Adrienne Armande Pauline Bolland nació en Arcueil, departamento de Valle del Marne, el 25 de noviembre de 1895, y fue la menor de los siete hijos del matrimonio de Henri André Joseph Bolland y Marie Josephine Elisabeth Françoise Allonie Pasques, oriundos de Bélgica. Sus hermanos fueron Marie Elizabeth Clémence Valentine (nacida en 1883), Benoit Marc Antoine Joseph (1885), Bernardine (1887), Antoinette Anne Marie Germaine (1890), Dieudonné Anne Marie Madeleine (1892) y Edouard Clément Eusèbe Charles Antoine (1894, y que falleció al año).
De carácter firme y rebelde –por el cual la llamaban La Leona–, en noviembre de 1919 se incorporó como alumna en la Escuela de Vuelo Caudron en Le Crotoy –en el departamento de Somme, a orillas del Mar del Canal– y, el 26 de enero de 1920, recibió el brevet de piloto Nº 175.693. Aunque por entonces era impensado que una mujer trabajara como tal, Adrienne se lo solicitó formalmente al director de la escuela, René Caudron quien, para terminar rápidamente con la cuestión, la retó a que efectuara un looping con un G.3: si lo lograba, el avión sería suyo.
Ese día, Bolland realizó dos maniobras consecutivas y se convirtió en la propietaria de dicho biplano monomotor, que fuera ampliamente usado en la I Guerra Mundial como avión de reconocimiento y entrenamiento.
El nuevo reto del pionero de la aviación francesa y fabricante de aeronaves (cuya empresa era la Société des avions Caudron) fue el de cruzar en vuelo del Canal de la Mancha, lo que Adrienne realizó el 17 de agosto de 1920 al mando del Caudron G.3 matrícula F-ABEW.
El 25 de agosto siguiente, Bolland despegó con destino a Londres bajo una intensa niebla, y sufrió una emergencia en vuelo que la obligó a aterrizar en condiciones visuales reducidas en un campo cercano a Lympn, un pueblo del distrito de Folkestone and Hythe, en el condado de Kent, Inglaterra.
De regreso en Le Crotoy, la contrataron como piloto de pruebas –fue la primera mujer en formar parte de la fábrica Caudron– con un salario de 1500 francos más una bonificación de 1,50 franco por kilómetro volado.
Su viaje a la Argentina
Luego de participar en algunos festivales aeronáuticos, Adrienne comenzó a planificar su viaje a la Argentina, ya que en esa época era muy común que arribaran distintas delegaciones comerciales europeas y estadounidenses promocionando a los novedosos aviones, que ayudaron al crecimiento y de la actividad aeronáutica en nuestro país.
Acreditada por el gobierno francés, Bolland llegó a Buenos Aires el 23 de diciembre de 1920 a bordo del vapor de la Compagnie de Navigation Sud-Atlantique SS Lutetia, con cuatro Caudron G.3, todos equipados con motores Le Rhöne de 80 HP.
Se estableció en las instalaciones de la River Plate Aviation Ltd. en el recientemente creado aeródromo de San Isidro y, dos días después, efectuó su presentación oficial con un vuelo sobre Tigre, donde obtuvo fotografías aéreas de la zona del puerto.
Y fue en nuestra tierra donde, precisamente, Bolland tuvo la idea de intentar cruzar la cordillera que separa a la Argentina de Chile. Claro que, por lo muy difícil de la empresa –amén de los prejuicios existentes en ese tiempo por su condición de mujer– no muchos creyeron en que su travesía fuera exitosa.
Pero el 26 de febrero de 1921, Adrienne completó un vuelo de cuatro horas donde alcanzó los 15.912 pies (4850 metros) de altura, batiendo su propio récord logrado en Francia y, a la vez, estableciendo la plusmarca sudamericana femenina.
Además, cada fin de semana deleitaba al público capitalino con sus acrobacias aéreas y, en una de esas exhibiciones, donó todo lo recaudado para las víctimas del terremoto que se produjo en Mendoza a las 18.59 del 17 de diciembre de 1920 y arrojó un saldo de 350 víctimas.
Ya decidida a vencer al gran macizo montañoso sudamericano, desmontó y cargó el G.3 matrícula F-ABEW en un tren de la línea Buenos Aires al Pacífico (BAP) y, el 28 de febrero, ya estaba instalada en Los Tamarindos, Mendoza –actual aeropuerto internacional de El Plumerillo– asistida por los mecánicos René Duperrier y Cochard, este último un ex integrante de la Misión Aeronáutica Francesa que arribó a la Argentina el 6 de septiembre de 1919.
El cruce de la cordillera de los Andes
Desde los inicios de la aviación esta riesgosa travesía fue un enorme desafío, tanto en la Argentina como en Chile. Los primeros que lograron concretarlo fueron Eduardo Bradley y el teniente primero Ángel María Zuloaga quienes, el 24 de junio de 1916, a bordo del globo Eduardo Newbery, unieron Santiago de Chile con Uspallata en tres horas y media.
