El cambio de estación no significa el fin de las flores. De hecho, el final del verano es uno de los mejores momentos para plantar especies que aprovechan el clima más templado y florecen durante el otoño.
Con temperaturas menos extremas y suelos todavía cálidos, las raíces se desarrollan mejor. Esto permite que las plantas se establezcan con fuerza y comiencen su etapa de floración en pocas semanas.
Por qué conviene plantar antes de que empiece el otoño
Cuando el calor intenso empieza a bajar, las plantas sufren menos estrés hídrico y pueden concentrar energía en desarrollar raíces y brotes nuevos.
Además, las lluvias otoñales —cuando se presentan— favorecen el crecimiento sin necesidad de riegos constantes. Plantar en este momento mejora la adaptación y reduce el riesgo de marchitamiento.