Realidad versus expectativas, urgencias versus negocios, necesidades versus posibilidades. Son muchos los ejes sobre los cuales transitarán este año los debates de alto nivel que tendrán lugar en la Conferencia de Partes para el cambio climático (COP) 28, la gran cumbre global sobre el clima que de forma paradójica se hará en Dubai, un jugador top de la producción de petróleo, el combustible de origen fósil que es el símbolo de todo lo que está mal a la hora de hablar de calentamiento del planeta.
Los datos duros no dejan lugar a demasiadas interpretaciones: 2023 terminará como el año más cálido a nivel planetario al menos desde que hay registros, la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera están en un punto máximo y los récords de temperaturas máximas no paran de acumularse.
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En ese escenario, líderes políticos, empresariales, académicos y representantes de la sociedad civil intentarán avanzar con una agenda de acción que ayude a que la suba de la temperatura global no exceda los 1,5 respecto a niveles preindustriales.
Discutirán de qué forma se puede abandonar el uso de los combustibles fósiles y aumentar de forma considerable las energías renovables y abordarán un tema central: el financiamiento de todo eso.
¿Qué son las COP?
A partir de este jueves 30 de noviembre y hasta el 12 de diciembre, en Dubai (Emiratos Árabes Unidos), tendrá lugar la Conferencia de Partes para el cambio climático (COP) de Naciones Unidas, una reunión de altísimo nivel que se celebra cada año donde los países negocian políticas vinculadas al cambio climático.
Este año, la agenda gira en torno a la transición energética (pasar de los combustibles fósiles a las energías renovables), la financiación climática, las soluciones basadas en la naturaleza y el balance mundial del Acuerdo de París, cuando se estableció que el umbral de calentamiento que no se debe superar es el de 1,5 grados.
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La COP es el órgano supremo de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (1992), que estableció algunas normas para la cooperación global. Por lo general van presidentes y delegaciones de cada país, organizaciones no gubernamentales y líderes empresariales.
Una de las COP más importantes fue la de 1997, cuando se estableció el Protocolo de Kioto, que comprometió a los países industrializados a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Otra fue la de Paris en 2015, donde se firmó un acuerdo para limitar el calentamiento global “muy por debajo” de los 2 grados, con 1,5º como meta.
La agenda de la COP 28
Según el temario difundido desde la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la agenda de trabajo de la COP de este año hará eje en una transición energética “justa y equitativa” hacia las energías renovables que reduzca emisiones antes de 2030, con el fin de limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.
También aparece como objetivo “poner a la naturaleza, las personas, las vidas y los medios de subsistencia en el centro de la acción climática, lo que incluye ayudar a las comunidades más vulnerables a adaptarse al cambio que ya se está produciendo”.
Para eso es clave “cumplir las viejas promesas y establecer el marco para un nuevo acuerdo en relación con la financiación”. “La financiación de la lucha contra el cambio climático debe ser asequible, accesible y estar disponible para los países en desarrollo”, explica el documento previo al inicio de la cumbre, que también busca “ser la COP más inclusiva de la historia de un modo que garantice que las decisiones y los debates, así como la forma de aplicar las soluciones, sean realmente inclusivos y se realicen en colaboración con los pueblos indígenas y las comunidades locales”.
Finalmente, se buscará “realizar un balance mundial para analizar en qué estado se encuentran sus objetivos y compromisos respecto al Acuerdo de París y qué falta para alcanzarlos”.
América Latina y Argentina
¿Cómo llega Sudamérica a esta gran cita anual sobre el clima? La región reúne el 40% de la biodiversidad mundial, el 25% de los bosques y un gigantesco potencial para la producción sustentable de alimentos, por lo que se trata de países imprescindibles para hacer frente al cambio climático.
Esto no quita las asimetrías que existen: la región explica menos del 10% a las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), pero -por lo dicho anteriormente- sufre en gran medida sus efectos negativos, con daños y pérdidas que superan el 2% del PIB anual, tal como pasó con la última sequía argentina.
El cambio de gobierno en el país y la postura negacionista del presidente electo Javier Milei respecto al clima dejan a Argentina en una posición estratégica muy debilitada. Desde el gobierno saliente informaron que a la cumbre irán la secretaria de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación, Cecilia Nicolini, y la directora Nacional de la misma repartición, Florencia Mitchell.
La postura argentina se centrará en la agenda de financiamiento sobre la base del concepto de “responsabilidades comunes, pero diferenciadas”, que establece que no todos los países tienen la misma responsabilidad sobre el cambio climático, y que los países periféricos (que han contaminado poco) deben recibir financiamiento de las grandes potencias (que han contaminado mucho) para enfrentar las consecuencias del calentamiento.
Por su parte, el gobierno entrante, liderado por La Libertad Avanza, no enviará representantes a la cumbre, en el medio de una incertidumbre total respecto a su política en materia ambiental.
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