Priorizando la salud por sobre todas las áreas de trabajo, los gobiernos del mundo han sufrido un fuerte golpe en sus economías. El coronavirus generó un fuerte debate sobre cómo actuar para evitar, en la medida de lo posible, que la pandemia no paralice por completo la actividad productiva de cada país y el consumo de bienes y servicios.
De a poco, los países más golpeados por el virus se organizan para retomar algunas actividades esenciales, no porque el brote de coronavirus haya cesado, sino porque la economía y la supervivencia de la población lo demanda.
El Gobierno español a cargo de Pedro Sánchez acompañó la decisión de reactivar la actividad económica de ese país con el refuerzo de medidas de protección, como el reparto de 10 millones de mascarillas en el transporte público y la publicación de un protocolo de actuación para una vuelta al trabajo más segura. Algunos en España consideran una “imprudencia” y una “temeridad” relajar el confinamiento.
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Este lunes, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sembró dudas sobre la estrategia de Sánchez y pidió que aclare “cuánto, cómo y dónde” se llevará a cabo el reparto de mascarillas anunciado.
¿Qué dicen los expertos?
Los expertos admiten que se juega en el terreno de la “incertidumbre”. “Nadie sabe si prolongar esto cinco días más va a tener un enorme beneficio o si pesará más el impacto económico. Ninguna decisión puede ser fija y radical”, valoró Toni Trilla, epidemiólogo y miembro del comité científico que asesora al Gobierno.
La gran reducción en la movilidad ya se produjo, de hecho, con el primer estado de alarma, cuando el Gobierno limitó los desplazamientos y ordenó el confinamiento de la población en sus domicilios. “Desde el momento en que se dijo que había que quedarse en casa, la movilidad urbana se redujo un 70%. Con el confinamiento total bajó un 10% adicional. Tampoco pasamos del blanco al negro. Ahora puede haber un 10% más de movilidad otra vez y más contagios, pero el otro 70% tiene que mantener las condiciones de antes y no salir de casa”, agregó Trilla, en una entrevista publicada por el diario El País.
La gran reducción en la movilidad ya se produjo, de hecho, con el primer estado de alarma, cuando el Gobierno limitó los desplazamientos y ordenó el confinamiento de la población en sus domicilios.
Otros expertos, no obstante, tienen dudas. La viróloga del CSIC Margarita del Val calificó de “precipitada” la reanudación de la actividad industrial. Los sindicatos sanitarios tampoco lo ven con buenos ojos. “Seguimos a ciegas. Se va a hacer una desescalada del confinamiento sin saber cuánta gente está afectada ni cuántos asintomáticos hay. Puede haber un brote en cualquier momento”, lamentó María José Campillo, tesorera de la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM).
Desde el sindicato de enfermería Satse alertaron de que la vuelta al trabajo puede generar un repunte de casos que deberán asumir “unos centros congestionados y cuando los profesionales sanitarios no tienen, en muchos casos, la protección necesaria para trabajar”. Desde el sector de las residencias, de los más castigados por la Covid-19, la patronal Aeste teme “un repunte de contagios entre los trabajadores de los centros”, agregó su presidente, Jesús Cubero.
Desde el sindicato de enfermería Satse alertaron de que la vuelta al trabajo puede generar un repunte de casos que deberán asumir “unos centros congestionados y cuando los profesionales sanitarios no tienen, en muchos casos, la protección necesaria para trabajar”.
El doctor Benito Almirante, jefe de Enfermedades Infecciosas del hospital Vall d’Hebron de Barcelona, consideró sin embargo, que el debate es más político que científico y apunta que, por un lado, la gente está más concienciada con las medidas de protección y, además, “la carga de enfermedad transmisible también es inferior” respecto a hace dos semanas. Esto es, hay menos personas que puedan contagiar el virus. Lo que falta, a su juicio, es conocer de dónde salen los más de 4.000 contagios que sigue habiendo a diario a España.
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En cualquier caso, ni los que vuelven este lunes ni la propia vuelta al trabajo serán iguales a dos semanas atrás. La conciencia individual sobre la protección se ha instalado, aseguran los expertos, y los ciudadanos están sensibilizados con las medidas de higiene.
“Va a haber una vuelta a la actividad laboral, pero menor que antes y en condiciones más prudentes y restrictivas para reducir contagios”, dijo Trilla. El Gobierno repartirá mascarillas en el transporte público y ha publicado una guía que contempla, además de primar el teletrabajo en los casos en que sea posible y mantener el distanciamiento social, desinfectar los objetos que se hayan usado fuera de casa, como pueden ser las gafas o el móvil.
También se exige el uso de mascarilla entre los empleados que trabajen a menos de dos metros y que las empresas hagan salidas y entradas escalonadas para evitar aglomeraciones.
El impacto económico en la salud de mantener la actividad productiva parada tampoco es un tema menor para algunos expertos. “El confinamiento extremo tiene consecuencias graves. Hay gente que vive al día y después de tanto tiempo parada, no va a tener para comer. Todo esto también tiene consecuencias en la salud a medio plazo y el sufrimiento psicológico dejará secuelas. No se puede minimizar este impacto”, apunta Villalbí.
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“Estamos llegando a una situación donde hay más mortalidad y morbilidad por cosas que no son coronavirus que por la Covid-19. En algún momento el país tiene que volver a funcionar. La sociedad está en una situación donde los problemas económicos serán más difíciles de solucionar que los médicos por el coronavirus. Me preocupa, por ejemplo, la salud de niños y adolescentes, que no han salido de su casa en un mes”, señaló Almirante.
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