sábado 29 de enero de 2022
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Malala Yousafzai, en primera persona: el relato del día en que los talibanes le dispararon cuando volvía de la escuela

Era un martes normal y Malala Yousafzai, de 16 años, tenía examen. Cuando salía de la escuela, el transporte escolar se detuvo. Un hombre vestido con ropa clara se acercó al chofer y le preguntó: "¿Quién es Malala?". Ese día cambió su vida.

"El día que todo cambió fue el martes 9 de octubre del 2012...", así empieza Malala Yousafzai relatando cómo fue que los talibanes atentaron contra su vida en Swat (Pakistán), cuando tenía apenas 16 años e iba camino a la escuela Khushal school, fundada por su papá antes de que ella naciera.

Malala iba a a clases seis veces a la semana. Ahí, aprendía a resolver ecuaciones de Química, estudiaba idioma Urdu (lengua hablada en Pakistán e India), o dibujaba diagramas sobre la circulación de la sangre: "La mayoría de mis compañeros querían ser médicos", cuenta la pakistaní en su biografía "Soy Malala".

La mañana del 9 de octubre del 2012 era como cualquiera. La diferencia ese día fue que, en vez de entrar a las ocho de la mañana, tenía que ir a clases a las nueve porque había examen. A Malala no le gustaba levantarse temprano, así que era un buen martes. Su papá la despertó ese día.

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Los talibanes le prohibieron a las mujeres estudiar.

Los talibanes le prohibieron a las mujeres estudiar.

La escuela no quedaba lejos de su casa y Malala solía ir caminando. Pero desde hacía poco había decidido ir en el transporte escolar con unas compañeras. Llegaba a clases en cinco minutos. La joven había decidido que era mejor viajar con amigas a la escuela, así podían ir "chusmeando" cosas y riéndose con el transportista, que les contaba historias divertidas. Otra de las razones por las que ya no iba caminando sola era que su mamá tenía miedo de que los talibanes le hicieran algo, ya que ella siempre pregonaba por la educación de las mujeres y su papá era un estricto opositor al régimen talibán. "Pero los talibanes nunca habían ido por una mujer. Yo tenía más miedo de que lo atacaran a mi papá", cuenta Malala. Al mejor amigo de su padre le habían disparado en la cara cuando iba a rezar.

"No pensaba en defenderme atacándolos porque me convertiría en una terrorista como ellos", dice Malala sobre su posible enfrentamiento con un talibán.

El temor de Malala y su familia era que a ella pudieran hacerle algo cuando regresaba a su casa, ya que los autos no podían transitar la calle de su vivienda porque no estaba en condiciones. Así que ella debía bajarse del transporte y caminas unos pasos hasta su casa. El pensamiento que atormentaba a Malala era ese: imaginaba que los talibanes podían interceptarla mientras caminaba y ya había pensado qué iba a hacer. "No pensaba en defenderme atacándolos porque me convertiría en una terrorista como ellos. Lo que había pensado que haría en ese momento era suplicar por mi vida y decirles, antes de morir, todas mis convicciones: que lo que estaban haciendo estaba mal y que yo solo era una chica queriendo ir a la escuela". Valiente Malala.

transporte escolar malala
Ilustración del transporte escolar en donde viajaba Malala y sus compañeras a la escuela. Sin ventanas, con una lona que cubría a las estudiantes.

Ilustración del transporte escolar en donde viajaba Malala y sus compañeras a la escuela. Sin ventanas, con una lona que cubría a las estudiantes.

A todos sus miedos se los contaba a su mejor amiga, Moniba. Juntas, compartían música de Justin Bieber, les gustaba hablar de las películas de Crepúsculo o de cremas faciales. El sueño de Moniba era ser diseñadora de modas, aunque sabía que su familia no estaba de acuerdo, por lo que les decía que quería ser doctora. "Es duro para las mujeres de nuestra cultura decir que quieren ser otras cosas que no sean maestras o doctoras", cuenta Malala.

Khushal school, la escuela de Malala en Pakistán.
Khushal school, la escuela de Malala en Pakistán.

Khushal school, la escuela de Malala en Pakistán.

