Bajo presión, las niñas señalaron a sus "verdugos": una esclava llamada Tituba, una mendiga y una anciana solitaria. Fue el inicio de una reacción en cadena que nadie pudo detener.
El juicio: "Evidencia espectral" y confesiones bajo tortura
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La truculencia de Salem radica en su sistema judicial. Se aceptaba la "evidencia espectral", donde las víctimas afirmaban ver el espíritu o el "doble" de la bruja atacándolas, algo que nadie más podía ver.
El pánico se extendió tanto que los vecinos empezaron a denunciarse entre sí por viejos rencores. Quien no confesaba ser brujo, era colgado; pero quien confesaba y señalaba a otros, salvaba su vida. Esta lógica perversa llevó a que la cárcel del pueblo se llenara de inocentes, incluyendo a niños y ancianos.
brujas de salem
20 víctimas fueron ejecutadas en 1692. Hoy son recordadas como víctimas del oscurantismo y odio colectivo.
El final más cruel: Giles Corey
Uno de los momentos más brutales fue el destino de Giles Corey, un granjero de 81 años. Al negarse a declarar (para evitar que el Estado confiscara sus tierras y sus hijos perdieran la herencia), fue sometido a la tortura de "fuerte y dura presión".
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Lo colocaron debajo de una tabla y fueron agregando piedras pesadas sobre su pecho durante dos días. Sus últimas palabras, según la leyenda, fueron simplemente: "Pongan más peso". Murió aplastado sin haber confesado jamás.
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