Los expertos en psicología coinciden: "La razón por la que odias abrazar tiene que ver con tu oxitocina"

Los especialistas explican que la aversión al contacto físico puede estar relacionada con la crianza y la regulación hormonal.

La razón por la que odias abrazar tiene que ver con tu oxitocina.

La razón por la que odias abrazar tiene que ver con tu oxitocina.

No todos disfrutan de un abrazo. Mientras que para algunos es un gesto que reconforta y genera cercanía, para otros puede resultar incómodo o incluso desagradable. La psicología encontró varias razones detrás de esta diferencia, y la respuesta suele estar en la combinación de experiencias tempranas y factores biológicos.

Según los expertos, la tendencia a buscar o evitar el contacto físico se forma en la primera infancia. Si una persona creció en un entorno donde los abrazos y las muestras de afecto físico eran poco frecuentes, es probable que de adulta no se sienta cómoda con ese tipo de contacto. De hecho, estudios indican que quienes fueron criados por padres que se abrazaban con frecuencia tienden a repetir ese comportamiento en la adultez. Sin embargo, también existen casos opuestos: algunos niños que crecieron con poco contacto físico pueden volverse especialmente afectuosos en su vida social.

El rol de la oxitocina y el desarrollo emocional

La oxitocina, conocida como la "hormona del vínculo", cumple un papel central en la forma en que las personas experimentan los abrazos. La falta de contacto físico en la infancia puede afectar el desarrollo del sistema que segrega y regula esta hormona, lo que dificulta la capacidad de formar lazos y captar señales sociales.

Investigaciones de la psicóloga Darcia Narvaez señalan que la ausencia de contacto físico puede provocar un desarrollo insuficiente del nervio vago, lo que a su vez reduce la capacidad de ser compasivo. Además, un sistema de oxitocina poco desarrollado puede hacer que los abrazos se sientan incómodos o poco naturales, como si el cuerpo estuviera "programado" para rechazar ese tipo de gestos.

Autoestima, ansiedad social y el significado del abrazo

No solo la biología y la crianza influyen en la relación con los abrazos. Los especialistas advierten que la autoestima y la ansiedad social también juegan un papel importante. Las personas con mayor autoconfianza suelen mostrarse más abiertas al contacto físico, mientras que quienes experimentan ansiedad social pueden evitar las muestras de afecto, incluso con amigos cercanos. No se trata de falta de cariño, sino de una barrera emocional que dificulta el acercamiento.

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En definitiva, lo que para algunos es un momento de intimidad y conexión, para otros puede ser una situación incómoda o abrumadora. La relación con los abrazos es personal y está marcada por la historia de cada uno, la química del cuerpo y el entorno en el que se creció.

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