miércoles 4 de mayo de 2022
La bitácora | Aborto | Salud |

Ella, yo, nosotras

Hay temas que nos dividen y oponen. Como el aborto, donde cada persona con una posición personal adoptada defiende a capa y espada lo que piensa. ¿Se puede modificar una opinión tan radical y casi filosófica? ¿Pueden nuestras creencias personales o religiosas permitirnos ver más allá de nuestra situación personal? Pasen y lean, una charla de bar entre Mafalda y una Susanita que aprendió a escuchar.

La vida muchas veces nos cruza con personas que son verdaderos aprendizajes, y nos muestra realidades que no llegamos a entender hasta verlas cara a cara en esa gente. ELLA sin duda era una. Una militante de las causas imposibles y las luchas revolucionarias que como decía el Che Guevara "y a riesgo de parecer ridículo, siempre estaban guiadas por grandes sentimientos de amor". Y ELLA amaba al argentino más cubano, a Fidel, a Cuba, o se perdía en las palabras de Eduardo Galeano y por eso le costaban los silencios ante la mínima injusticia.

Sus historias como alumna del Colegio Industrial y la "pibada" contrastaban mucho con las mías de mi escuela religiosa. ELLA contrasta conmigo, y por eso fue, es tan importante. Todavía no sé cómo terminó en una Universidad Católica haciendo lío al hacerse la señal de la cruz. Pero éramos amigas, ella era mi Mafalda y seguramente muchas veces habré sido muy Susanita para un montón de cosas, pero sigo luchando todos los días por hacer lo correcto. Y uno va haciéndose camino al andar, y vamos viendo a través de los ojos de otros, y si tenemos suerte de darnos cuenta, nos podemos llegar a volver empáticos con situaciones que creemos no podríamos hacer nuestras, pero, existen. Regalos de la vida.

ELLA se fue a vivir a otro lado, alma inquieta acostumbrada al desarraigo, y se dedicó a conquistar las calles como le había enseñado el Che, a militar la vida haciendo política de la buena en un barrio, escuchando, yendo, viniendo, no parando, peleando desde donde ella creía que se peleaban las cosas para conseguir una sociedad un poco menos desigual.

Nos podemos llegar a volver empáticos con situaciones que creemos no podríamos hacer nuestras, pero, existen. Regalos de la vida.

No me acuerdo hace 20 años haber hablado o discutido con ELLA el tema del aborto. Imagino que ella hubiera estado de acuerdo sin dudarlo y yo no. Fue un tema sobre el que quizá tuve una postura que sostuve de forma privada creyendo que se trataba de mí, de lo que yo creía, de lo que yo haría, lo que yo pensaba, cuando era exactamente lo contrario. Y ELLA me ayudó entenderlo. Recuerdo una charla hace años, no sé si ella lo hará, fueron varias horas. Me habló del laburo que hacían compañeras suyas, de las realidades que veía militando, las historias que llegaban, los pedidos desesperados de ayuda, la clandestinidad del horror que no analiza nada, sólo siente desesperación.

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"No se trata de obligar a nadie a nada, sino de que sepan que el derecho a decidir es de ellas, y nadie más"

"No se trata de obligar a nadie a nada, sino de que sepan que el derecho a decidir es de ellas, y nadie más"

Claro que ELLA es feminista, y forma parte de un movimiento que trabaja en el acompañamiento pre y pos aborto. A través de las redes sociales, con una línea fija, sin poder dar información por teléfono, usando palabras claves. Un mundo invisibilizado pero que existe, y que yo desconocía en sus detalles, pero que ella se encargó de mostrarme. Un lugar donde las mujeres llamaban a un número pidiendo directamente pastillas o preguntando sin preámbulos cómo hacerse un aborto. Crudo pero real. Me contaba de "la tarea titánica de explicarles que el acompañamiento era sí o sí presencial", cómo había que tranquilizarlas, y hacerles entender que "no era así la cosa, que en ese llamado no se daba información, sino que se pautaba un encuentro". Yo solo escuchaba y preguntaba.

Me habló de la "Protocola", el derecho a la información, a la atención, y cómo la mayoría no sabía siquiera que el aborto ya estaba permitido judicialmente en ciertos casos.

