domingo 16 de enero de 2022
Internacionales Chile | José Antonio Kast | Gabriel Boric

Chile, José Antonio Kast y una marea oscura que recorre el mundo

La ultraderecha o ultraneoliberalismo no es Abascal, Kast o Milei sino una agenda, un estado de la conciencia social hegemónico, el resultado de una derrota cultural inocultable y planetaria. El análisis del último ejemplo: Chile.

"Cada ascenso del fascismo da testimonio de una revolución fallida" / Walter Benjamin.

Es cierto que esta frase de un filósofo judío, brillante y mesiánico suele ser como una perdigonada contra cualquier proyecto político emancipatorio claudicante, reformista o revolucionario y que no es capaz de cumplir sus promesas de pan, trabajo y paz, de bienestar económico con inclusión y justicia social. Pero es un modo para comenzar a explicar lo que aún los populismos, sus encuestadores e intelectuales no asimilan del todo bien.

También es cierto que encubre o minimiza los méritos de los partidos, frentes y líderes que encarnan modelos de gestión política basados en la libertad y la realización individual contra toda planificación estatal para el conjunto, en la identificación de las instituciones representativas burguesas como una casta de privilegiados parásitos y perfectamente inútiles, en la idea de que "la culpa es del otro" (del planero, del negro, del judío, del homosexual, de las mujeres, del comunista), en la certeza de que si cada une hace lo que le da la gana sin mediaciones ni reparo por el deseo del resto, la felicidad será un hecho porque cada une tendrá lo que se merezca.

Para dejar en paz a Walter, sin racistas biologicistas como Hitler o Mussolini al frente de potencias bélicas mundiales, hoy Benjamin estaría espantado y no sabría adónde asilarse. Alternativa para Alemania en su patria natal, Reagrupamiento Nacional en Francia y VOX en España, representan un territorio minado por la militancia del odio en Europa central. En Estados Unidos (adonde buscó escapar con visa en 1940) lo esperarían unos 300 grupos y tres partidos de ultraderecha antiestatistas, xenófobos, que niegan el holocausto judío y están coordinados por Steve Bannon, articulador de líderes ultraconservadores como Le Pen, Bolsonaro, el teatral Milei y nuestra elementalmente alfabetizada Cyntia Hotton.

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Le evolución del proceso electoral en Chile preocupa a los frentes de centro izquierda de todo el continente.

Le evolución del proceso electoral en Chile preocupa a los frentes de centro izquierda de todo el continente.

Para no perder a lectores chimenteros y amigos de lo espectacular, diremos que Benjamin se suicidó con una sobredosis de morfina, en una ciudad fronteriza entre Francia y España, acorralado por el franquismo que iba a entregarlo a la Gestapo. Pero brincando 81 años hacia la actualidad, el drama es Chile, la de O`Higgins, Allende, los hermanos Parra, Enríquez, los Inti Illimani, Dorfman y Neruda. La que hace dos años producía un estallido masivo y radical que transformaba en una antorcha supermercados, administradoras de fondos de pensiones, comisarías y las estatuas de los colonizadores; millares de "cabros" enardecidos por el último abuso del gobierno clasista de Piñera (aumento U$S 1,17 en el boleto del metro) enfrentaron a palo, gas, molotovs y piedras a “pacos” y “milicos”, a las fuerzas policiales y militares diseñadas por Pinochet y que la Concertación jamás hizo nada por transformar y azuzadas por un presidente que declaraba "estamos en guerra" y una primera dama que aseguraba que el gobierno enfrentaba "una invasión alienígena".

Los números detrás del boleto que desató la rebelión del 18 de octubre de 2019 cantan que 11 millones de chilenos (más del 60% de la población total) están endeudados y sobreendeudados para llegar a fin de mes, que la inflación se devora los salarios pulverizando un 15% de su capacidad de compra en 2020, año en que el PBI cayó un 6% y 700.000 chilenos pasaron a engrosar el índice de desempleo (11,9% al último trimestre de 2021). Los privilegios de las elites políticas y empresariales –perfectamente resumidos en los del presidente Piñera- asquearon a las multitudes que renombraron la Plaza Italia o Baquedano que hoy divide en dos a Santiago, como Plaza Dignidad, el kilómetro cero de la más desafiante y multitudinaria revuelta popular latinoamericana de la última década por lo menos y una de las más grandes de la historia de Chile.

Elisa Loncón, mujer e indígena, doctora en Lingüística, preside una Convención Constituyente con paridad de género y el ímpetu original de reformular el marco jurídico nacional pinochetista y cambiar la historia del país. Convención que ha entrado en un letargo inquietante, que debate minucias periféricas, saturada de discursos desbordantes para la historia y que acompaña sesiones enteras con toques de guitarras y aerófonos indígenas. Notas de color para una misión que sigue pendiente y enorme y un proceso completamente desvirtuando.

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En los discursos de Kast hay críticas a lo que define como un

En los discursos de Kast hay críticas a lo que define como un "lobby gay" y una reivindicación de la dictadura genocida de Pinochet.

