El mastuerzo, la verdolaga y otras especies poco conocidas pueden cultivarse en casa y aportar sabores diferentes a la cocina cotidiana.

Cinco plantas comestibles poco conocidas que pueden crecer en tu jardín

Desde el mastuerzo hasta el tupinambo, existen plantas comestibles que alguna vez fueron habituales en huertas y cocinas. Hoy, estas especies poco conocidas vuelven a ganar protagonismo por su valor nutricional, su fácil cultivo y sus sabores particulares.

Mientras las verduras más comunes ocupan las góndolas de supermercados y verdulerías, existen numerosas plantas comestibles que quedaron relegadas con el paso del tiempo. Algunas crecen como malezas, otras fueron habituales en las huertas de nuestros antepasados y varias todavía se utilizan en distintas cocinas del mundo.

Entre ellas se encuentra el mastuerzo, una planta de sabor picante que cada vez despierta más curiosidad entre quienes buscan alimentos diferentes, fáciles de cultivar y con valor nutricional. Pero no es la única.

Cinco plantas poco conocidas que pueden incorporarse a la alimentación.

Mastuerzo: pequeño, picante y nutritivo

El mastuerzo (Lepidium sativum) pertenece a la misma familia que la mostaza y el repollo. Sus brotes y hojas tienen un sabor intenso y ligeramente picante, similar al del berro. Se caracteriza por su rápido crecimiento, ya que puede cosecharse apenas unas semanas después de la siembra. Se utiliza principalmente en ensaladas, sándwiches y como complemento de otros platos frescos.

Verdolaga: la maleza que también se come

La verdolaga (Portulaca oleracea) suele aparecer de forma espontánea en jardines y veredas, por lo que muchas personas la eliminan sin saber que es comestible. Sus hojas carnosas poseen un sabor suave con un toque ácido y pueden consumirse crudas o cocidas. Además, es apreciada por su aporte de vitaminas y minerales.

Aunque algunas son consideradas malezas o cultivos olvidados, estas plantas comestibles forman parte de antiguas tradiciones alimentarias y vuelven a despertar interés.

Aunque algunas son consideradas malezas o cultivos olvidados, estas plantas comestibles forman parte de antiguas tradiciones alimentarias y vuelven a despertar interés.

Salsifí: una raíz olvidada

Antes de la popularización de la papa, el salsifí (Tragopogon porrifolius) era una hortaliza muy valorada en Europa. Lo que se consume es su raíz, que presenta una textura tierna y un sabor particular que muchos comparan con el de las ostras o el alcaucil. Puede prepararse hervida, al horno o en puré.

Buen Enrique: la espinaca silvestre

Conocido científicamente como Blitum bonus-henricus, el Buen Enrique fue durante siglos una verdura habitual en las huertas familiares. Sus hojas pueden cocinarse de manera similar a las espinacas o acelgas y se destacan por su versatilidad en sopas, tartas y rellenos.

Tupinambo: el pariente del girasol

El tupinambo (Helianthus tuberosus) es una planta emparentada con el girasol que desarrolla tubérculos subterráneos comestibles. Su sabor recuerda a una mezcla de papa, nuez y alcaucil. Aunque es muy apreciado en la gastronomía de algunos países, sigue siendo una rareza para gran parte de los consumidores.

Una alternativa para quienes buscan nuevos sabores

Estas plantas demuestran que el mundo de los alimentos va mucho más allá de las verduras tradicionales. Algunas pueden cultivarse fácilmente en casa, mientras que otras forman parte de antiguas tradiciones agrícolas que hoy comienzan a recuperarse.

Ya sea por curiosidad, por interés en la huerta o por el deseo de probar sabores diferentes, estas especies ofrecen una oportunidad para redescubrir ingredientes que alguna vez fueron parte de la alimentación cotidiana.