El caso de la mujer que mató a sus 5 hijos convencida de que los salvaría de Satanás: "Es la hora, mis niños irán al paraíso"

El caso de Andrea Yates, la enfermera que ahogó a sus hijos en Texas debido a una severa psicosis posparto y el peso del fanatismo religioso.

Andrea Yates y el infierno detrás de los sermones fanáticos.

Andrea Yates y el infierno detrás de los sermones fanáticos.

El 20 de junio de 2001, el suburbio de Clear Lake en Houston quedó conmocionado por un crimen atroz. La policía local recibió el llamado de Andrea Yates, una mujer que confesó de manera mansa haber terminado con la vida de sus propios hijos en la bañera familiar.

El oficial que acudió a la vivienda encontró una escena de terror absoluto. Cuatro cuerpos de los chicos estaban alineados en la cama matrimonial cubiertos por una sábana, mientras que el mayor de los hermanos yacía todavía sumergido en el agua.

Nacida en Houston en 1964, Andrea Kennedy se destacó en su juventud como una alumna brillante y se graduó en enfermería en 1986. Tras casarse en 1993 con Russell Yates, un ingeniero de la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para volcarse de lleno a la crianza de su numerosa familia.

Andrea Yates sufrió un deterioro mental que se agravó tras cada embarazo, mientras un predicador alimentaba sus miedos con sermones sobre el infierno.

Andrea Yates sufrió un deterioro mental que se agravó tras cada embarazo, mientras un predicador alimentaba sus miedos con sermones sobre el infierno.

Andrea Yates y el infierno detrás de los sermones fanáticos

El entorno familiar de la pareja estuvo marcado por el aislamiento y la fuerte influencia de Michael Woroniecki, un predicador extremista. Este hombre difundía una doctrina basada en el miedo, el juicio final inminente y las amenazas constantes de condenación eterna.

Los chicos recibían educación en el hogar para esquivar lo que el mentor consideraba influencias satánicas. Los textos enviados por el líder religioso machacaban una idea peligrosa: las madres injustas criaban hijos destinados a arder en el infierno, salvo que murieran antes de perder la inocencia.

La salud mental de la mujer comenzó a resquebrajarse en 1999 tras su cuarto parto. Fue hospitalizada por depresión posparto severa después de que su marido la encontrara con un cuchillo en el cuello, lo que encendió las primeras alarmas médicas que luego se desestimaron.

Andrea Kennedy nació el 2 de julio de 1964 en Houston, Texas, la menor de cinco hermanos.

Andrea Kennedy nació el 2 de julio de 1964 en Houston, Texas, la menor de cinco hermanos.

El deterioro psíquico y la psicosis posparto

A pesar de las contraindicaciones médicas explícitas sobre el peligro de afrontar un nuevo embarazo, la pareja tuvo a su quinta hija a finales de 2000. La recaída no se hizo esperar y el cuadro clínico derivó rápidamente en alucinaciones extremas y delirios místicos.

La mujer llegó a asegurar que estaba poseída por el demonio y exigió que le afeitaran la cabeza para buscar la marca de la bestia. Los especialistas que la asistieron diagnosticaron esquizofrenia y psicosis posparto, sugiriendo de forma tajante que nunca se la dejara a solas con las criaturas.

La fatídica mañana de junio, su esposo marchó a trabajar confiando en que el relevo familiar llegaría pronto. En ese bache de soledad, la madre sumergió uno a uno a Mary, Paul, Luke, John y Noah en el agua hasta cortarles la respiración.

Los juicios y el presente en el hospital psiquiátrico

En el primer debate oral de 2002, la fiscalía argumentó que la acusada planificó el hecho y entendía la criminalidad de sus actos, obteniendo una condena a cadena perpetua. Sin embargo, el veredicto se anuló tres años después por falsos testimonios de un perito médico.

Para el segundo juicio en 2006, las pericias médicas resultaron contundentes para el tribunal texano. El jurado determinó que la procesada no era culpable por razones de insania, al verse imposibilitada de distinguir el bien del mal en pleno brote esquizofrénico.

Desde el año 2007, permanece internada en el Hospital Estatal de Kerrville. A sus 61 años, rechaza de forma sistemática las revisiones anuales para pedir el alta, eligiendo continuar con su tratamiento médico y confeccionar artesanías que comercializa de manera anónima.

Las más leídas