Pensilvania, Arizona, Georgia, Wisconsin, Nevada, Michigan y Carolina del Norte son los distritos electorales a conquistar, ya que no registran, a priori, un favoritismo nítido por uno u otro partido. El promedio de las encuestas en estos territorios no arrojan tendencias concluyentes, solo ventajas ligeras dentro del “margen de error”.
Casi con seguridad, las siluetas de estos estados clave serán las últimas en colorearse de rojo o azul en el mapa estadounidense que las cadenas de TV comenzarán a proyectar el martes 5 con los resultados comiciales. Quien obtenga el número mágico de 270 votos electorales, será el vencedor.
Votación anticipada y denuncias de fraude
El sistema electoral estadounidense contempla, entre otras peculiaridades, la posibilidad del voto anticipado. Desde hace días o semanas (esto depende de la legislación de cada estado), los centros de votación se encuentran abiertos para que aquellos que decidan sufragar por adelantado, así lo realicen.
También se puede votar por internet o por correo. Al momento de escribir estas líneas, unos 67 millones de norteamericanos habían ejercido su derecho cívico.
Por estas horas, es precisamente el sistema electoral el que ha sido nuevamente puesto en tela de juicio por la campaña de Donald Trump. El magnate denuncia “trampas” y se niega a comprometerse a reconocer el resultado, avivando de esta manera el temor de que rechace una eventual derrota, como hizo en 2020.
Sin pruebas ni mayores precisiones, dijo que están pasando “cosas muy feas” en Pensilvania, uno de los estados clave. En concreto: las autoridades judiciales de un condado de ese distrito anunciaron la apertura de una investigación sobre un lote de 2500 solicitudes de inscripción electoral que contenían información de identidad incorrecta.
Este fue el disparador para que ganaran terreno mensajes que agitan el fantasma del fraude. Incluso en las últimas horas el movimiento “Stop the Steal” (Denegamos el robo) ha resurgido con fuerza, con algunos de los mismos activistas que intentaron anular la derrota del expresidente Donald Trump en 2020 esbozando una guía paso a paso para socavar los resultados si vuelve a fracasar.
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Donald Trump y Kamala Harris enfocan su lucha en los siete estados péndulo.
Durante meses, esos activistas, que han estado azuzando a los partidarios de Trump para que crean que la única forma de que el expresidente pierda en 2024 es mediante fraude, han expuesto propuestas para frustrar una posible victoria de Kamala Harris.
Sus planes incluyen impugnar los resultados ante los tribunales, presionar a los legisladores para que bloqueen la certificación de las elecciones y fomentar las protestas.
Kamala Harris y el aborto
Kamala sabe que para salir ganadora el próximo martes 5 de noviembre, deberá contar con una participación importante de votantes. En EE.UU. no es obligatorio el voto. Y los más renuentes a acudir a las urnas son los más jóvenes.
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En las calles de Nueva York, la publicidad llama a la ciudadanía a "votar con tiempo" en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.
Justamente es con los jóvenes y, en especial en el segmento femenino, en donde Harris busca sumar más voluntades y establecer el contraste con su rival. Y uno de los grandes tópicos sin dudas en la previa a esta elección ha sido la cuestión de los derechos reproductivos de las mujeres y su firme intención de volver a “federalizar” esta cuestión (actualmente, por un fallo de la Justicia, cada estado establece su propia legislación).
Sobre este punto, la candidata demócrata marcó claras distancias con Trump: “Es solo el más reciente de una serie de ejemplos de cómo devalúa la capacidad de las mujeres a tener la elección y la libertad de tomar decisiones sobre su propio cuerpo”