Un video en el que se ve a policías esposar a una niña negra de nueve años y tirarle gas pimienta en Rochester, en el noreste de Estados Unidos, provocó una ola de indignación ante los métodos utilizados por las fuerzas de seguridad en el país, y la fiscal general del estado de Nueva York consideró “totalmente inaceptable” al nuevo episodio.
La policía de Rochester justificó su actuación alegando que la niña, cuya identidad no fue revelada, sufría una crisis mental y amenazaba con matar a su madre y suicidarse. Los agentes que acudieron al lugar de los hechos reaccionaron esposando a la niña, y al no poder meterla dentro del patrullero, usaron gas pimienta, por lo que se pudo observar en las imágenes de las cámaras, publicadas el domingo por la noche por las fuerzas del orden. Según informaron, los policías tuvieron que actuar de esa manera "para garantizar la seguridad de la niña".
La alcaldesa de Rochester, Lovely Warren, condenó el uso de la fuerza contra los niños y prometió una investigación interna sobre las prácticas de los policías de la ciudad. "Tengo un niño de 10 años. Es un niño, es un bebé. Como madre, este vídeo no es algo que una quiere ver", dijo durante una rueda de prensa.
La situación de los policías del caso de la niña pareció complicarse porque la fiscal general del estado, Letitia James, calificó de "totalmente inaceptable" el uso de la fuerza contra la niña y confirmó que investiga el hecho.
"Lo que ocurrió en Rochester el viernes es profundamente preocupante y totalmente inaceptable. Este tipo de uso de la fuerza y el gas pimienta nunca debe ser desplegado contra un niño, y punto", escribió en la red Twitter la fiscal James, quien considera que “está claro” que se debe poner en marcha una reforma drástica en la policía de Rochester.
Otros hechos racistas en Rochester
Es la segunda vez en menos de un año que policías de Rochester son acusados de actos violentos contra ciudadanos negros. En marzo murió Daniel Prude, que había entrado en coma a raíz de su detención. En ese caso, la policía le había puesto una capucha de tela en la cabeza después de que él escupiera a los agentes y afirmara que tenía coronavirus.
La muerte de Prude, que también sufría una crisis mental en el momento de su arresto, provocó una investigación y manifestaciones multitudinarias.
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