Cada nuevo año, la evidencia sobre el calentamiento del planeta suma datos empíricos y series estadísticas que corroboran lo que los científicos vienen anunciando desde la década de los 90 del siglo pasado: la acción humana ha modificado la atmósfera de la Tierra generando un efecto invernadero que altera el funcionamiento de los equilibrios naturales y se expresa en una mayor temperatura promedio global respecto a niveles pre-industriales, con múltiples consecuencias como sequías, olas de calor y temporadas más intensas de incendios forestales. La crisis climática global es una realidad incontrastable y está en aumento.
Esta semana se conoció el informe anual para 2022 del Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, que señala que Europa vivió el año pasado el verano más caluroso desde que hay registros (algo que ya confirmaron los servicios meteorológicos de España y Reino Unido) y que, a nivel global, los últimos ocho años fueron los más calientes desde que se comenzó a llevar una estadística confiable.
Fue así que la temperatura global promedio anual en 2022 fue 0,3 grados centígrados superior a la del período de referencia 1991/2020 y estuvo casi 1,2 grados por encima del período de referencia de 1850/1900, que es considerado como representativo del nivel preindustrial. Con estos valores, se puede afirmar que 2022 fue el quinto año más caluroso desde que hay registros, lo que viene a completar una serie que ya lleva ocho años seguidos registrando valores récords de temperaturas global promedio.
El planeta en llamas
El continente europeo atravesó entre junio y septiembre su verano más cálido desde que existen registros, con varias intensas y prolongadas olas de calor que afectaron más que nada el oeste y el norte. Las temperaturas medias estuvieron tres grados por encima de la media en el noroeste de Siberia y, entre varias otras regiones con temperaturas pronunciadas por encima del promedio, también estuvo el suroeste de Europa.
Las altas temperaturas y la escasez de precipitaciones generaron una situación de sequía, más marcada en el sur y el centro de ese continente del hemisferio norte, lo que tensionó los sistema agrícolas, el transporte fluvial y la gestión de la energía. A eso se sumó la multiplicación e intensificación de los incendios forestales en países como Francia, España, Alemania y Eslovenia, que registraron las mayores emisiones de gases contaminantes por incendios forestales de los últimos 20 años.
La península antártica, en el extremo sur del globo terráqueo, también atravesó un año con valores que alcanzaron o excedieron los dos grados por encima del promedio. En cambio, las temperaturas estuvieron muy por debajo del promedio en el Pacífico oriental tropical, lo que explica el tercer año consecutivo de Niña en la región central de la Argentina.
Primeros registros regionales
Aunque todavía se están procesando los datos nacionales del año pasado y aún no se publicó el informe anual, ya existen datos relevados por el Servicio Meteorológico Nacional respecto a lo que dejó 2022 en materia climática en el territorio argentino. Por ejemplo, ese organismo informó que diciembre pasado fue el quinto diciembre más cálido desde 1961, sobre todo por la presencia de una ola de calor registrada entre los días 4 y 12 de ese mes que dejó diferentes récords de temperatura para ese mes en localidades como Las Lomitas (Formosa) con 45,3 grados, Santiago del Estero con 45,3, Orán (Salta) con 45, Tartagal (Salta) 44,2 grados, Tucumán 44 y Santa Rosa de Conlara (San Luis) con 41,2 grados centígrados.
Mientras que las ciudades que padecieron durante mayor cantidad de días esa ola de calor fueron Córdoba (durante 9 días), San Martín (8 días) y Río Cuarto (7 días).
En relación a las lluvias, las últimas semanas del año pasado acentuaron la situación de déficit de precipitaciones e intensificación de la sequía en gran parte del centro, norte y noreste de la Argentina, donde ciudades del Litoral como Corrientes y Paso de los Libres registraron el diciembre más seco de los últimos 62 años.
Glaciares en crisis
A los datos difundidos por Copernicus se suma una investigación publicada en los primeros días de enero en la revista internacional Science que afirma que la Tierra podría perder entre el 26 y el 41 de sus glaciares terrestres –sin contar los que están en Groenlandia y en la Antártida– durante este siglo, según los esfuerzos de mitigación del cambio climático que haga cada país en los próximos años.
Para el estudio, los científicos analizaron a través de simulaciones por computadora el impacto de cuatro cambios de temperatura media global (1,5 grados, 2 grados, 3 grados y 4 grados) en los 215 mil glaciares terrestres del mundo. Según esa investigación, aun el mejor de los escenarios (un aumento de 1,5 de la temperatura global) significa perder más del 25% de la actual masa glacial.
Los glaciares son importantísimas reservas de agua dulce y alimentan las cuencas hidrográficas de los territorios donde se encuentran. Además, son el sustento de una serie de actividades económicas que van de la agricultura al turismo y son un aporte clave a las economías regionales.

