Solo necesitás una esponja, un cúter y agua jabonosa
El método consiste en usar una esponja común —de las de cocina, con lado verde y amarillo— y adaptarla al tamaño de las ranuras. Primero se apoya la esponja sobre los rieles y se marcan con un fibrón los canales por donde se deslizan las ventanas. Luego, con un cúter o cuchillo se hacen cortes en esas marcas, generando ranuras que encajen justo en el marco.
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Una vez lista la esponja, se humedece con agua jabonosa o con una mezcla de vinagre y bicarbonato, ideal para desinfectar y arrastrar la suciedad sin dañar el aluminio ni la pintura. Solo basta con deslizarla por los rieles para que la mugre salga casi por completo en una sola pasada.
¿Y para la suciedad más difícil?
Si quedan restos en las esquinas, se puede usar un cepillo de dientes viejo o un hisopo para llegar a los rincones más rebeldes. También es útil pasar primero una aspiradora de mano o soplar con un secador para levantar el polvo más suelto antes de aplicar el truco de la esponja.
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El toque final
Para terminar, se recomienda secar bien los rieles con un paño o papel absorbente. En ventanas corredizas, podés aplicar un poco de silicona líquida en spray para que las hojas se deslicen con más suavidad y no se trabe el mecanismo.
Un truco fácil y que funciona
Este método se volvió viral por su efectividad y porque permite resolver en minutos una limpieza que suele postergarse. Es ideal para ventanas, puertas balcón, mamparas de baño o incluso corredizas de placares. Sin productos caros ni herramientas especiales: solo ingenio y una esponja bien cortada.