Un informe de Naciones Unidas ratifica lo que ya se sabía en relación a la crisis climática que atraviesa el planeta: el 2019 fue el segundo año más cálido desde que existen registros. Igual que el quinquenio 2015-2019, y de la misma manera que la década 2010/2019, la más caliente desde que hay datos sistematizados del clima a nivel mundial.
Estos datos, que juntos conforman un escenario de alto riesgo climático, se desprenden del informe sobre el “Estado del Clima Global 2019” compilado por la Organización Meteorológica Mundial y difundido la semana pasada, donde se expone blanco sobre negro el estado alarmante de los indicadores climáticos en los diferentes continentes de la Tierra.
La crisis climática impacta de lleno y de muy variadas maneras a la vida en la Tierra. Según el reporte, los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos dejan una huella cada vez más profunda en la economía y la salud humana potenciando la migración y el desplazamiento forzado de poblaciones que no encuentran la misma seguridad alimentaria que antes en sus regiones de origen.
También alteran los ecosistemas terrestres y marinos poniendo en jaque el delicado equilibrio de todo el sistema de la vida en el planeta, que depende de todas sus partes para funcionar correctamente.
Atmósfera caliente
A pesar del Acuerdo de París y de todas las declaraciones y planes para intentar reducir los gases contaminantes, las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera continuaron aumentando durante 2019.
Según el informe las emisiones por quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) subieron un 0,6% respecto al año anterior, cuando crecieron un 2,1 %. Los expertos recordaron que para que la temperatura del planeta se mantenga en un límite manejable de dos grados respeto a niveles preindustriales (o de 1,5 grados, como establece el Acuerdo de París) las emisiones ya no deberían aumentar más. Para conseguir estas metas, por el contrario, es necesario reducir al menos un 7% anual las emisiones globales en la década 20/29.
Tierra frágil
A veces se menciona como contradictorio que el cambio climático pueda generar tanto sequías como inundaciones. Una lectura errónea ya que, lo que ocurre, es que el calentamiento global potencia y multiplica los fenómenos extremos al alterar de manera nunca antes vista la atmósfera terrestre.
Tanto el exceso como la falta de agua se mostraron con fuerza durante el año que pasó: mientras que la precipitación anual promedio en Estados Unidos fue la más alta registrada, en Australia se vivió el año más seco de su historia. Las inundaciones por lluvias severas en el norte de Argentina y en Uruguay significaron pérdidas económicas estimadas en 2.500 millones de dólares.
Por otra parte, la recurrencia de olas de calor y los incendios forestales también se convirtieron en temas centrales durante 2019. La actividad total de incendios en América del Sur fue la más alta desde 2010. A eso se sumaron los enormes incendios de Australia. Un panorama que ratifica que, como nunca antes, el planeta atraviesa una época de zozobras climáticas inéditas.
Impacto en océanos
Los océanos ocupan el 71 por ciento de la superficie terrestre y son los grandes reguladores de la temperatura global. El problema es que también son los principales afectados por las subas de las temperaturas.
Según Naciones Unidas el año 2019 marcó un nuevo récord de calentamiento de los océanos, lo que contribuye con más del 30% del aumento del nivel del mar a través de la expansión térmica del agua.
En 2019 esas enormes masas de agua experimentaron en promedio casi dos meses de temperaturas más cálidas de lo usual, mientras que el 84% experimentó al menos una ola de calor marina. Esto llevó a que el nivel medio del mar alcanzara su valor más alto registrado.
Por otra parte, la creciente absorción de dióxido de carbono en los océanos aumenta su proceso de acidificación, lo que altera la vida marina. Otro efecto es la disminución creciente de oxígeno en los océanos.
Salud y economía, en riesgo
La salud humana se ve principalmente afectada por las condiciones de calor extremo, que, por ejemplo, sólo durante el año pasado batieron récord en Australia, India, Japón y Europa. En Francia se registraron picos de emergencias médicas nunca vista en los meses del verano boreal por enfermedades relacionadas con el calor.
Un comentario aparte merece la actual situación del dengue en Argentina, donde los cambios en las condiciones climáticas registradas en el último medio siglo facilitan que el mosquito Aedes Aegypti, transmisor de esa enfermedad, encuentre un territorio más afín para desarrollarse y reproducirse.
Por otra parte, la variabilidad climática y los eventos climáticos extremos afectan la seguridad alimentaria y potencian los problemas de acceso a alimentos en diferentes regiones del mundo. El año pasado una extrema sequía seguida de intensas lluvias e inundaciones afectaron notablemente la seguridad alimentaria en algunos países del Gran Cuerno de África.
Desplazados a la fuerza
Otro fenómeno notable es el incremento de poblaciones que se ven forzadas a abandonar sus lugares de origen por los efectos del calentamiento global en sus territorios.
El reporte de la Organización Meteorológica Mundial destaca que sólo durante la primera mitad del 2019 se registraron más de 6,7 millones de nuevos desplazamientos internos debido a eventos climáticos extremos como el ciclón Idai en el sudeste de África, el ciclón Fani en el sur de Asia, el huracán Dorian en el Caribe y las inundaciones en Irán, Filipinas y Etiopía.
Inundaciones y tormentas son las que más contribuyeron al desplazamiento durante el año pasado.
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