Esta semana se cumple un mes desde que manifestantes de clase media y baja, estudiantes y miembros de comunidades indígenas marcharon en las calles colombianas contra el gobierno de Iván Duque y su reforma tributaria, tornándose más tensa la situación en ciudades del oeste, como Cali, y la región suroeste del país. Tras la escalada de violencia, el Comité Nacional del Paro llegó a un principio de acuerdo con el Gobierno para garantizar los derechos de los protestantes y negociar los reclamos. Pero una gran parte de los colombianos no se sienten identificados por el comité y, aunque con menos intensidad que antes, las protestas siguen. ¿Qué hay detrás del grito de los colombianos? "Hartazgo", dicen.
El sábado último, mientras el Gobierno conversaba con los líderes del Comité del Paro, al menos 41 manifestantes resultaron heridos en Bogotá al ser reprimidos por la policía en un estación del sistema de transporte de la zona capitalina, según la ONG Comisión de Justicia y Paz. Los hechos ocurrieron en la estación conocida como Portal Américas, en el centro-oeste de Bogotá, cuando la policía cargó contra una manifestación de unas 2.500 personas, pero según el secretario de Gobierno de Bogotá, Luis Ernesto Gómez, "pequeños grupos violentos atacaron a la policía y trataron de vandalizar algunos lugares", citó la agencia de noticias AFP.
La ola de manifestaciones dejó más de 50 muertos, según las organizaciones, y centenares de heridos. Oficialmente, la Defensoría del Pueblo da 42 muertos.
"Hay dos escenarios en las protestas de Colombia", analizó David Felipe Rincón, fotógrafo ciudadano de Bogotá que trabajó como fotoperiodista y registró imágenes que reflejan el espíritu del pueblo en las manifestaciones. "Por un lado está la protesta que nace de un sentimiento de indignación y abandono hacia este Gobierno y todos los gobiernos de Colombia", y por otro lado, "están los manifestantes violentos que no se sabe con certeza quiénes los lideran y sus intereses", los que se aprovecharían de la coyuntura para derrocar al gobierno nacional.
"En las protestas hay mucha influencia de los partidos de izquierda, por eso dicen que los líderes como Gustavo Petro promueven el vandalismo y la violencia", aseguró a Aire Digital. "El gobierno de derecha, con Iván Duque al frente y respaldado por Álvaro Uribe (expresidente y líder del Partido Centro Democrático que llevó a Duque al poder) quiere culpar a Petro por los actos de vandalismo, pero lo cierto es que no está comprobado quién puede liderar a los grupos violentos", sostuvo Rincón.
Más allá de la identidad y el propósito de los manifestantes, las protestas masivas podían vislumbrarse desde hace al menos dos años. El punto de quiebre lo expresaron las manifestaciones del 21 de noviembre de 2019, cuando al Comité Nacional del Paro se le unieron comunidades indígenas, estudiantes y civiles demandando soluciones económicas, educativas y de orden público sin ningún tinte partidario.
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"Fueron protestas muy fuertes, pero cuando empezó la pandemia, se acallaron. Es claro que no surgieron con ella, la crisis ya estaba. Lo que hizo la pandemia sólo fue atrasarlas un poco", reflexionó David Rincón en diálogo con Aire Digital. La manifestación resurgió con los mismos grupos que la conformaban dos años atrás, en un rechazo homogéneo hacia la reforma tributaria que pretendía, entre sus puntos más sobresalientes, impuestos a productos de la canasta familiar, aumento del combustible, ampliar la base gravable del impuesto de renta, IVA para los servicios funerarios y los servicios de internet, entre otros. "Era un abuso para la clase media y la baja. Si bien la reforma se cayó, el paro sigue", señaló Rincón. Pero el trasfondo del hastío colombiano es otro. "Colombia ha sido un país muy golpeado por la violencia, el narcotráfico y la corrupción. Y los que gobiernan siempre han sido los mismos", opinó.
Entre las manifestaciones pacíficas y las violentas están las especulaciones político-partidarias. En 2022 Colombia elige nuevo presidente y el desenvolvimiento de este escenario caótico que lleva casi un mes tendrá repercusiones en la próxima cita electoral. "La oposición más fuerte es de Petro, que llegó a segunda vuelta con Iván Duque en 2018. El actual Gobierno es tan nefasto que le está dando muchos adeptos a la izquierda", opinó Rincón.
