese mural que iba a dotar de arte y cultura a la obra de ingeniería más importante de la época.
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