El 13 de abril de 1918, el teniente Luis Cenobio Candelaria, al mando de un Morane-Saulnier Parasol bautizado Mendoza, voló entre Zapala y Cunco, en Chile, en dos horas y media.
Los desafíos se incrementaban y, el 16 de marzo de 1920, el capitán Pedro Leandro Zanni completó un doble cruce de la cordillera (Mendoza-Santiago de Chile-Mendoza) a bordo de un biplano Ansaldo SVA 5 Nº 1. Por su parte, el 29 de marzo de 1920, Vicente Almandos Almonacid (h), con un biplano Blériot-SPAD XIII, con un motor de 220 HP, unió Mendoza y Valparaíso ¡de noche!
Hasta entonces, ningún aeroplano Caudron había alcanzado semejante logro, por lo que Adrienne fue quien asumió para la empresa el reto de atravesar los imponentes –y muy peligrosos– Andes.
Desde el 28 de febrero en adelante, Bolland realizó varios ensayos y, a partir de las 8 del 31 de marzo, realizó el primer intento de cruce pero, tras haber alcanzado Uspallata, los muy fuertes vientos del Pacífico la obligaron a regresar a Los Tamarindos.
Pero persistente, decidida y valiente, Adrienne haría historia el viernes 1 de abril de 1921. Como su mecánico le adelantó, cerca de las 4, que las condiciones meteorológicas eran buenas, comenzó a prepararse para el nuevo intento de la travesía.
Vestida con un mameluco, dos gruesos pulóveres, tres pares de medias, botas y guantes, con los que debería enfrentar los casi -30º C en la ruta hacia Chile, despegó a las 6.35 y, alcanzada una altura de 4000 metros, se dirigió hacia Uspallata, donde se encontró con enormes cordones montañosos nevados.
Adrienne debió realizar dos virajes para ganar mayor altura y sortearlos; en la segunda maniobra detectó un espacio entre dos paredes rocosas y, aprovechando esta situación, pudo avanzar hacia el lado chileno.
Según consta en documentos oficiales conservados en la Biblioteca Nacional de Chile, la piloto francesa detalló cómo superó este escollo: “En los primeros momentos parecía que iba a estrellarme contra las montañas, pero seguí decidida. La muralla de nubes era tan espesa que hubo un instante en que no vi nada y creí fracasar. Mi pena fue muy grande y ya pensaba en regresar a Mendoza, convencida de la imposibilidad de continuar adelante, cuando alcancé a ver a lo lejos, como una puerta muy ancha, un enorme hueco entre las nubes y montañas. Hacia esa abertura me lancé cerrando los ojos, dispuesta a todo. Y pasé”, recordaría.
Tras volar por Las Cuevas, Caracoles y Río Blanco –a través del Paso de la Cumbre, dejando a la derecha al majestuoso Aconcagua, la montaña más alta de América, de 6962 metros y, a su izquierda, el volcán Tupungato, de 6570–, Adrienne puso proa a Santiago.
Ya sobre el Aeródromo Militar de la Escuela de Aviación de El Bosque, en las afueras de la capital chilena, Bolland sobrevoló el mismo y aterrizó frente a la bandera francesa, mientras era ovacionada por el numeroso público que se congregó en el lugar y, la banda del Regimiento Ferrocarrileros, ejecutaba La Marsellesa.
Habían pasado 4 horas y 15 minutos desde que había despegado de Los Tamarindos y, con 25 años, Adrienne se convirtió en la primera mujer que cruzó los Andes en vuelo.
Totalmente aterida –y con los ojos irritados tras haber perdido las antiparras de vuelo a poco de iniciar su viaje– debió ser bajada del avión, ya que ella no podía hacerlo por sus propios medios. Igual, tras asearse, quitarse parte de la vestimenta con la que hizo la travesía y descansar cerca de una hora, finalmente fue trasladada a la ciudad.
Se hospedó en una casa del centro y, por la tarde, recibió miembros de la colonia francesa residentes en Chile, altos jefes militares, periodistas y otras personalidades. Una de ellas fue el ministro plenipotenciario francés, Hyacinthe Aristide Lefeuvre-Méaulle quien, increíblemente, no había concurrido a esperarla al aeródromo porque creía que lo de la travesía era una broma: cada 1 de abril es el tradicional día de intercambio de bromas en Francia, que se conoce como Poison d’avril (Veneno de abril).
El 5 de abril, Bolland regresó a Mendoza en tren y, el viernes 8, a las 13.30, partió por el mismo medio hacia la Capital Federal, a la que llegó al día siguiente donde, al igual que en Santiago de Chile, fue recibida con todos los honores –además de reconocimientos, agasajos y entrega de distinciones– como la heroína que era.
