La recomendación general es dejar que el café baje a unos 65°C o menos antes de beberlo. A esa temperatura, el sabor se percibe mejor y se evita el daño en los tejidos de la boca y la garganta. De hecho, muchos baristas coinciden en que un café demasiado caliente no permite disfrutar de sus notas aromáticas, porque el calor extremo destruye parte de sus compuestos más delicados.
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Las consecuencias de tomarse una café a la mañana.
El peligro no es solo una cuestión de incomodidad. Estudios internacionales encontraron que el consumo habitual de bebidas a temperaturas muy elevadas está vinculado con un aumento en la probabilidad de desarrollar problemas esofágicos. En Argentina, donde el mate también se toma caliente, los expertos advierten que conviene ser cuidadosos y moderar la temperatura de todas las infusiones.
Un truco simple para evitar quemaduras es esperar al menos un minuto después de servir el café, revolverlo y probar con pequeños sorbos. Si todavía resulta difícil mantenerlo en la boca sin incomodidad, significa que sigue demasiado caliente. La paciencia, en este caso, no solo cuida la salud sino que también permite disfrutar más del sabor y el aroma de la bebida.
En definitiva, tomar café a la temperatura adecuada es una cuestión de salud y placer. Esperar unos instantes puede marcar la diferencia entre una experiencia deliciosa y un hábito riesgoso.