Los casos de dengue estallaron durante las últimas semanas en el centro norte de la Argentina, con al menos 14 provincias que registran circulación viral de esta enfermedad, que en el primer tramo del año ya afectó a casi 40 mil argentinos y provocó máxima alerta sanitaria en países vecinos como Brasil, donde los casos subieron más de un 300% respecto al mismo período del año pasado y más de medio millón de casos en lo que va de 2024.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Latinoamérica es la región del planeta más afectada por esta enfermedad, que el año pasado concentró más del 80% de los casos mundiales con 4.5 millones de casos.
De acuerdo al Ministerio de Salud provincial, en Santa Fe solo en la primera semana de febrero se registraron 525 nuevos casos de dengue y 17 de chikungunya, dos enfermedades que son transmitidas por el mismo vector, el mosquito Aedes Aegypti, que suele vivir y reproducirse en zonas urbanas y que incrementa su población en épocas de calor y mucha humedad.
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El dengue –cuyos síntomas más frecuentes son fiebre alta, dolores musculares, detrás de los ojos y de cabeza, malestar, falta de apetito y manchas rojas o sarpullido en el cuerpo– es un problema sanitario cada vez más preocupante, ya que el calentamiento global y la mayor recurrencia de fenómenos extremos como las olas de calor propician su multiplicación.
Si bien la mayoría de los casos tiene efectos leves sobre la salud humana, el dengue puede ser grave si una misma persona se infecta por segunda vez con un serotipo diferente al de la primera vez.
En 2023 se registraron en Argentina 128.129 casos autóctonos, con 71 personas fallecidas.
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Desde finales del año pasado existe una vacuna contra el dengue aprobada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), que disminuye en un 84 % el riesgo de hospitalización.
La foto del dengue en Santa Fe
Según la última información oficial disponible del Ministerio de Salud de Santa Fe, publicada el pasado 7 de febrero, respecto de las enfermedades transmitidas por mosquitos en la primera semana de este mes se confirmaron 525 nuevos casos de dengue en diferentes localidades del centro, norte y sur de la provincia, con un total de 1.286 casos confirmados de dengue desde noviembre hasta ahora.
Las autoridades de esa cartera señalaron que además de los casos autóctonos, siguen apareciendo casos con antecedente de viaje a provincias con alta circulación como Chaco, Misiones, Formosa y Corrientes.
Durante el mes de enero, 42 personas tuvieron que ser internadas por dengue, una de las cuales requirió cuidados intensivos.
Además, desde diciembre pasado, tanto en Rosario como en Santa Fe, hay circulación viral de chikungunya, con un total de casos confirmados de 48 personas.
Dengue, cambio climático y salud
El cambio climático, una de cuyas expresiones es el aumento de las temperaturas promedio del planeta por causa de la acción humana (sobre todo, por el uso de combustibles fósiles como el petróleo, el gas y el carbón) favorece las condiciones para el desarrollo e incremento en la población de mosquitos. La alteración en los patrones de lluvias y temperatura beneficia el ciclo de vida y la relación directa de los mosquitos con el virus.
También se observa –según publicaciones especializadas como The Lancet Countdown– una correlación entre el cambio climático y el aumento en la distribución geográfica de la enfermedad, ya que algunos eventos climáticos extremos como las sequías, las precipitaciones intensas, las de calor o las inundaciones son más frecuentes e intensos, lo que a su vez se traduce en condiciones más favorables para que los mosquitos se reproduzcan y se propaguen en una zona geográfica cada vez más amplia.
Al efecto del cambio climático se suma, esta temporada, los efectos coyunturales del fenómeno de El Niño, que en esta zona del país se expresa a través de mayores probabilidades de lluvias.
Ya a mediados del año pasado, desde la OMS advirtieron sobre los potenciales efectos de El Niño sobre la salud de los latinoamericanos, con una intensificación de casos de dengue, zika y chikungunya. Así se estableció en un documento llamado “Análisis de la Situación de Salud Pública”, donde se analizan los impactos sanitarios actuales y potenciales a los que pueden enfrentarse las poblaciones vulnerables como resultado del clima.
Alerta a nivel regional
En Brasil se multiplicaron por tres los casos en las últimas dos semanas, un rebrote que estuvo concentrado en algunos destinos altamente turísticos como Río de Janeiro y San Pablo.
Por ese motivo, el gobierno aconsejó a los participantes del Carnaval de Río que se protegieran utilizando repelentes y cubriéndose piernas y brazos de ser posible. Algo parecido ocurre en otros países de la región como Colombia, Paraguay, México y Nicaragua, así como en el resto de Latinoamérica.
El aumento de casos de dengue en Brasil y su coincidencia con los feriados de Carnaval generaron también una alerta en el gobierno uruguayo, que ya advirtió sobre el aumento sostenido de casos de arbovirosis (dengue, zika y chikungunya) en países de la región.
Recomendaciones contra el dengue
Al tratarse de un insecto de hábitos domiciliarios más que silvestres, es clave que las poblaciones de lugares urbanos sigan algunas pautas básicas para poder mantener los ambientes lo más libres posibles de mosquitos que potencialmente puedan transmitir la enfermedad: es importante utilizar espirales, pastillas o insecticidas (siguiendo siempre las recomendaciones del fabricante) o sahumar con plantas secas encendidas (como romero, eucalipto, alcanfor o menta) para alejar a los mosquitos, así como colocar –en la medida de lo posible– telas metálicas o tejidos mosquiteros en puertas y ventanas.
También se recomienda utilizar repelentes comerciales (de extra duración dado la menor frecuencia en que debe aplicarse) o biorrepelentes o repelentes caseros, que se pueden utilizar siempre y cuando no haya un brote epidémico.
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Al mismo tiempo, hay que revisar los elementos que acumulen agua (se puede cambiar el agua de los floreros por arena húmeda) y reducir al máximo los residuos sólidos que puedan convertirse en criaderos de mosquitos, como los envases de alimentos y bebidas no retornables.
En el patio o jardín también se puede hacer mucho: lo primero es vaciar baldes y latas para que no se acumule agua, tapar las botellas con o sin agua, poner bajo techo las cubiertas de neumáticos, mantener tapados los tanques de agua y limpiar diariamente los bebederos de animales (vaciarlos, cepillarlos y volverlos a llenar).





