La prolongada bajante del Paraná, que forma parte de los ciclos naturales del río, desnudó los problemas que la pesquería arrastra en la región desde hace años y que, de manera espasmódica, vuelven a la agenda pública de discusión en épocas de crisis ecológica y económica. La coyuntura, en este caso marcada por el menor volumen estacional de agua del río y el descalabro económico del fin del macrismo, empeora un escenario productivo y ambiental complicado por el escaso control estatal del recurso y la disparidad económica del negocio de la pesca industrial, que compra en pesos al pescador para vender en dólares al exterior.
Según puntualizó Norberto Oldani, biólogo especializado en peces, “habrá una drástica disminución del recurso, un impacto natural pero gigante cuyas consecuencias veremos más adelante” sintetizó, para agregar que el ascenso meteórico del dólar puede convertirse en una variable de presión extra para el pescado que más se exporta, que es el sábado.
“Cuando el dólar está alto sube el interés en su captura, ya que la tonelada de sábalo vale 2.100 dólares. Esto lleva a los pescadores, que son cada vez más pobres, a trabajar más para ganar menos, porque a los dólares los agarra el acopiador. Todo esto genera un enorme problema social”, señaló el ex investigador del Conicet.
Poca agua, muchos problemas
Fabio Baena es un referente regional de la pesca recreativa y durante varios años participó de las reuniones del Consejo Pesquero provincial. Señaló que si bien la bajante tiene una apariencia extrema “no es tan grave” ya que forma parte del ciclo natural del río, aunque esto no quita que la ictiofauna resulte afectada ya que es la época de reproducción anual.
“Los peces se van a reproducir igual que todos los años pero la proporción de sobrevida se reduce con poca agua ya que hay una pérdida de hábitat y menos alimento disponible y tanto los juveniles como los huevos no encuentran condiciones ideales para su supervivencia” señaló, para agregar que tanto la temperatura del agua como la mayor actividad de predadores los vuelve más vulnerables, lo que suma presión extra a las especies ya de por sí más depredadas como el sábalo.
De todos modos, Baena relativizó la creencia popular de que la pesca es la actividad que más lastima al ecosistema del río: “Hay informes a nivel mundial que señalan que los agentes que más agreden a la ictiofauna no necesariamente vienen de la pesca, si no de la contaminación o la extracción de agua”.
“La pesca es una actividad visible y por eso queda en el ojo de la tormenta, pero se trata de un recurso y si está bien regulado no debería haber problema” dijo.
Controles ausentes
El problema es que como ocurre en muchos otros ámbitos, en Argentina las leyes están, pero lo que falta son controles y sanciones para que sean algo más que palabras escritas negro sobre blanco. Así lo consideró Baena: “en la cuenca del Paraná los controles son inexistentes, y como a esta altura esperar eso es casi una utopía hay que apelar a la conciencia y a la educación para que las personas no dañen al recurso” sintetizó.
En opinión de Oldani existe un problema de sobreexplotación que impacta en el recurso ya que “se pesca con mallas ilegales, hay corrupción y las provincias nunca se ponen de acuerdo”.
La exportación de sábalos, en discusión
Un punto recurrente a la hora de hablar de sustentabilidad del recurso pesquero del Paraná es la exportación de pescado de río, sábalo sobre todo.
Para Baena, si se analiza la pesquería desde lo ambiental “tal vez sea más nocivo para las especies el interés por la morena que por el sábalo”, ya que -según expresó- es una especie que puede tolerar cierta presión extractiva porque representa el 50% de la ictiomasa del río (la cantidad de kilos de peces que hay bajo el agua). “Es complejo, la pesquería del sábalo se hace desde un poco más al norte de Santa Fe hasta San Nicolás, un 20% del tramo total del río. No son pocas las localidades que dependen de esto”, agregó.
Oldani, por su parte, consideró que prohibir la exportación puede ser una solución hasta que el sistema de control funcione bien, o al menos mejor: “Si no se puede ordenar la pesquería hay que sacar a los elefantes del bazar, que en este caso son los acopiadores que perjudican al sistema. Si se prohíbe la exportación, se terminó la historia”, resumió el experto.
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