La bajante extraordinaria del río Paraná parece instalada ya en el paisaje litoraleño, atravesado como nunca antes por una merma del caudal de este poderoso río que nace en Brasil y que pulveriza récords a medida que pasa el tiempo. Según explicó Juan Borus, hidrólogo del Instituto Nacional del Agua (INA), si se toma en cuenta la escala de medición del puerto rosarino (la más antigua del sistema), se puede concluir que una situación como la actual “no tiene antecedentes registrados” ya que hace casi tres años que, salvo algunas ventanas temporales esporádicas, el nivel del agua no supera los 2,40 metros.
"Es la escala más vieja que tenemos, nunca se modificó y tiene registros creíbles desde febrero de 1884", hace casi 140 años (138 para ser exactos). "Estamos ante un fenómeno de características extraordinarias por su magnitud y su persistencia, estamos ante el estiaje más largo de la historia desde que tenemos registros confiables" explicó el experto.
Aguas bajas
Borus detalló que se suele tomar para cada sección del río en general, y para cada escala en particular, un valor de lectura que funciona como umbral para marcar cuándo el agua está por debajo de un promedio considerado como bajo. En el caso de Rosario siempre se usó la medida de 2,40 metros como referencia para la navegación, a modo de altura crítica. “Si bien para esta bajante que comenzó a sentirse fuerte en marzo de 2020 hubo mejoras parciales con el río por encima de los 2,40 metros, se trató de algo fugaz y luego volvimos a estar por debajo de ese nivel”.
La bajante afectó tanto al ambiente como a los usos humanos del río. Las poblaciones de peces vieron afectados sus ciclos reproductivos ya que se secó buena parte del valle de inundación, donde estas especies se refugian, alimentan, reproducen y crecen. También produjo inconvenientes en el riego de cultivos (como pasó con el arroz en el norte de Santa Fe) y tensionó al máximo la captación de agua dulce para su potabilización. Además, potenció el problema de los incendios en las islas y los de contaminación del agua, ya que se redujo la capacidad del río de dilución de los afluentes crudos o industriales.
Sin cambios en el futuro cercano
Tras un repunte durante el otoño pasado, el Paraná en todos sus tramos volvió a niveles de aguas bajas este año, el tercero seguido. Por el momento, tal como señaló Borus, no se ven perspectivas de cambios importantes al menos hasta el final de la primavera. “Este fenómeno por ahora no tiene final a la vista, podemos hacer pronósticos hasta finales de noviembre, pero no sabemos qué pasa luego. La variabilidad climática complica la capacidad de pronosticar a más largo plazo, hoy es imposible ver la salida del túnel”, agregó.
Las escasas lluvias registradas en toda la extensión de la cuenca del Paraná, más un fenómeno Niña todavía presente, mantienen las condiciones de sequía en la región. Un indicador clave es el caudal del río, cercano a los 10.100 metros cúbicos por segundo en la actualidad, muy lejos de los 17.300 metros cúbicos por segundo del promedio histórico.
A la altura del Complejo Hidroeléctrico Yacyretá, en 2021 el caudal afluente medio anual fue 8.500 m3/s, el tercero más bajo de la serie 1901-2020, después de 1944 (7.400 m3/s) y 1934 (7.900 m3/s). para julio pasado, este caudal fue de 8.600 m3/s, el 77% del caudal promedio para el mismo mes según los promedios históricos (11.171 m3/s).
Bajante del río Paraná y cambio climático
En relación a esta bajante extraordinaria y el proceso de cambio climático que afecta al Planeta, el ingeniero hidrólogo dijo que todavía no se pueden hacer afirmaciones certeras y que hay que esperar para poder establecer esa relación de manera científica. “Estamos en un escenario muy contrastante con lo que vimos durante los últimos 30 o 40 años y es difícil sacar conclusiones rápidas”, señaló.
Borus se mostro “sorprendido” por lo prolongado de la bajante. “En enero de 2021 hubo un par de eventos de lluvias que cayeron sobre zonas de respuestas rápidas en la zona de Misiones, en el extremo este de Paraguay y en la cuenca del Iguazú. Tuvimos la impresión que podía cortarse la bajante, pero enseguida vimos la evidencia de que no. Esperábamos un otoño pobre en precipitaciones, y así fue”
El último informe hidrológico de la central Yacyretá menciona que la ausencia de precipitaciones, principalmente en la parte alta de la cuenca del Plata/Paraná, está en el origen de la disminución considerable del caudal de los ríos Paraná y Paraguay. Estas condiciones de sequía en la cuenca “han sido las peores desde 1944”. “Regiones del sur y sureste de Brasil se enfrentaron a las peores sequías de las últimas nueves décadas. Argentina, Brasil y Paraguay decretaron emergencias oficiales por sequía durante el 2021”.




