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Jorgelina Hiba | Cuenca del Plata | Cambio climático |

La Cuenca del Plata atraviesa la peor sequía desde 1944

Así lo establece el informe "Estado del clima en América Latina", que presentó esta semana la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los científicos advierten que en este crítico escenario influye el cambio climático.

Río bajo, incendios en todo el valle de inundación y el Delta del Paraná, campos secos, rindes agrícolas mermados. La postal se repite, este invierno, por tercer año seguido. Y tiene que ver con algo a lo que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ya le puso un nombre: la peor sequía de la región de la Cuenca del Plata desde 1944, cuando el mundo estaba preocupado por la Segunda Guerra Mundial.

El dato es parte del reporte “Estado del Clima en América Latina y el Caribe 2021” presentado esta semana por esa organización, que sistematiza datos sobre la crisis climática en curso con tres conclusiones alarmantes: el aumento de la temperatura, los niveles récord de deforestación y el marcado retroceso de los glaciares.

“América del Sur es una de las regiones que requiere un refuerzo en los sistemas de alerta temprana para lograr una adaptación en zonas expuestas a fenómenos extremos”, explicaron desde el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), organismo que participó de la Conferencia Técnica de la Asociación Regional III que tuvo lugar en Cartagena de Indias (Colombia).

La evidencia científica es clarísima: el cambio climático amplifica los problemas sociales, económicos y ambientales. Una de las herramientas para anticipar esos fenómenos y reducir sus daños son los sistemas de alerta temprana, “fundamentales para lograr una adaptación eficaz en zonas expuestas a los fenómenos meteorológicos, hidrológicos y climáticos extremos”.

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La bajante del río Paraná también dejó fotos históricas en la ciudad de Rosario.

La bajante del río Paraná también dejó fotos históricas en la ciudad de Rosario.

La región húmeda, sin agua

Uno de los puntos sobre las cuáles se trabajó en la conferencia fue el déficit de lluvias que desde mediados de 2019 afecta a una amplísima región del sudeste de Sudamérica, más puntualmente a las cuencas del río Paraná y del río de La Plata. “Es considerada la peor sequía desde 1944 y la agricultura se vio seriamente afectada, lo que provocó un impacto económico a nivel regional”, dice el documento, que detalla que los daños a la agricultura causados por la sequía redujeron las cosechas.

Se estima que, en América del Sur, las condiciones de sequía provocaron un descenso del 2,6% en la cosecha de cereales de 2020-2021 con respecto a la temporada anterior, dejando pérdidas millonarias.

Celeste Saulo, la directora del SMN, indicó que la sequía y la bajante de los ríos ha sido uno de los fenómenos de mayor impacto económico y ambiental en América del Sur en años. “Para Argentina, la bajante histórica del Paraná puso en absoluta crisis la navegabilidad de una de las vías más importantes para el comercio regional”, sostuvo.

Desmonte Chaco
La deforestación, que agrava el impacto del cambio climático, sigue a toda máquina en el norte argentino y en Brasil.

La deforestación, que agrava el impacto del cambio climático, sigue a toda máquina en el norte argentino y en Brasil.

Mayor riesgo climático

Los fenómenos meteorológicos extremos impactan cada vez más sobre la naturaleza, las sociedades y las construcciones sociales humanas, como la economía. El documento de la OMM afirma que sólo en el período 2020/2022, en la región de América Latina y el Caribe se produjeron 175 desastres. De esa cantidad, el 88% se debieron a causas meteorológicas, climatológicas o hidrológicas. “Esos peligros fueron la causa del 40% de las muertes registradas debidas a desastres y del 71% de las pérdidas económicas”, afirma el trabajo.

Durante la conferencia, Petteri Taalas, el secretario general de ese organismo internacional, dijo que las sequías, las olas de calor, los ciclones tropicales y las inundaciones “provocaron la pérdida de cientos de vidas, graves daños a la producción agrícola e infraestructura y el desplazamiento de la población”.

Esto último es particularmente importante, ya que aún no se habla demasiado de un concepto como el de migrante climático: “Hay familias que, ante fenómenos meteorológicos severos, se desplazan, pierden sus hogares, sus hijos pierden su engranaje cultural en sus ámbitos sociales y comunitarios. Esas familias se encuentran en crisis. Los números son muy impactantes y tenemos que tomar conciencia de la necesidad de anticiparnos con mejores sistemas de alerta temprana”, agregó Saulo, del SMN.

Tendencias

El documento presenta varios datos relevantes sobre diferentes variables relacionadas a la evolución del clima durante los últimos años en la región: el primero tiene que ver con la temperatura, ya que la tendencia al calentamiento continuó en 2021. Entre 1991 y 2021, las temperaturas aumentaron un promedio de 0,2 °C por década, frente a los 0,1 °C de aumento que tuvieron las décadas entre 1961 y 1990.

En relación a los glaciares, se perdió un 30% de superficie de glaciares en los Andes Tropicales desde 1980. “La reducción de la masa de agua dulce aumenta el riesgo de escasez de agua para la población y los ecosistemas” destacaron desde la OMM. Otro indicador preocupante es el nivel del mar, que desde 1993 se incrementó unos 3,25 milímetros al año en la Costa Atlántica de América del Sur, lo que amenaza a un porcentaje muy alto de la población de varios países.

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Los eventos climáticos extremos, como los huracanes, son más frecuentes en la región del Caribe.

Los eventos climáticos extremos, como los huracanes, son más frecuentes en la región del Caribe.

La “megasequía” que castiga a la zona central de Chile ya es histórica y se mantuvo por decimotercer año consecutivo, lo que la convierte en la más prolongada de la región e incrementa la crisis hídrica del país.

En la región del Caribe (Atlántico norte), la temporada de huracanes del Atlántico de 2021 fue la tercera más activa. Se registraron 21 tormentas con nombre, incluidos siete huracanes, y fue la sexta temporada consecutiva con más huracanes de lo normal. Por el lado de las precipitaciones extremas, en 2021 en Brasil ocasionaron crecidas repentinas y deslizamientos de tierra. En los estados de Bahía y Minas Gerais las pérdidas fueron estimadas en 3.100 millones de dólares.

Finalmente, los datos de deforestación son demoledores: en 2021 la selva amazónica de Brasil perdió un 22% más de superficie forestal que el año anterior y se duplicó la deforestación con respecto al promedio de 2009-2018, para alcanzar su nivel más alto desde 2009.