En junio, Bolland viajó a Río de Janeiro en el SS Lutetia con un G.3 a bordo, ya que pretendía unir dicha ciudad brasilera con la de Buenos Aires, pero tras una serie de inconvenientes, debió aplazar lo previsto y, en julio, regresó a su país.
De vuelta en Francia
Ya en su tierra natal, Adrienne continuó ligada a la actividad aeronáutica y realizó numerosas exhibiciones acrobáticas. La más famosa de todas fue la que brindó en Orly en 1923, donde completó ¡212 loopings en 72 minutos! a bordo del Caudron C.27 matrícula F-AGAP. Por este inmenso logro, fue nombrada "la mujer aviadora más consumada de Francia".
Al año siguiente, el gobierno francés la distinguió con la Cruz de Caballero de la Orden Nacional de la Legión de Honor. Durante una de sus giras conoció al piloto Ernest Jean Baptiste Charles Vinchon, veterano de la Primera Guerra Mundial quien, el 15 de marzo de 1930, se casó en segundas nupcias con Adrienne, y con quien vivió en 5 bis Doisy, en el distrito parisino 17.
A fines de abril siguiente, Bolland protagonizó un espectacular accidente con una pasajera a bordo de un Caudron C.27 cuando perdió los controles de su avión por una falla en los comandos. Entró en un tirabuzón chato y se estrelló contra un hangar en el aeródromo de Le Bourget, destruyendo la aeronave y, afortunadamente, cuando se esperaba lo peor, solo sufrió algunos magullones.
En 1934, su amiga, la periodista Louise Weiss, le pidió su apoyo para la causa para que el voto femenino sea una realidad en Francia. Decididamente comprometida con ello, Adrienne sumó dos aviadoras a esta lucha: Hélène Boucher y Maryse Bastié hasta que, en 1945, hombres y mujeres votaron por igual en Francia.
Bolland participó en forma encubierta en la Guerra Civil Española, que tuvo lugar entre 1936 y 1939 y, aunque Francia se había declarado oficialmente neutral, apoyaba al bando republicano. En marzo de 1942 y, en plena Segunda Guerra Mundial, se enroló con su esposo en la red CND-Castille du Loiret de la Resistencia (con el nombre en clave Toto), cumplió misiones de reconocimiento para encontrar y señalizar futuros campos de aterrizaje sobre la región del Loiret, y alcanzó el grado de capitán de la Aviación Francesa.
Su regreso a Sudamérica
Adrienne volvió a esta parte del mundo en 1961, al cumplirse 40 años del cruce de Los Andes, y lo hizo acompañada por su esposo en un vuelo de Air France. Primero visitó Santiago de Chile y, luego, a bordo de un De Havilland DH.106 Comet 4 de Aerolíneas Argentinas, arribó a Buenos Aires.
En la Capital Federal recibió el diploma de Aviadora Civil Argentina, participó de actos de homenaje en el mausoleo del ingeniero Jorge Newbery –pionero de la aviación nacional– en el cementerio de La Chacarita y, el 8 de abril, fue invitada de honor en la inauguración del aeródromo de Don Torcuato.
En 1971 realizó un segundo viaje para conmemorar el 50º aniversario de su histórico vuelo, y asistió a diversos actos organizados en su honor por las embajadas de Francia de Argentina y Chile en Santiago, Buenos Aires –donde recibió el brevet de Aviador Militar– y Mendoza.
Fue su última visita a nuestro país, ya que Adrienne falleció el 18 de marzo de 1975, a los 79 años, en su departamento parisino en la rue des Eaux, en el distrito 16 y, sus restos, descansan junto con los de su esposo (que murió el 12 de febrero 1966) en el cementerio de Donnery, Loiret, unos 150 kilómetros al sur de París.
El jueves 1 de abril de 2021, Air France celebró el centésimo aniversario del cruce de los Andes por parte de Adrienne con dos vuelos comerciales operados completamente por personal femenino, en sendos Boeing 787 y 777 que despegaron simultáneamente del aeropuerto Charles de Gaulle de París el miércoles 31 de marzo, para aterrizar al día siguiente en Buenos Aires y en Santiago de Chile.
Ambos vuelos fueron tripulados exclusivamente por damas en homenaje a Bolland, quien “no solo marcó un importante hito en la historia de la aviación, sino que también, a lo largo de su vida, luchó por los derechos y el reconocimiento a las mujeres”, destacó Air France en un comunicado.
En su prolífica vida, Adrienne siempre buscó superar los límites y logró lo que nadie pensó que era capaz de hacer. Es más: enfrentó los estereotipos de la época, que la confinaban a cumplir el rol de “mujer” socialmente establecido.
Y, profundamente apasionada por la actividad aeronáutica, definió lo que para ella era estar al mando de un avión: “Lo que viene primero para mí es la libertad. ¡Y éramos libres! Una vez que despegamos, no nos importaba lo que sucediera abajo. No teníamos contacto con la Tierra. ¡No había torre de control, no había nada!”
Merci, mademoiselle Bolland.
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