La respuesta se halla en el compost. Esta técnica permite transformar los desechos de cocina en un sustrato rico en nutrientes. A continuación, veremos en qué consiste este proceso y los tipos de compostaje que existen para que tu planta favorita crezca siempre sana y fuerte.
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El compostaje o cómo aprovechar los restos de comida
Aunque se intente no desperdiciar comida y cocinar siempre lo justo para cada momento, es inevitable que haya restos de alimentos. Es el caso de la piel de papa o la cáscara de mandarina, por poner dos ejemplos sencillos, pero hay cientos. Parece lógico pensar que cualquier producto biodegradable va a descomponerse por arte de magia en la basura o en el basural, pero lo cierto es que no es así.
Los basurales se caracterizan por tener montañas de basura y su concentración es tal que la generación de gases originados por la putrefacción de los alimentos no deja circular el aire por ellos, dificultando su descomposición. Está claro que la mejor gestión de los residuos orgánicos pasa por el compostaje.
El compostaje es una técnica mediante la cual los residuos orgánicos se transforman en una especie de pasta (llamada composta o compost) rica en nutrientes. Ésta es muy similar a la tierra, tanto en color como en olor, y puede utilizarse como abono en la jardinería y en la agricultura. Este proceso de descomposición requiere que los residuos orgánicos se expongan al aire y al agua.
Tipos de compostaje que son ideales para tus plantas
La ventaja del compostaje es que no hay gases ni químicos involucrados en esta práctica y, por ende, no hay contaminación medioambiental. Con este proceso se cierra el círculo: la materia orgánica vuelve a su origen, la tierra. En este punto, surge otra cuestión: ¿qué tipos de compostaje hay?
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No se trata de reciclar más, se trata de reducir los residuos a su mínima expresión.
Compostaje casero
Para hacer compostaje en tu propia casa, lo primero que necesitas es saber qué residuos orgánicos son aptos para esta fórmula. Son candidatos las frutas y verduras, los restos de café, las cáscaras de huevo, las ramas y trozos de madera, el papel o las hojas muertas. Para el compostaje casero no es recomendable echar mano de desperdicios de carne, pescado o productos lácteos.
Una vez que tenés identificados los residuos, el segundo paso es conseguir un recipiente cuyo tamaño dependerá del volumen de los mismos. Recordá que unas condiciones óptimas de ventilación y humedad agilizarán el proceso de descomposición. De ahí que sea conveniente verter agua sobre los residuos y removerlos periódicamente. El compost resultante (que podría tardar de 2 meses a 2 años dependiendo del tipo de residuos usados) será muy útil para las macetas de interior o para la jardinería.
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Compostaje con lombrices
Un segundo tipo de compostaje es el conocido como lombricomposta. Se trata de un proceso muy parecido al anterior pero a la ecuación se añaden lombrices. En cuanto a las ventajas de esta fórmula, se trata de que la presencia de estos seres contribuye a la retención del agua y aporta una mayor cantidad de nutrientes a la composta. Como en el caso anterior, solo se recomienda emplear esta técnica con desperdicios de frutas y verduras.
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La ventaja del compostaje es que no hay gases ni químicos involucrados en esta práctica y, por ende, no hay contaminación medioambiental.
Compostaje externo
En tercer lugar, existe este tipo de compostaje que implica la acción de un tercero. No en vano en algunas ciudades es posible encontrar un proveedor de estos servicios que se encargue de recoger estos desechos del mismo modo que se hace con el reciclaje o basura convencional. Esta alternativa es ideal para quienes deseen aportar su granito de arena pero no sepan o no quieran hacer compostaje ellos mismos en casa.
La gran ventaja del compostaje externo es que admite todo tipo de residuos: aparte de frutas y verduras, en esta fórmula sí se incluirían los restos de carne, pescado y lácteos. Como inconveniente, puede resultar complicado encontrar un servicio cercano o, de hallarlo, suponga un coste.