En el transporte escolar, que era un Toyota Townace, viajaban veinte alumnas y tres maestras. Tenía tres bancos. Malala iba esa mañana de martes con su carpeta de exámenes aferrada a su pecho y su mochila en sus pies, sentada en el banco de la izquierda. A un costado estaba su amiga Moniba y al otro una estudiante llamada Shazia Ramzan.

Hacía mucho calor esa mañana. "Recuerdo que hacía calor y estaba todo pegajoso", dice Malala. Del lado en el que ella estaba sentada no había ventanas, "solo una lona de plástico a los costados llena de polvo", dice la joven, por donde apenas se podía ver hacia afuera.

El asalto talibán

"Recuerdo que el transporte giró a la derecha en la ruta principal en el puesto de control del ejército, como siempre, y dobló la esquina pasando el campo de críquet desierto", recuerda Malala.

Mientras todo parecía ir normal, el transporte se detuvo de repente. A la izquierda, se veía la tumba de un reconocido ministro de Economía de Swat, cubierta de césped. Y a la derecha, había una fábrica de snacks. "Tal vez estábamos a menos de 200 metros del puesto de control militar", relata.

Un joven vestido con ropa clara paró en frente del transporte e hizo señas con las manos. "Le preguntó al chofer si era el transporte escolar que iba a la escuela Khushal", recuerda Malala. Y sigue: "El chofer pensó que era una pregunta estúpida porque en el transporte decía 'Khushal School'".

El hombre de ropa clara dijo: "Necesito información sobre algunos estudiantes". A lo que el chofer le respondió que debería buscar esa información en otro lado. Él no podía dársela.

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Malala se recuperó de la herida de los talibanes en Inglaterra, en donde comenzó una nueva vida y escribió su biografía.

Malala se recuperó de la herida de los talibanes en Inglaterra, en donde comenzó una nueva vida y escribió su biografía.

Mientras el chofer hablaba con este hombre, otro se acercó al transporte y Moniba pensó que era algún periodista que venía a hacerles preguntas porque Malala era reconocida por sus discursos a favor de la educación de las mujeres en Medio Oriente.

El hombre de ropa clara dijo: "Necesito información sobre algunos estudiantes".

"El hombre vestía con una gorra con visera", recuerda Malala. "Parecía un estudiante", agrega. Se subió a la parte de atrás del transporte, en donde estaba sentada Malala y preguntó: "¿Quién es Malala?". Pero nadie dijo nada. Sin embargo, algunas estudiantes miraron sin querer a Malala, como un acto reflejo. Malala era la única jovencita que no llevaba puesto un velo que le cubriera la cara.

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Malala recibiendo el Nobel de la Paz. La joven se convirtió en un símbolo internacional de la lucha por la educación de las mujeres en su país natal, Pakistán.

Malala recibiendo el Nobel de la Paz. La joven se convirtió en un símbolo internacional de la lucha por la educación de las mujeres en su país natal, Pakistán.

"En ese momento, el hombre sacó una pistola. Era un calibre 45. Algunas chicas empezaron a gritar", recuerda. Moniba le dijo a Malala que sostenga fuertemente su mano. "Mis amigas dicen que fueron tres disparos. Uno detrás de otro. El primero fue hacia mi ojo izquierdo y salió por debajo de mi hombro izquierdo. Caí sobre Moniba, me salía sangre de la oreja izquierda. Las otras dos balas golpearon a las chicas que estaban sentadas al lado mío. Una bala fue hacia la mano izquierda de Shazia Ramzan (que estaba sentada al lado de ella) y la otra fue a su hombro izquierdo, lastimando también el brazo derecho de de Kainat Riaz", detalla la pakistaní en su biografía.

El talibán se subió a la parte de atrás del transporte, en donde estaba sentada Malala y preguntó: "¿Quién es Malala?". Pero nadie dijo nada.

"Mis amigas luego me dijeron que el hombre que tenía el arma en la mano temblaba cuando disparaba", cuenta. "Cuando llegué al hospital, mi largo cabello y el regazo de Moniba estaban llenos de sangre", recuerda Malala, que fue atendida en Inglaterra, en donde estuvo muy grave.

Dos años después de lo ocurrido, en el 2014, Malala Yousafzai recibió el Premio Nobel de la Paz.

“Si se quiere acabar la guerra con otra guerra nunca se alcanzará la paz. El dinero que se invierte en tanques, armas y soldados se debería gastar en libros, lápices, escuelas y maestros”, sostiene.