La Conferencia Episcopal de Australia anunció que los sacerdotes de ese país estarán obligados a denunciar el abuso a menores que sean revelados durante la confesión, tras una investigación llevada a cabo por el gobierno en la cual se descubrió numerosos casos cometidos en el seno de la Iglesia. La medida fue dispuesta gracias al acuerdo entre la Fiscalía General Estatal y la Federal.
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La Iglesia Católica insistió en que los sacerdotes se verían obligados a desafiar las leyes, y el arzobispo de Melbourne, Peter Comensoli, declaró antes del anuncio de la Conferencia Episcopal que iría a la cárcel antes que romper el secreto de la confesión, pues se trata de "un encuentro religioso de naturaleza profundamente personal, que merece confidencialidad".
El arzobispo Mark Coleridge expresó que si bien apoya cualquier medida que sirva para proteger la integridad de los menores, no cree que acabar con el secreto de confesión para estos casos “sea útil”, pues “los abusadores no buscan la confesión y no la buscarían si supieran que sus delitos serán denunciados”. También agregó que sería “injusto porque establecería por ley una situación en la que un sacerdote no podría defenderse de una acusación formulada contra él”.
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El cardenal australiano George Pell, quien apeló una condena por agredir sexualmente a dos niños que cantaban en el coro de una iglesia, es, hasta ahora, el funcionario católico más importante del mundo en ser encarcelado por abusos sexuales a menores.
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