En un país que efectivamente enterró las aspiraciones de Piñera, su partido y su sucesor Sebastián Sichel (en realidad la derecha y la centroizquierda fueron descalificados por la realidad y el voto de apenas el 47,4% del padrón), ganó en primera vuelta el ultraderechista José Antonio Kast. Hijo de uno de los ministros más encumbrados del dictador y criminal de lesa humanidad Augusto Pinochet, orgulloso exponente de la raza aria y su descendencia alemana y al que –para no preocupar editores– no calificaremos como se merece, por dos muy buenas razones: porque mejor que adjetivar es citar textualmente a Kast y porque desde la restauración neoliberal encabezada por Bolsonaro y Macri, hay palabras como “fascista”, “xenófobo”, “misógino”, “antisemita” o “machartysta” que significan sólo para un puñado de electores ideologizados, ilustrados y urbanos, pero que en las clases populares donde arrasan los nacionalismos de ultraderecha no espantan a nadie.

José Antonio Kast en algunas frases:

- “La moneda se rinde ante una dictadura gay. Las instituciones públicas son de todos los chilenos, no de minorías…", que no serían parte de ningún todo y tampoco chilenos.

- “La de Pinochet no fue una dictadura, díganme si las dictaduras hacen una transición y entregan el poder a la democracia. Eso en Chile se hizo...”, porque la democracia no es el gobierno elegido por el pueblo sino el obsequiado al pueblo por gobernantes de facto.

“Hay que construir zanjas en los perímetros de pasos fronterizos, con torres de vigilancia y apoyo tecnológico para anticiparse al cruce de ilegales...”, que como todes saben son los verdaderos culpables de que les chilenes no encuentren trabajo ni puedan tener educación gratuita ni de calidad en su propio país.

- “Argentina ya nos ha robado suficiente territorio a los chilenos, espero que el gobierno se ponga firme frente a delirios expansionistas de la izquierda radical argentina...”, conducida por un maoísta partidario del imperialismo armado como Alberto Fernández, que se despegó su embajador por decir “lo evidente que no es correcto”.

- “Hay que armar una coordinación internacional para detectar radicales de izquierda, que nos permita detener y juzgar agitadores y activistas políticos...”, es decir una alianza internacional anticomunista con poder de policía coordinada por el gendarme mundial y centro de gravedad política del capitalismo cristiano; es decir Estados Unidos.

- “Hay un lobby gay que busca influir en las personas y desnaturalizar el concepto de familia de los chilenos...”, por lo que habrá que apurarse para obtener la media sanción del Senado que convierta a Chile en el octavo país de Latinoamérica en legalizar el matrimonio igualitario.

Los frentes de centro izquierda latinoamericanos tienen que despabilarse para dar una batalla cultural primero y otra electoral después.

La derrota es cultural antes que electoral

El hecho es que si el Frente Social Cristiano logra centrifugar los votos del Frente Chile Podemos Más y el Partido de la Gente (liderado por un candidato que vive desde hace años en Estados Unidos para eludir la justicia chilena que lo condenó por no cumplir con las pensiones alimenticias de sus dos hijos), lograría más de la mitad del 50% de los votos y no habría modo de que Gabriel Boric y sus aliados progresistas puedan evitar que Kast se erija como presidente. El candidato que pretende el descontento y los aires de cambio de las revueltas de los últimos dos años, debería asegurarse los votos de Yasna Provoste, Marco Enríquez Ominami, de Eduardo Artés y de más de la mitad de los chilenos que no concurrieron a votar el 22 de setiembre pasado. No es imposible pero se parece bastante a una epopeya en el actual estado de cosas.

Aquí en AIRE y hace un par de notas, mencionábamos que algo similar le ocurre al peronismo unido que también fue vencido y que hoy apenas supera un tercio del total de los electores fidelizados. Una cuenta reciente de Artemio López revela que Frente de Todos se ha convertido en una expresión potente sólo en dos circunscripciones electorales del conurbano bonaerense. Juntos por el Cambio tiene el 50% del padrón electoral asegurado (con 14 puntos en PBA, 4 en Mendoza, 10 en CABA y otros tantos en Córdoba y Santa Fe). “Si vos arrancás 25 puntos abajo en el 50% del padrón nacional, te podés sentar a esperar tranquilo los votos de La Matanza, que vas a tener una elección complicada; ese paradigma no va más”, asegura el director de Equis.

Sin leyes que regulen la monopolización de los fierros mediáticos y la pluralidad de voces, utilizando una jerga de corrección política y consumo acotado y confundiendo movilizaciones multitudinarias con expresiones anticipatorias de padrones electorales completos, los frentes de centro izquierda latinoamericanos tienen que despabilarse para dar una batalla cultural primero y otra electoral después. No son movimientos sucesivos sino simultáneos, pero sin la primera, la segunda es cada vez más compleja, sino lisa y llanamente imposible.