martes 10 de mayo de 2022
La bitácora | Humor |

El día de la marmota

2020 sin dudas será para todos, un año inolvidable, que nos puso a prueba como sociedad, como familias, como personas y cuyo resultado –, diría la filósofa contemporánea Karina Olga- lo dejo a tu criterio. Luchi Trinchieri nos hace entrega de una nueva entrada para La Bitácora.

Desde marzo, los argentinos vivimos nuestro “día de la marmota”, en un bucle de tiempo que casi se convirtió en una trampa, donde no un hechizo, sino un virus, nos condenó a repetir una y otra vez nuestros días, sin que pudiéramos siquiera pensar en un futuro mayor a una semana. Pero para los que no vieron esta joyita (que está en Netflix y YouTube, búsquenla) paso a resumirles.

Phil Connors (un absolutamente maravilloso Bill Murray en ese papel), es un arrogante y mala onda meteorólogo de televisión que acude a un pueblo de Pensilvania, un 2 de febrero para cubrir una tradición folclórica anual del lugar: que una marmota adivine cuándo terminará el invierno. En la película, Connors vive todos los días, por 10 años, ese 2 de febrero como parte de un hechizo de tiempo.

El trailer de El día de la marmota

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Y todo lo que hace para cambiarlo es en vano. Cada día a las 6 de la mañana se despierta en la misma cama del mismo hotel, con la radio emitiendo la misma canción –I Got You Babe, de Cher – y el mismo mensaje de los locutores –"¡excursionistas, arriba!"– recordando a todo el mundo que hoy es, una vez más, el Día de la Marmota. Sólo cuando muchos, muchos días después Phil aprende a ser humilde, empático y comprensivo, consigue la redención y logra romper ese círculo vicioso. Un mensaje, para algunos casi espiritual, de redención, filosófico.

El covid nos dijo "no" a los abrazos, a los besos y las caricias sin alcohol.

Llevamos 8 meses viviendo los efectos de una enfermedad mundial que ha mostrado, como toda situación extrema, lo mejor y lo peor de nosotros; reacciones solidarias o absolutamente irresponsables, de preocupación por el otro o de indiferencia total. No podemos ni debemos encontrarnos con los seres más cercanos que queremos y nos dan esa contención emocional que tanto necesitamos. No podemos planear encuentros, ni juntadas. El covid nos dijo "no" a los abrazos, a los besos y las caricias sin alcohol. No sabemos qué pasará con los festejos de Navidad y Año Nuevo, ni pensar en vacaciones, las clases del año que viene. Ninguna situación apta para ansiosos. Ni hablar para quienes la pelean en su trabajo, cualquiera que sea, sin saber qué va a pasar con ellos. Un invierno largo que nadie anticipó y que ninguna marmota ni ardilla gorda nos puede predecir cuándo terminará.

I Got You Babe - Sonny and Cher Top of the Pops 1965

Resistimos con paciencia, enojo, ira, angustia este momento cíclico que no nos permite proyectar más allá, ni armar planes, sólo vivir el día a día escuchando repetidamente los números de contagios, de fallecidos, la cotización del dólar que sube (no importa cuando leas esto), que todo aumenta, que la plata no alcanza, que el mundo vuelve a desesperarse por un bicho que no pueden controlar pero que cómo nosotros nos creemos inmunes a todo, pensamos que es problema de los italianos y que acá nos mienten, y el porqué, tiene su respuesta depende el lado de la grieta donde te encuentres.

La culpa siempre es del otro, y mientras “a mí no me toque”, no me afecta. Como pensaba Bill Murray en su papel antipático. Recién cuando se cansó de explotar su egocentrismo, logró escapar de ese bucle de tiempo que lo hacía revivir una y otra vez todo, como un purgatorio en la tierra. Quizá pase por ahí: dejar de pensar un poco en uno mismo y de odiar al otro, de repensar el presente, sin creer que vamos a cambiar el mundo, pero sí (y por qué no) estos días iguales de los que nos quejamos sin remedio.

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