La lechuga es una de las verduras más usadas en ensaladas, wraps y platos livianos. Sin embargo, si no se conserva de manera correcta, pierde firmeza rápidamente y termina en la basura.
Para mantener su textura fresca y su color verde por más tiempo, conviene conocer qué factores aceleran su deterioro y cómo almacenarla de forma adecuada en la heladera.
Por qué la lechuga se arruina tan rápido
La lechuga tiene un alto contenido de agua, lo que la vuelve muy sensible a la humedad mal controlada, al calor y a la falta de ventilación. Estos factores hacen que las hojas se ablanden, se manchen o desarrollen moho en poco tiempo.
Además, el contacto directo con el aire sin protección o el exceso de agua entre las hojas acelera su descomposición y afecta su sabor y textura.
Elegí lechugas firmes y bien verdes al momento de comprarlas. Separar las hojas antes de guardarlas facilita el secado y evita manipular toda la planta cada vez que la usás.
Revisá la lechuga cada dos días y retirá cualquier hoja en mal estado para que no afecte al resto. Con estos cuidados simples, podés disfrutar ensaladas frescas por más tiempo y reducir el desperdicio de alimentos.