"- La Protocola? -" la frené para que me aclare (tarea nada fácil porque habla hasta por los codos). "Sí, una entrevista. Preguntas sobre la situación... por qué quedó embarazada. Una charla donde también se relevaban situaciones de violencia de género u obstétrica, pudiendo visibilizar incluso si estaban siendo violentadas. Se tomaba mate, siempre teníamos unas galletitas, éramos dos o tres. Después se hacían preguntas sobre su salud y sus creencias. Todas contaban situaciones tremendas y malas experiencias, ni hablar relacionadas sobre la salud reproductiva".

Terminaba de entender lo que ellas ya sabían de antes, que no se trataba de uno, sino del otro. De permitir igualar.

Me contó que cuando venían a las charlas, ya tenían que traer una ecografía para saber el estado del embarazo. Corrían contra el tiempo, que eran las 14 semanas. Que todo fue cambiando, del Oxaprost al Misoprostol, de las charlas en clave con palabras prohibidas hasta una realidad un poco más digerida. "En ningún momento dábamos por sentado que la mujer iba a abortar, nosotros queríamos darle información, que si decidían avanzar, fuera por una decisión de ellas, informadas, preparadas, contenidas y por eso es que recién ahí, se las vincula con los centros de salud, donde están los profesionales de la Red por el Derecho a decidir; no es que le damos las pastillas ni hacemos lo que queremos. Y por eso los encuentros presenciales son fundamentales, para ayudar y generar estadísticas de una realidad que existía y existe".

"Lo nuestro era dar tranquilidad de que nada malo les va a pasar, que no se van a ir al infierno, cuando muchas veces, es el infierno en vida lo que estaban viviendo. Chicas que se descomponían hablando y contando sus historias, llorando de dolor". Mientras, yo pensaba en mis ideas y creencias, y terminaba de entender lo que ellas ya sabían de antes, que no se trataba de uno, sino del otro. De permitir igualar, a la que no tenía ni una persona confiable con quien hablar con aquella que tenía los 2 mil dólares que le cobraron a otra amiga por hacer lo mismo, tras una situación donde era víctima de una violencia que la llevó a eso.

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Lo que hoy empezamos a vivir no debe separar plazas, sino unir.

Lo que hoy empezamos a vivir no debe separar plazas, sino unir.

Y este 30 de diciembre hablé con ELLA. Me dijo "el llanto que viste es por lo que charlamos, por poder salir del ostracismo, no morirse. Porque solamente quien estuvo con esas mujeres, que no son tus amigas, que son personas que se te cruzaron temblando de miedo y vomitan su vida en una charla pueden entender, que no se trata de obligar a nadie a nada, sino de que sepan que el derecho a decidir es de ellas, y nadie más".

Lo que hoy empezamos a vivir no debe separar plazas, sino unir. Los que tomaron la lucha de la aprobación de esta ley como una forma de igualar y garantizar derechos para todos sin distinción de clase, educación, dinero, ni nada con aquellos que vieron en esta norma el dolor del ataque a sus creencias, religión o convicciones por la afrenta de la interrupción voluntaria del embarazo. La prohibición nunca impidió que las mujeres decidieran poner en riesgo su vida por no poder enfrentar la llegada de un hijo, y las estadísticas con las historias de vida, demostraron que sólo hizo que todo empeorara. ¿Podemos ponernos en esa situación? Seguramente muchos tendrán una respuesta fácil y rápida, y yo tendré la mía, pero la ley debe brindar una respuesta para todas. Que no obligue, que no imponga, sino brinde las mismas oportunidades, en un país donde ni siquiera se puede hacer cumplir lo que la justicia sí permite en casos extremos.

"No se trata de obligar a nadie a nada, sino de que sepan que el derecho a decidir es de ellas, y nadie más".

En las últimas horas el arco político argentino entendió lo mismo que yo esa noche. Que no vivimos en una sociedad de iguales, y que este era un tema que generaba algo que solo quien está en una posición de desventaja lo sabe. Que yo puedo suponerlo, pero no lo sé, y que por eso también nos obliga a que esto sea el comienzo del camino y no el final. Porque las luchas de celestes y verdes no deben terminar, sino encontrarse y por qué no potenciarse, con algo tan simple pero complejo como escuchar. Y si bien quizá para todos no sea el ideal, si sabemos hacerlo o trabajar juntos quizá podamos vivir un poco mejor, entre todos, todos los días. Aunque suene utópico y nos obligue a salir de nuestra zona de confort, desde donde juzgamos todo mirando de lejos.

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