Rosario es una ciudad agujereada. Casi ningún edificio estatal queda sin ser baleado, blanco de atentados. Esta vez la bala perforó la sede de los tribunales federales, ubicados en Oroño y Rioja, en el corazón del centro de Rosario. El proyectil traspasó la garita que está enclavada detrás de la reja de ingreso en calle Oroño. Allí no había nadie a las 3.20, cuando se produjo el atentado. Los efectivos de prefectura, según contaron funcionarios de la justicia federal, estaban dentro, probablemente durmiendo. Por eso, nadie se enteró hasta que los empleados empezaron a llegar al edificio, cerca de las 7.30 de la mañana.
Lo llamativo era que, en teoría, en los edificios de la justicia federal de Rosario se había reforzado la seguridad luego de que en una causa judicial que lleva adelante el fiscal Javier Arzubi Calvo llegara información a través de una testigo de identidad reservada de que dos presos alojados en el penal de Ezeiza, como Mario Segovia, conocido como el Rey de la Efedrina, y el narco Julio Rodríguez Granthon –expiloto de avión de nacionalidad peruana- tramaran atentados de alto impacto en Rosario, incluso con un coche bomba, según el expediente al que tuvo acceso Aire de Santa Fe. Arzubi Calvo comunicó de esta situación a la Cámara de Apelaciones de Rosario y a la Procuración General de la Nación. Lo mismo hizo ahora, y dio intervención en la investigación a la Unidad de Antiterrorismo de la Policía Federal.
El interrogante es si los controles se relajaron porque no encontraron evidencias de la posibilidad de un atentado, que finalmente se concretó aunque no se sabe aún quién lo tramó, o si hubo fallas en la custodia del edificio. El fiscal Arzubi Calvo tiene previsto tomar declaración a los efectivos de Prefectura que estaban de guardia. Otro punto de esta trama es que tampoco la policía de Santa Fe intervino. Una persona que baleó un edificio ni siquiera fue perseguida. Lo hizo caminando, con parsimonia, ante la seguridad de que nadie lo iba a detener.
Las cámaras de seguridad del edificio de calle Oroño registró el momento del ataque. Según señaló el presidente de la Cámara de Apelaciones de Rosario Aníbal Pineda el atentado se produjo a las 3.20 de la madrugada. “Se lo ve a un hombre disparar que llega caminando”, apuntó en diálogo con Aire de Santa Fe.
Fuentes de la justicia federal advirtieron que los empleados “están consternados” por este hecho. “Se sienten desprotegidos ante esta situación de extrema gravedad”, aseguró un alto funcionario del tribunal. Es la primera vez que un edificio del fuero federal es blanco de un ataque. Hasta ahora la mira de los tiradores había estado puesta en la justicia provincial, sobre todo en el Centro de Justicia Penal, que fue baleado en varias oportunidades y estuvo vallado en un radio de dos manzanas hasta hace dos meses.
Rosario se transformó en una ciudad donde todo puede ser blanco de las balas. Los disparos cargan mensajes que no necesitan ningún texto para explicar nada. El pánico supura de manera instantánea y queda como una leyenda inscripta a sangre y fuego. Desde 2018 los edificios públicos se transformaron en un blanco elegido por los narcos para generar terror, expresar que con poco –un muchacho en moto con una pistola- se puede causar un impacto grande, con la garantía de que en el momento nadie será atrapado. Esta vez le tocó por primera vez a un edificio de la justicia federal, hasta ahora indemne de los balazos.
Desde mayo de 2018 se produjeron más de 20 ataques a tiros contra edificios públicos, entre ellos, el Centro de Justicia Penal, el Servicio Penitenciario, la fiscalía de Rosario, el Concejo Municipal y ahora el Distrito Sur, además de las residencias de magistrados. Es una mecánica que se repite ante la escasa prevención.
Entre el viernes 2 de setiembre y el domingo 4 de ese mes fue atacado dos veces el Centro Municipal Distrito Sur. Primero rompieron los vidrios a piedrazos y dejaron mensajes escritos en un papel arrugado y con birome, y dos días más tarde prefirieron disparar y destrozar los blindex del ingreso al edificio. A la par, el viernes desde una moto dos mujeres arrojaron panfletos con amenazas a los fiscales Pablo Socca y Matías Edery. Los mensajes estaban firmados por “La Mafia”, algo que parece una corporación del miedo y que sus protagonistas cambian. "Guille Cantero controlá a los gatos, Matias Cesar Pino. Los picudos que están batiendo la cana. Atentamente La mafia". Antes era el propio líder de Los Monos el que firmaba como La Mafia, pero ahora son sus detractores o competidores los que usan el mismo apelativo, lo que muestra la anarquía del mundo criminal rosarino.
Esta nueva modalidad de poner en la mira de las pistolas a los edificios públicos nació en mayo de 2018, cuando Cantero decidió expresar su bronca en las calles, luego de que la entonces ministra de Seguridad Patricia Bullrich decidiera “sacar” al líder de Los Monos de Santa Fe. Esta metodología de sembrar terror lo copiaron otros grupos, incluso también el rival de los Cantero, Esteban Alvarado. Lo que aparece como la principal hipótesis del ataque al edificio de la justicia federal de Rosario es que buscó generar conmoción, pánico. Se sabe que con muy poco –un hombre con una pistola- se puede provocar un caos mayor.
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