Vaca Muerta, una de las formaciones de hidrocarburos no convencionales más importantes del mundo, cumple 10 años. Con una década de funcionamiento sobre sus espaldas, la forma de explotar los combustibles fósiles a través del fracking genera controversias y abre un debate sobre sus efectos y consecuencias en términos económicos, sociales y también ambientales.
El fracking es una técnica de extracción de hidrocarburos de ciertas rocas del subsuelo que consiste en la inyección de agua, arena y productos químicos a alta presión en las formaciones subterráneas.
“Desde el comienzo, se prometió como solución económica y soberanía energética. Sin embargo, la realidad muestra que las divisas nunca llegaron, la dependencia energética persiste y lo que abunda son impactos socioambientales en las personas”, alerta un documento difundido esta semana bajo la coordinación del Colectivo de Acción por la Justicia Ecosocial y la Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas.
Esas organizaciones recordaron que las emisiones de Gases de Efecto Invernadero de Argentina -los gases que producen el calentamiento del planeta- se deben en un 48% al consumo interno de petróleo y gas. “A pesar de proyectarse como una fuente de energía más limpia, la explotación de Vaca Muerta aumenta la huella de carbono del país”.
Disparidades sociales y económicas
Desde un registro de análisis económico, este gigantesco yacimiento también plantea dudas, según el documento de las organizaciones socioambientales. “A una década del pacto YPF-Chevron y del inicio de Vaca Muerta, es necesario hacer un recorrido de sus impactos socioeconómicos: estos años están marcados por disparidades económicas, dependencia energética y preocupaciones ambientales”.
Según sus estimaciones, la salida de divisas por intereses pagados a las empresas fósiles fue, entre 2019 y 2020, de alrededor de 4.300 millones de dólares. Por eso plantean que a pesar de las promesas de soberanía y seguridad energética que muchas veces se repiten desde la política, “Vaca Muerta tiene un escenario complejo de desafíos económicos para su crecimiento: la dependencia de los subsidios estatales y la volatilidad de los mercados internacionales de petróleo y gas", indica.
Y añade: "Esto plantea dudas sobre la sostenibilidad del modelo económico del proyecto”.
“Aunque la extracción crece, los altos costos y menores tasas de rendimiento hacen que los hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta no compensen la declinación del convencional”, señalaron. Por otra parte, se trata de un sector hiper subsidiado por el Estado, representando hasta un 2.2% del PBI en 2021.
Impactos ambientales
Según las organizaciones socioambientales, Vaca Muerta también trajo graves impactos sobre el ambiente, como el uso intensivo de agua en una zona de estrés hídrico (90 millones de litros por pozo, en promedio), la generación y acopio de residuos de fracking radioactivos y la inducción de sismos frecuentes en las zonas de extracción.
El informe destaca que en abril de 2022, en el pueblo neuquino Sauzal Bonito, el fracking generó 23 temblores en tan solo 13 días. “Durante años, las campañas de marketing corporativas y gubernamentales buscaron contradecir las denuncias de vecinas, vecinos y organizaciones”.
Según el informe “La basura del fracking en Vaca Muerta”, la cantidad de residuos peligrosos que genera esa forma extractiva “hace que su tratamiento sea imposible”. “La intensidad de explotación inherente al fracking genera altos volúmenes de residuos que se enmarcan dentro de lo que la ley argentina comprende como residuos peligrosos”.
Es que -puntualiza esa investigación-, la explotación de hidrocarburos no convencionales a partir del acuerdo Chevron-YPF en 2013 trajo un crecimiento exponencial del volumen de residuos, cuyo gerenciamiento “era imposible con la infraestructura que el sector tenía”.
“De este modo, miles de toneladas de residuos peligrosos circulan hasta los basureros petroleros, atravesando ciudades, zonas productivas y cursos hídricos vitales para los ecosistemas y el desarrollo humano, con todo el riesgo que esto implica”.
Contaminación del aire
La contaminación atmosférica con distintas sustancias es un enorme riesgo ambiental para la salud humana y una de las principales causas evitables de muerte y enfermedad en todo el mundo. Afecta sobre todo a las franjas sociales y etarias más vulnerables, por eso su efecto es desproporcionado en mujeres, niños y personas de edad avanzada.
En ese marco, los incineradores de residuos peligrosos “son una reconocida fuente fija de emisiones de diversos contaminantes”, por lo que es clave contar con controles exhaustivos, algo que no siempre se cumple en Vaca Muerta.
“La incineración de residuos peligrosos atravesó por muchos problemas de funcionamiento como emisiones de humo negro, pérdida de materiales de carga, pérdida de gases por fuera de la chimenea, cambio de chimenea, funcionamiento parcial de equipos de medición continua de gases, múltiples paradas para solucionar todos estos problemas, incluso la provincia suspendió más de una vez el funcionamiento de los hornos”, alertaron desde el colectivo ambientalista.
A eso se sumó una escasez de datos y mediciones sobre la calidad de aire fuera y dentro del predio con equipos para tal fin, y de datos sobre las emisiones.
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