El potus es una planta clásica de las casas argentinas. Su fama de resistente lo convirtió en la ideal para quienes no tienen mucha experiencia, pero cuando suben las temperaturas, hasta el más resistente puede sufrir.
En verano, muchos notan que las hojas del potus se ven caídas, pierden color o se secan en las puntas. El problema es que casi siempre está en la ubicación y las condiciones del ambiente, más que en la planta en sí.
Dónde poner el potus para que no sufra el calor
El potus ama la luz, pero no el sol directo. Si lo ponés pegado a una ventana donde pega el sol de lleno, sobre todo a la tarde, las hojas pueden quemarse y ponerse marrones.
El potus es la planta más común en las casas de la Argentina.
Lo ideal es buscarle un lugar con luz brillante e indirecta: cerca de una ventana orientada al este o al norte, donde reciba claridad pero sin que los rayos le den de lleno. Si solo tenés ventanas muy soleadas, podés filtrar la luz con una cortina fina.
Evitá ubicarlo:
Frente a ventanas con sol fuerte de tarde
Cerca de ventiladores o aires acondicionados
Al lado de calefactores o salidas de calor
Los cambios bruscos de temperatura y las corrientes de aire (frío o caliente) estresan a la planta y pueden hacer que las hojas se marchiten.
Temperatura y humedad: el combo clave
El potus se banca bastante, pero en verano prefiere ambientes entre 18 °C y 29 °C. Si el lugar es muy caluroso o hay corrientes frías, las hojas lo sienten.
Para que no se deshidrate, sumá un poco de humedad al ambiente. Un truco fácil: poné una bandeja con agua y piedras cerca de la planta, o agrupá varias plantas juntas. Así, el aire se mantiene más húmedo y el potus lo agradece.
Sí, pero con cuidado. Si querés sacar el potus al exterior, buscá un lugar con sombra parcial o luz filtrada: bajo un balcón, una tela de sombreo o donde solo reciba sol suave de mañana. El sol fuerte de la tarde puede quemar las hojas en pocas horas.