Sin embargo, este año el evento está en duda. Según trascendió desde fuentes cercanas al Palacio de Buckingham, el monarca expresó su preocupación ante la posibilidad de no poder llevar a cabo la caza, debido a la escasez de faisanes criados en la finca.
El rey Carlos III, preocupado por una tradición en riesgo
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La práctica, que reúne a distintas generaciones de la familia Windsor, forma parte del entorno cultural y simbólico de la corona británica. No obstante, los encargados de la finca confirmaron que las poblaciones de faisanes se redujeron drásticamente, lo que pone en jaque la continuidad del evento.
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La tradicional cacería de faisanes en Sandringham es uno de los rituales más antiguos de la familia real británica. El rey Carlos III estaría preocupado debido a que la tradición peligra.
Desde Buckingham evitaron realizar declaraciones oficiales, aunque trascendió que se evaluó importar ejemplares de otros criaderos. Finalmente, Carlos III se opuso: “Fue un desastre total. Ni pájaros ni explosiones, solo caras rojas. El rey no lo permitió”, relató una fuente del entorno real.
La situación generó cierto desconcierto dentro de la familia, que cada año intenta equilibrar las tradiciones históricas con las nuevas sensibilidades sociales y ambientales que atraviesan al Reino Unido.