Mientras tanto, en Bogotá la crisis ya no se refleja tanto en las calles como ocurre en Cali, la tercera ciudad más poblada de Colombia y entre ellas la única con acceso al Pacífico. Allí, los intereses comerciales, las clases adineradas del Valle del Cauca y los reclamos indígenas tiñeron las protestas de un color particular.
Mauricio Morales es periodista independiente en Cali. Según reportó, la situación hoy está "más calmada", pero "todavía hay puntos de resistencia, donde están las barricadas" y siguen los bloqueos, sobre todo en la Panamericana, vía neurálgica que conecta esa ciudad con el sur del país.
A pesar de un mes de enfrentamientos que se van atenuando, en el día a día caleño se observan aún arrestos, marchas pacíficas y personas armadas vestidas de civiles, ante la pasividad del gobierno local. "El gobierno en Colombia es muy centralizado", aseguró el periodista a Aire Digital. "Las alcaldías y gobernaciones de departamentos tienen autonomía para enviar al Esmad (la unidad antidisturbios) o el Ejército a las calles, pero es el gobierno de Duque el que lo ordena", como la orden de despejar las vías de acceso a Cali que dio el ejecutivo el martes pasado.
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Las protestas en Cali "no tienen un mando único", para el periodista, pero sí es de destacar el apoyo de la Minga del Valle del Cauca, es decir, el movimiento de grupos indígenas formados en el sur de Colombia, segregados de las principales políticas del gobierno nacional.
Para Morales, el Comité del Paro no representa la totalidad de los protestantes, y por esto continúan las protestas. "El comité está formado por sindicatos y alguna que otra agrupación estudiantil", por lo que "los que siguen manifestándose son los pobres y sobre todo en barrios populares de Cali".
Con el apaciguamiento paulatino de los enfrentamientos tras el retiro del proyecto de la reforma tributaria, los manifestantes esperan los próximos movimientos del Gobierno de Duque. "Ya se cumpliría un mes de manifestaciones y la gente está un poco desgastada y cansada porque nunca ha tenido fe en el gobierno", señaló Morales. "Si bien ven con buenos ojos el que se haya archivado la reforma, hay más de 50 personas asesinadas por la policía, más aquellas que han desaparecido o sufrido agresiones sexuales. Eso es lo que ahora indigna a la gente y es lo que puede hacer que recrudezcan las protestas", analizó el periodista desde Cali.
Para Juan David Patiño, también "la gente se cansó". En Aire de Santa Fe, el ciudadano de Cali dijo que "veníamos de varios gobiernos con varias denuncias por corrupción". "Colombia tiene unos problemas estructurales muy grandes, como el narcotráfico, una corrupción gigantesca, tenencia de tierras, guerrillas y paramilitarismo. Ahora con la pandemia se agudizaron los problemas sociales y el intento de reforma tributaria fue lo que hizo que la gente saliera definitivamente a las calles", analizó al mostrarse conmovido por su ciudad, "la que más muertos ha puesto" desde que empezaron los violentos enfrentamientos.
Los caleños "están desolados, tristes, les duelen sus muertos como Lucas Villa", recordó David sobre el hombre de 37 años que luchaba por la pacificación de las protestas y fue asesinado con ocho disparos por autores desconocidos. "Eso en la historia de Colombia ya ha pasado y es muy peligroso. Nos puede llevar a unas consecuencias destrozas. Es preocupante y complicado de entender pero hay problemas que vienen de décadas".
Nunca una protesta de semejante magnitud duró tanto en el país, aseguran los testimonios a los que accedió Aire. Aunque esto signifique un quiebre en la historia de la tercera economía más fuerte de Latinoamérica, los colombianos creen que llevará mucho tiempo la recuperación del país. "La transacción va a ser difícil y se vendrán unos años muy duros", expresó David Rincón. Para Patiño, la clave está en el liderazgo político, el que falta tanto en los considerados partidos de izquierda y derecha, y ese problema lo tiene todo Latinoamérica. "Pero me duele mucho mi país, un país muy sufrido".
En las últimas semanas renunciaron los ministros de Hacienda, Relaciones Exteriores, Cultura y el comisionado de paz, Miguel Ceballos, quien considera que las protestas fueron infiltradas por los grupos rebeldes que se financian del narcotráfico.
En paralelo, con el objetivo de mantener la presión sobre el gobierno nacional mientras avanzan las negociaciones, el Comité del Paro convocó a nuevas manifestaciones para el 25 y el 26 de mayo en apoyo a la ciudad de Cali, epicentro de las protestas. En la vereda contraria, empresarios y sectores religiosos convocaron a una contramarcha el martes para pedir el fin de los bloqueos en esa ciudad.
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