Por Andrea Romanos
La tregua a la guerra en Colombia, si ya era frágil, pende ahora de un hilo después del anuncio del disidente guerrillero de las FARC, Iván Márquez, de que la facción que lidera regresará a la lucha armada.
En un video difundido en la madrugada del jueves Márquez se ampara en “el derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo de levantarse en armas contra la opresión” y anuncia el comienzo de “la segunda Maquetalia (en referencia al lugar donde nacieron hace más de medio siglo las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).
“Nunca fuimos vencidos ni derrotados ideológicamente. Por eso la lucha continúa. La historia registrará en sus páginas que fuimos obligados a retomar las armas”, continúa el disidente en la grabación de 32 minutos.
Márquez –cuyo nombre real es Luciano Marín– llegó a ser el número dos de la exguerrilla y fue el jefe negociador de las FARC en sus conversaciones con el Gobierno, aunque hace más de un año que permanece en paradero desconocido.
Junto a él aparecen en la grabación una veintena de hombres armados con fusiles y dos líderes de peso dentro de la organización: Seuxis Paucias Hernández, conocido como Jesús Santrich –huído de la justicia y requerido por narcotráfico– y Hernán Darío Vázquez, alias El Paisa, otrora cabeza de la facción Columna Móvil Teófilo Forero.
Aunque se desconoce la localización exacta de los excombatientes, ellos mismos apuntan a que se encuentran en la costa del río Inírida, en el sureste del país, cerca de las fronteras con Brasil y Venezuela. Sin embargo, los servicios de inteligencia apuntaron a que se hallan en territorio venezolano.
Márquez dijo que en su vuelta a las armas buscarán alianzas con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la última guerrilla activa en Colombia con fuerte presencia en la frontera con Venezuela.

El presidente de Colombia, Iván Duque, aseguró después del anuncio que los excomandantes que decidieron retomar la lucha son una “banda narcoterrorista” acusó a su par venezolano, Nicolás Maduro, de darles apoyo en su país.
A última hora de este jueves, Duque también lanzó una orden de captura contra Márquez, Santrich y los otros miembros de la insurgencia. “Ningún país puede albergarlos y por eso avanzaremos en la expedición de las circulares rojas de Interpol”, avanzó.
Heredero político del expresidente Álvaro Uribe, muy crítico de las negociaciones con las FARC, Duque lleva poco más de un año en el poder y una de sus promesas de campaña fue revisar el acuerdo de paz. Sin embargo, reiteró el compromiso del gobierno de acompañar a los más de 11.000 excombatientes que abandonaron la lucha armada en su transición a la vida civil.
“La decisión equivocada de un grupo de personas que traicionaron su compromiso no puede ser suficiente para truncar un anhelo en que confluyen las voluntades de todos los colombianos”, dijo ayer la presidenta de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), Patricia Linares.
“No podemos defraudar la confianza de las víctimas, de la sociedad colombiana, de la comunidad internacional y de los comparecientes que, aunando esfuerzos en pro de la paz de Colombia, han construido una alternativa real y viable para nuestro país“, continuó en declaraciones a los medios.
La Misión de Verificación de la ONU destacó el firme compromiso de la mayoría de hombres y mujeres en proceso de reincorporación, e instó a redoblar los esfuerzos para la implementación integral de lo pactado.
Las FARC, que en otro tiempo fueron la guerrilla más grande del continente, tienen participación en la vida política colombiana y ocupan 10 asientos en el Congreso, tal como establece el acuerdo de paz.
Sin embargo, siempre existieron las disidencias dentro de la insurgencia y el propio Márquez había calificado el abandono de las armas como “una grave error” en ocasiones anteriores. Tanto él como Santrich y Vázquez habían abandonado los espacios de reincorporación alegando inseguridad física y jurídica, lo cual encendió las alarmas e hizo dudar sobre la viabilidad del acuerdo.
Por ahora, no está claro si esta facción rebelde trabaja en colaboración con otras disidencias y si están articuladas bajo algún tipo de liderazgo que pudiera articular el abandono definitivo de la solución pacífica.
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